
| Publicado: Lunes, 29 de septiembre de 2008 a las 06:00 |
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El costo de no crecer suficiente y sostenidamente es enorme.
México acumula graves rezagos. En desarrollo humano ocupa el lugar 52 entre 177 países, de acuerdo con el Banco Mundial, y en competitividad, según el Foro Económico Mundial, ha pasado del lugar 32 al 52 en 10 años.
En las últimas evaluaciones de la OCDE para determinar los niveles de educación en varios países, México se situó en el lugar 49 de 57. De ahí la incapacidad para ofrecer a todos los pobladores condiciones y atractivos de vida que hubiesen evitado –o al menos moderado– la enorme pérdida que implica la emigración registrada en los últimos años.
Si México hubiera crecido como China en los últimos 30 años, hoy su economía sería seis veces mayor de lo que es. En 1980 la economía china era 1.5 veces mayor que la mexicana, ahora es casi 10 veces más. La participación de China en el PIB mundial ha pasado de 3% a más de 16%, mientras la participación de México (alrededor de 2%) declina lentamente.
Las reservas internacionales de China son las mayores en el mundo. En el primer trimestre de 2008 crecieron 154,000 millones de dólares (MDD), casi el doble del total de las de México (85,000 MDD). Estas cifras reflejan la competitividad de la gran economía del otro lado del Pacífico, que crece e invade todos los mercados.
Más aún, nuestra balanza comercial es crecientemente negativa, a pesar de que hemos sido grandes exportadores de petróleo.
Los scenarios posibles
Frente a este panorama, ¿cómo se verá México hacia mediados de este siglo? Un sencillo ejercicio sería suponer que todos los países crecieran como lo han hecho a lo largo de los últimos 10 años, a la misma tasa promedio. Para México podríamos suponer tres escenarios.
1) Inercia y rezago
En el primero, no haríamos nada para acelerar el cambio, para mejorar nuestra productividad e innovación tecnológica, elevar la calidad y el acceso a la educación, construir la infraestructura requerida para una economía dinámica. Todo seguiría como hasta ahora. ¿Los resultados? México se quedaría rezagado frente a otras naciones.
La contribución de los países emergentes y en desarrollo va en aumento, mientras que las naciones avanzadas muestran una declinación continua en la proporción que aportan al producto mundial.
Sin embargo, y pese a encontrarse entre los países emergentes, la participación de México también se reduce. Según cálculos del Fondo Monetario Internacional, mientras que hace 10 años México aportaba 2.2% del PIB mundial, para 2013 la proporción caerá a 1.9%.
2) Dinamismo insuficiente
En un segundo escenario, México podría aspirar a crecer como lo hizo entre 1940 y 1980, a una tasa promedio anual superior a 6%. Si en aquel entonces fuimos capaces de hacerlo con estabilidad, no parece haber motivo alguno que impidiera una nueva expansión similar.
En este segundo escenario se impulsarían las políticas gubernamentales para acelerar el crecimiento, procurando mantener también la estabilidad macroeconómica.
Lo sorprendente es que aun en este caso perderíamos terreno frente a algunas naciones en desarrollo. Hay que recordar que los demás han dado un salto en su ritmo de expansión.
En los últimos 10 años, los asiáticos han crecido a una tasa promedio de 7.6%, liderados por China e India. La Comunidad de Estados Independientes, a un ritmo de 6.2%, y la expansión se está acelerando. Incluso África ya está creciendo a tasas por encima de 6%.

3) Salto cuántico
Una tercera posibilidad sería que México también diera un gran salto. Para ello requeriríamos una tasa de expansión no menor a 7% ¿Cómo lograrla?
Lo primero sería establecer y aceptar una agenda común para los gobiernos federal y estatales. Luego, reducir el aparato burocrático y la sobrerregulación interna, sobre todo en el gobierno federal.
Además, simplificar los trámites y los obstáculos que los tres niveles de gobierno imponen a las pequeñas, medianas e, incluso, a las grandes empresas nacionales, y convertir a los gobiernos de todos los niveles –y muy especialmente al federal– en verdaderos motores del desarrollo.
Urge impulsar nuestro crecimiento económico –sostenido y sustentable– como lo están haciendo otros países; asumir el reto de la nueva sociedad del conocimiento; simplificar y agilizar trámites para los negocios; establecer nuevas políticas que estimulen la competitividad para la industria, la agricultura y otras ramas de la producción, e impulsar con mayores recursos y eficacia la infraestructura.
Y, desde luego, dar un gran salto innovador y renovador en materia educativa.
México cuenta con la riqueza natural y humana suficiente para que todos y cada uno de los 106 millones de mexicanos puedan tener mejores niveles de vida. ¿Seremos capaces de realizar nuestro potencial?
(1) FMI (actualizado a abril de 2008). Ya en 2007 el PIB de México fue el de menor crecimiento en AL (3.2%); excepto por Bahamas 3.1%, Belice 2.2%, Ecuador 1.9% y Jamaica 1.3%.
El autor es presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Ha sido secretario de Comercio, de Educación Pública, de Relaciones Exteriores y senador. Es fundador y director de Solana Consultores
