Publicado: Lunes, 29 de septiembre de 2008 a las 06:00 enviar Enviar imprimir Imprimir compartir Compartir crecer disminuir Texto

Esther Orozco: una ciencia sin barreras

La directora del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF vaticina una ciencia más humana y soc si este viraje no se realiza pronto, la ganadora de la medalla Louis Pasteur predice una debacl

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En 1997, grandes fotografías de la vida y obra de Esther Orozco fueron instaladas en el Aeropuerto Charles de Gaulle y en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en París, Francia. Eran parte del homenaje a su trayectoria que, junto con la Medalla Louis Pasteur, le rendía ese organismo de la ONU a esta mujer originaria de Chihuahua.

Por su papel como investigadora titular del Howard Hughes Medical Institute y profesora visitante de la Universidad de Harvard, del Instituto Weismann de Israel y del Instituto de Cáncer de Amsterdam (Holanda) ella obtuvo en 2006 el premio ‘Women in Science’ de L’Oréal-UNESCO.

En México fue creadora de los programas multidisciplinarios de biomedicina molecular en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional y en 1998 fue candidata al gobierno del estado de Chihuahua por el PRD.

Conoce de cerca los avances que el desarrollo de la investigación científica generaron en Corea del Sur, Irlanda e India, y ahora es la directora general del Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal. Por ello, Esther Orozco advierte que México va hacia el suicidio si no invierte en educación, ciencia y tecnología.

¿Qué podremos esperar en México sobre los beneficios del desarrollo de la ciencia?

No me imagino a la humanidad caminando por el mismo sendero que tomó desde los 70. Hará un alto en el camino y tendrá que reordenar la escala de valores. Con toda la teoría económica predominante actual se exacerbó el individualismo de una manera muy peligrosa y perdimos la capacidad de mirar por los otros.

Regresaremos a construir y fortalecer los valores de la familia, de la solidaridad, de apoyo a los más débiles. Para llegar a eso, la ciencia y la tecnología deben ayudar a que la brecha socioeconómica se acorte. El avance científico en los campos de la tecnología, la medicina y el medio ambiente debe contribuir a mejorar la calidad de vida de la gente y deberá ser accesible para todos.

¿Y si eso no pasa?

La brecha se ahondará mucho más. Los países que están haciendo ciencia van a ser los dueños del conocimiento. Sólo los que tengan el dinero para adquirir las aplicaciones del nuevo conocimiento podrán estar a la vanguardia. La ignorancia y la pobreza se expandirán y pocos serán los dueños del conocimiento.

Pero veo signos de cambio. La democracia y el éxito económico no pueden florecer en la ignorancia. Cuando dejamos a gran parte de la sociedad sumida en eso, la que está en mejores condiciones no se libra de ser abatida por los mismos peligros. El caos les va a llegar. No corregir el rumbo nos condenará a consolidar nuestra condición de nación subordinada, será nuestro suicidio.

Se oyen voces sobre la necesidad del cambio en la educación, en lo económico, en lo social y en lo científico, pero aún faltan líderes que nos ayuden a recuperar la conciencia social que hemos perdido.

¿Realmente ve esos signos?, ¿los ve en nuestro país?

Hay un ambiente desalentador, sobre todo por la polarización económica, la violencia en las calles y el desempleo. Pero toda esta situación está tocando fondo, no se puede mantener así.

O cambiamos las cosas y las reglas del juego o sufriremos una debacle. De esta forma, el número de víctimas crecerá por la violencia organizada y los grupos desprotegidos que no tendrán más que la violencia para ser tomados en cuenta.

¿Y si México sigue sin invertir lo suficiente en ciencia y tecnología?

No se necesita ser adivino para saberlo. Sin invertir en ello ni mejorar la educación vamos hacia lo que la gran mayoría del continente africano vive: mayor miseria, devastación de sus recursos naturales y enfermos gravemente enfermos.

Pero quiero ser optimista y apostar a que podemos corregir el rumbo. Quiero buscar los signos de cambio hasta debajo de las piedras.

¿Ha encontrado algo que augure ese cambio para México?

Desde mi posición en el Instituto de Ciencia y Tecnología veo el interés de varios grupos por cambiar la situación. Constantemente se acerca gente que busca oportunidades para desarrollar algo.

Hemos tenido que cerrar diversas convocatorias antes de tiempo porque quedamos rebasados por la respuesta. Tal vez no sea un gran signo, pero percibo que algo viene. Aún falta resolver el rezago educativo del país. Por décadas se han empeñado en formar generaciones futuras de puros técnicos. Sin embargo, aún faltan las herramientas para que desarrollen conocimiento científico con el que analicen lo que está sucediendo, también en las humanidades y la economía. Las sociedades no pueden perdurar si los miembros que la forman no se sienten parte de ella y con un gran compromiso social.

Tal como lo está haciendo el Instituto Nacional de Medicina Genómica, ¿Habrá que repatriar al talento mexicano que está fuera del país?

Desconozco el número de científicos que ha logrado traer el Inmegen pero, en general, en los institutos de investigación científica del país están cerradas las plazas y ni siquiera hay manera de incorporar a las nuevas generaciones.

Las posibilidades son mínimas y la comunidad científica está envejeciendo. Actualmente, la mayoría de los científicos mexicanos tenemos más de 50 años y así seguirá dentro de dos o tres generaciones.

¿A qué obedece esta situación?

Por un lado, al egoísmo del ser humano, y por otro lado, y el fundamental, al factor económico. Por ejemplo, mantenerse como investigador del Cinvestav te garantiza un salario mensual de 40,000 ó 60,000 pesos y aceptar la jubilación te condena a una pensión de 14,000 pesos. No hay incentivos para salirnos y dejar el espacio a las futuras generaciones.

¿Entonces, la fuga de cerebros será la única alternativa que tendrán las futuras generaciones de científicos?

Ni creo que exportemos tanto talento, más bien, mano de obra para los campos agrícolas, los restaurantes y las fábricas de Estados Unidos.

No exportamos cerebros porque no se producen los suficientes, apenas 2,000 doctores al año, contra los 10,000 de Brasil. Un cerebro es como cualquier materia prima, hay que invertir en su formación y en su crecimiento para que funcione y genere dividendos y divisas para el país, pero eso no lo han entendido ni la sociedad ni las autoridades. Y eso es lo que debemos cambiar.


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