Columna invitada

México puede tener su Silicon Valley

El reto es que el talento en el extranjero vuelva al país con ideas innovadoras, dice César Salazar.

Por: César Salazar* |
Domingo, 26 de mayo de 2013 a las 06:00
Primero, aprender a aprender
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Cuando la gente me dice que en México no hay emprendedores, siempre les contesto que no hay emprendedores sofisticados, pero que el país está plagado de emprendedores.

El mexicano es una persona creativa, aprovecha su desapego a las reglas y hace las cosas sin preguntar, simplemente se plantea que así tiene que ser. Probablemente existe poca sofisticación en los emprendedores que no están aprendiendo algo nuevo y que, por tal razón, repiten el mismo esquema todos los días.

Ésta es la razón por la que no avanzan: todavía no descubren que pueden 'aprender a aprender' y que no deben tener miedo a innovar e intentar cosas grandes. Pocas personas en México pueden hablar seriamente de transformar una industria. Incluso entre la élite de los emprendedores, son pocos los que se plantean, por ejemplo, la posibilidad de terminar con un monopolio.

Sin embargo, plantearse la posibilidad de terminar con un monopolio podría ser tan interesante e innovador como para dedicar a eso toda nuestra vida.

Me gustaría que existiera más gente que se sintiera 'con el derecho a', que se atreviera a decir: "Yo saldré a hacer eso porque creo que está mal y lo voy a hacer porque es difícil".

Pensemos en Silicon Valley como un centro espiritual, físico e ideológico. Es un lugar donde al menos tienes que ir una vez en la vida y si lo frecuenta, puedes inspirarte con el tremendo poder que ahí se gesta. Silicon Valley es un importante imán de innovación para el mundo. Estando ahí puedes establecer contacto con las ideas más ambiciosas y lo más sorprendente es que todo suena lógico.

Ahora piensa en una compañía que tiene como modelo de negocio llevar gente a Marte y que frente a ti tiene una discusión al respecto de esa idea.

En ese instante, tu 'pequeña' idea de lanzar un software por el que la gente paga ya no parece tan ambiciosa. Se vuelve real y entonces te empuja hacia delante, justamente porque todo te empieza a sonar lógico.

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