| Cynthia Grossman: ejecutiva misteriosa | 3 - 5 |

Cynthia Grossman es la heredera de un imperio que genera ventas anuales por más de 12,200 millones de pesos (mdp) y que es una de las 10 embotelladoras más grandes de Coca-Cola en el mundo. Su red de embotelladoras abarca 14.5% del territorio mexicano y emplea a más de 13,800 personas.
Pero Grossman se mantiene lejos de los reflectores. Esta mujer rubia, de ojos color aceituna, estatura mediana y una gran sonrisa, no concede entrevistas; su rostro no figura en los medios. La reserva de esta mujer de 52 años es comparable con la de Charles Butt, presidente de la cadena de supermercados HEB, en Texas, quien también vive con total discreción. “Es por cuestiones de seguridad”, asegura Juan Hawach, director de Relaciones con Inversionistas de Grupo Continental.
Su silencio va más allá de rechazar entrevistas. Su entorno entero cierra filas. Ninguno de los siete consejeros independientes contactados por Expansión aceptó hablar sobre ella ni la empresa. Tampoco quisieron hablar los ejecutivos de Coca-Cola Martín Machinandiarena, Xiemar Zarazúa y Shay Drohan, quienes tuvieron asiento en el consejo de la compañía. “Nos sumamos a la decisión de Grupo Continental de no revelar detalles sobre la empresa”, explicó Luis Fuentes, gerente de Comunicación de Coca-Cola de México. La misma respuesta dio José Martínez Alonso, presidente de la Asociación de Embotelladores de Coca-Cola.
En el corporativo, en Tampico, los directivos afirman que Cynthia Grossman vive en San Antonio. Pero en Fidelitas, una compañía de esa ciudad texana que funciona como oficina para los Grossman, aseguran que vive en México.
A pesar de tener negocios y de haber sido propietaria del Banco Intercontinental en San Antonio, no pertenece a ninguna cúpula empresarial de Texas.
Hay pocos datos de su vida. De 1972 a 1976 estudió Administración de Negocios en la Southern Methodist University de Dallas. A su regreso a México, entró a los negocios de su padre y se casó con el tampiqueño Jorge Sánchez, en 1977, por quien decidió convertirse del judaísmo al catolicismo. El matrimonio tuvo dos hijos: Stacey, de 26 años, y Christopher, de 24, quienes alternan como consejeros suplentes de su madre en la empresa.
Grossman trabajó en los negocios familiares desde que terminó la carrera, en 1977, y fue consejera de la empresa desde 1984. Su ex marido la recuerda como la consentida de su padre. “Hasta físicamente eran muy parecidos”, dice. Su hermano mayor, Bruce, es el vicepresidente del consejo.
“Llevábamos una vida muy discreta pero teníamos muchos amigos”, recuerda Sánchez, quien es médico internista y tiene un consultorio en la Ciudad de México. Divorciados desde hace 20 años, él es una de las pocas personas que hablan sobre Grossman. Muy a contrapelo de su celo por la privacidad, él la describe como “una típica Leo: muy sociable, popular, amiguera, muy competente, protagonista y siempre busca ser el centro de atención”.
Así fue también su padre, Burton Grossman, cabeza de Grupo Contal hasta 1999, cuando falleció. Este publicista estadounidense llegó a Tampico en 1949, y fue muy conocido en Texas por sus acciones de filantropía. Él entró al mundo refresquero de la mano de su suegro, Herman Fleishman, fundador de la primera embotelladora de Coca-Cola en México. “(Burton) hizo que su suegro se hiciera ultramillonario gracias a sus inversiones en los anuncios de publicidad”, recuerda Maurice Grossman, su hermano menor, un médico de 80 años que vive en Corpus Christi, Texas.
En 1964, cuando Cynthia era niña, las familias Fleishman y Grossman dividieron el negocio. Los Fleishman conservaron Grupo Tampico, que integra a siete embotelladoras en Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz. Burton Grossman fundó Grupo Continental con siete plantas en Aguascalientes, Coahuila, Colima, Durango, Jalisco, San Luis Potosí y Zacatecas, y conservó el corporativo en Tampico.
Al frente de un gigante
En la industria embotelladora de México, Continental pasa casi inadvertida para la comunidad inversionista de la BMV. Su acción tiene tan poca bursatilidad que las mayores casas de bolsa no tienen analistas que sigan sus movimientos.
Como el resto de su sector, es una empresa que maneja alto flujo de efectivo pero que tiene poco espacio donde utilizar los recursos como nuevas inversiones o expansiones de mercado. La industria refresquera es tan madura en México que es difícil aumentar el consumo de la población y no está permitido invadir los territorios de la competencia.
Sin embargo, empresas como FEMSA y ARCA han hallado el camino para crecer, al comprar embotelladoras de Centro y Sudamérica. Grupo Tampico diversificó sus negocios al sector automotriz, fabricación de plásticos, en hotelería y hasta una empresa de seguridad y otra de taxis.
Continental, en cambio, se mantiene en el sector sin diversificarse ni adquirir otras compañías. “Es una empresa más conservadora que el resto de las de su sector. Se limita a buscar eficiencias de costos y crecer con productos complementarios de Coca-Cola (como jugos y agua embotellada)”, opina Alberto de los Santos, director de Financiamiento Corporativo de la calificadora Fitch Ratings, que en febrero de 2008 le asignó la máxima calificación (AAA) por su bajo nivel de deuda y alta generación de efectivo.
Hasta septiembre de 2007, la empresa tenía 2,086 mdp en efectivo y libres de deuda. Sus ganancias antes de impuestos e intereses fueron de 20.3% sobre las ventas. La compañía, como todas las del sector, tiene un bajo nivel de endeudamiento y de riesgo, por lo que su alto flujo de capital lo utiliza para repartir dividendos entre los accionistas en lugar de invertir en proyectos de crecimiento.
En los tiempos de Burton Grossman, la compañía creció vía compra y construcciones de nuevas embotelladoras. Cynthia Grossman se ha a concentrado en reducir costos y aumentar rentabilidad.
Lo que no cambió en Grupo Continental fue el trato a los empleados. “Ella se involucra más de lo necesario. (…) Yo no he conocido a alguien que esté al frente de un corporativo tan grande, que sea tan gentil, tan humilde en todas sus expresiones y tan detallista con cada persona que la rodea”, dice Andrés Ibarra, director de un programa que crearon los Grossman en el San Antonio Wellness Institute, para atender la salud de 200 ejecutivos. “La filosofía de la empresa es que tener a un ejecutivo sano significa tenerlo al 100% de su desempeño,” agrega.
Como respaldo a su experiencia, en 2004 Coca-Cola amplió por 10 años más el contrato de franquicia con Cynthia Grossman. Ésa fue la última vez que su nombre apareció en las noticias aunque ella guardó su acostumbrado silencio para mantenerse como la mujer poderosa y más desconocida de México.
SIGUIENTE: Silvia Hernández, mujer de maíz
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| Publicado: Lunes, 13 de octubre de 2008 a las 06:00 |
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