Las mujeres perfectas del 2009
Una actriz inglesa, una musa española, la afroamericana más poderosa, una comediante y una tenista.

La inglesa recién ganó el Oscar a la mejor actriz. (Foto: Reuters)
Según Leonardo Di Caprio, es la mejor actriz de su generación. (Foto: AP)
KATE WINSLET
Cada vez hay menos países en donde Kate Winslet pueda pasar desapercibida. “Mucha gente me juzga; lo hacen hasta cuando voy caminando por la calle”, dijo a Vanity Fair, al respecto de las desventajas de su creciente fama. Sin embargo, ni la racha de premios que ha ganado en los últimos meses la distraen por un momento de cuáles son las verdaderas prioridades en su vida: sus hijos. Tiene dos: Mia, de ocho años, y Joe, de cinco. Cada noche, después de una alfombra roja o la entrega del Oscar, todo el glamour de un vestido, unos zapatos o un collar de diamantes pierden importancia cuando ellos se avientan a sus brazos y la reciben con un “mamá”.
Kate nació en Reading, Inglaterra. Sus abuelos manejaban un teatro local y la impulsaron para subir a los escenarios. “Lo de la actuación lo traigo en la sangre”, dijo en 1995 a The New York Times. “Siempre supe que esto es lo que quería hacer”. Su primer cheque llegó gracias a un comercial de cereal.
Kate es hoy una mujer relajada, franca y directa, cuyo único vicio es el cigarro. Ni el ejercicio ni las dietas son su fuerte, pero siempre ha luchado por mantenerse en forma ya que en su adolescencia sufrió de sobrepeso; no tenía las curvas que a sus 33 años presume orgullosa.
A pesar de que fue francamente ignorada por la Academia, que prefirió nominarla al Oscar por The Reader, para la actriz la cinta Revolutionary Road tiene un doble significado. Para empezar, marcó su reencuentro con Leonardo DiCaprio, una década después de Titanic. Pero lo más importante es que le permitió trabajar por primera vez bajo las órdenes del director Sam Mendes (American Beauty), de 43 años, su esposo desde hace nueve. “Siempre platicábamos de cómo sería hacer una película juntos. Yo le decía: ‘¿Y qué tal si te enojas conmigo? ¿O si un día piensas que realmente soy mala actriz?’”, explica Kate. “Teníamos que ser muy cuidadosos para decir las cosas. Después de hablarlo tanto, simplemente dejamos que todo fluyera y la experiencia fue increíble”. Lejos de terminar con la pareja, la relación actriz-director despertó la admiración mutua. “Lo respeto hoy aún más que antes”.
Cuando no están trabajando, la familia que han formado divide su tiempo entre su departamento de Manhattan y su casa de campo en los Cotswolds, Inglaterra. En ambos lugares, las actividades de Kate son parecidas. Prefiere quedarse en casa, tener largas pláticas con su esposo, llevar a sus hijos a la escuela, jugar con ellos y consentirlos: “Para ser honesta, la mayor parte de los libros que he abierto últimamente son los que les leo a mis hijos. Ése es el tipo de lectora que soy”, dice con una sonora carcajada. “Mi relación con la literatura se basa ahora en Mickey Mouse, en imitar sonidos de los animales y en hacer voces tontas para cada personaje en la historia. Y si tengo suerte, los hago reír con mi voz de narradora”.
Cuando se encuentra en una larga filmación, Kate trata de ofrecer estabilidad a sus hijos dejándolos en casa. Siempre han estado familiarizados con el cine –Mia es fruto del primer matrimonio de Kate con el también cineasta Jim Threapleton– y cuando van a visitarla a la locación, como sucedió en Berlín con The Reader, Kate prefiere mezclar sus actividades de actriz y madre para que sus hijos entiendan su trabajo como una diversión. “Tienen una personalidad fuerte, son niños muy alegres y les gusta disfrazarse y jugar al actor. Cuando gané los Globos de Oro, por ejemplo, estaban muy emocionados cuando les llamé. Mi hijo me dijo: ‘Mia está bailando por toda la casa’”.
Sin embargo, siempre existe la posibilidad de salir de una entrega de premios con las manos vacías. Hace unos días, Kate preparó a sus hijos como lo hace antes de este tipo de ceremonias: “Hablé con ellos justo antes de entrar a la alfombra roja. ‘Ustedes saben que los quiero mucho, muchísimo. Y entienden que si no gano no importa porque realmente hice lo mejor que podía y que eso es lo que cuenta’”. Y entonces, la pequeña Mía le contestó: “Sí mamá, yo lo sé”.
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