Vino, elixir de la tierra
Descubre más acerca de los vinos y su importancia en México con esta historia de Life & Style.

El enólogo, Hugo D Acosta, trabaja actualmente en los viñedos de Baja California, México. (Foto: Jorge Garaiz)
Lo cierto es que su sensibilidad no se limita a la elaboración de mezclas y definición de procesos; en su percepción, su trabajo de enólogo siempre está integrado a las tierras, a la gente y, a final de cuentas, a la problemática que enfrenta una industria, la del vino mexicano, sobre la que hoy no se podría hablar sin haber probado, al menos, una de sus creaciones.
Son de esas cosas que pasan en la vida
Durante la vendimia de 2007, D'Acosta elaboró su primer espumoso de uva Chardonnay para conmemorar los 10 primeros años de su bodega y vinícola, Casa de Piedra, con la que comenzó a convertirse en la figura central de los vinos en Ensenada que hoy es.
Quizá él no lo tenía claro en ese momento, pero algo de eso había surgido 37 años antes, en su casa de la Ciudad de México, cuando una tía llegó a la cena de Navidad de 1970 con una botella de champagne. Hugo, con apenas 12 años, aprovechó un descuido del mesero para hacerse de una copa y probar por primera vez esa bebida. Dos cosas sucedieron de inmediato: su madre le dio una bofetada, y él tuvo la certeza de que ahí, en el vino, "había algo" que necesitaba explorar más a fondo.
Tres años después,Hugo viviría otra revelación. Un curso de verano sobre los principios básicos de la fruticultura, al que asistió con su padre para ver si podían imaginar un uso para el rancho familiar que tenían prácticamente olvidado en Dolores Hidalgo, Guanajuato, hizo que él tuviera su segundo encuentro con el mundo de la uva, que él recuerda, sin dudarlo, como "mágico".
Con esos antecedentes, a nadie le tomó por sorpresa que, en 1976, Hugo anunciara su decisión de mudarse a Querétaro para estudiar agronomía en el Tecnológico de de Monterrey.
Ya instalado ahí, no encontró mejor opción para sus ratos libres que "jugar a hacer vino" en el rancho de unos compañeros (que, por cierto, son hoy los propietarios del restaurante Los Danzantes).
Un año antes de terminar su carrera Hugo se vería obligado a migrar a Monterrey, después de que un altercado a golpes con un maestro le impidió concluir sus estudios en Querétaro. Ya con el título en mano, D'Acosta puso su vista en la Escuela Nacional Superior de Agronomía de Montpellier, donde pasó tres años, después de los cuales decidió que era momento de abordar el vino con otra filosofía, la que se enseñaba en la Universidad Agraria de Turín, el centro en el que se formaban los grandes enólogos del Piamonte.
Una siguiente escala en Francia, para realizar prácticas en Saint Emilion, le permitiría hacer contacto con la casa Martell, en Cognac, y recibir su primera oferta laboral para México. Era 1983, Hugo tenía apenas 23 años de edad y una confianza enorme en la experiencia que había adquirido.
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