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El casino de los derivados

Comercial Mexicana se la jugó y perdió 1,080 mdd mientras su director financiero vacacionaba; Expansión presenta un informe sobre los instrumentos que provocaron pérdidas a las grandes empr

Por: Zacarías Ramírez, Gisela Vázquez y Alberto Bello |
Miércoles, 12 de noviembre de 2008 a las 06:00
Expansion
Entre el 8 y 16 de octubre, media docena de empresas revelaron que habían tenido exposición a instrumentos derivados. (Ilustración: Rafael Mendoza)
Entre el 8 y 16 de octubre, media docena de empresas revelaron que habían tenido exposición a instrumentos derivados. (Ilustración: Rafael Mendoza)
Antonio Franck, asesor en restructuras financieras para Comerci, asegura que nadie esperaba esta crisis en la firma. (Alfredo Pelcastre/MondaPhoto)
Antonio Franck, asesor en restructuras financieras para Comerci, asegura que nadie esperaba esta crisis en la firma. (Alfredo Pelcastre/MondaPhoto)
La CNBV investiga la falta de transparencia en empresas e instituciones financieras, dice Guillermo Babatz. (Adán Gutiérrez)
La CNBV investiga la falta de transparencia en empresas e instituciones financieras, dice Guillermo Babatz. (Adán Gutiérrez)
Los derivados se usaron sin atender reglas corporativas, considera Bernardo González Aréchiga, de la EGADE. (Especial)
Los derivados se usaron sin atender reglas corporativas, considera Bernardo González Aréchiga, de la EGADE. (Especial)

CIUDAD DE MÉXICO — Del superpeso sólo quedó el recuerdo. Cuando México se preparaba en septiembre pasado para celebrar su independencia, en Wall Street la quiebra de Lehman Brothers cimbraba los mercados, un par de granadas azotaba Morelia y arrancaba la depreciación del peso, gradual e incesante. En tres semanas, la moneda mexicana perdió su poder, las reservas del Banco de México disminuyeron en doble dígito y los únicos que ganaron fueron los traders. No sus entidades, que vivían la peor crisis de la historia reciente.

Por años, las empresas mexicanas habían apostado –literalmente: con pesos y centavos– por la estabilidad de la moneda en sus contratos de cobertura. El dólar, a 10.50. Muchas ganaron dinero así, ‘fácil’. Pero la casa nunca pierde. Con la depreciación, los bancos estuvieron en el lado ganador. No sólo eso: debido al tipo de contrato de derivados, sus ganancias fueron al doble, del mismo tamaño que las pérdidas de las empresas. Poco a poco, a partir del 15 de septiembre, el nivel de deuda virtual de varias compañías empezó a crecer en el activo de algunos bancos, por encima de los 50 millones de dólares (mdd).

La semana trágica de las empresas mexicanas concluyó en pérdidas por más de 2,500 mdd. Cemex, Alfa, Bachoco y compañías con fuerte actividad exterior reportaron sangrías. La peor parte la sacó Controladora Comercial Mexicana que, con una pérdida reconocida de 1,080 mdd, se declaró en concurso mercantil para renegociar su deuda. Y Grupo Maseca suspendió su cotización y quedó en posición abierta a finales de octubre, con una pérdida virtual estimada de más de 1,200 mdd y el riesgo enorme, no comunicado al mercado, de que el peso vuelva a subir. “Es una irresponsabilidad”, comentó a Expansión un banquero acreedor de la firma.

Abogados, banqueros, auditores y economistas consultados pintan un panorama con muchos factores en juego. Hablan de sobrexposición al riesgo y nulo control; falta de reportes a comités financieros; ‘ignorancia’, mala suerte y hasta mentiras. El diablo salió en los detalles de los ahora infames derivados, esos instrumentos financieros de complejidad ‘infernal’, ‘bombas de tiempo’, como los llamara Warren Buffett hace cinco años.

Y todo apunta, sin embargo, a la condición humana de un grupo de directivos, vulnerable a la codicia y a su reverso, el miedo al fracaso.

“Los derivados son instrumentos que bien utilizados reducen los riesgos para las empresas, pero mal empleados respresentan riesgos fuertes para quien los utiliza”, dice Bernardo González Aréchiga, director de la Escuela de Graduados en Administración y Dirección de Empresas del Tec de Monterrey y fundador del Mercado Mexicano de Derivados.

 

El dolor de cabeza de La Comer

Las fichas de casino

Cuando el peso inició su caída libre, la información sobre los contratos de derivados que los corredores envían semanalmente a sus clientes ya no era suficiente. ¿Y si alguien no podía pagar?

Un derivado requiere una inversión inicial muy baja, lo que puede llevar a posiciones de elevadísimo apalancamiento, por encima de las posibilidades de pago de la empresa.

Cuando el dólar llegó a 11 pesos, los banqueros empezaron a llamar por teléfono a los que tenían los contratos de derivados más sofisticados –y mortíferos en un terremoto financiero: los TARN (Target Accrual Redemption Notest, algo así como pagarés que incluyen intereses acumulados), que imponen un severo castigo a quien se equivoca en sus apuestas. Fichas de casino, al fin de cuentas.

La pregunta cundió en los cuartos de guerra de los financieros de las empresas: ¿Tienes contratos parecidos con otros bancos? Dependiendo de la respuesta, era el momento de cerrar posiciones, reclamar aumento de margen… o de venderles nuevas coberturas.

Los TARN son un derivado que abarata el costo de contratarlo a cambio de una ‘apuesta’ casi segura sobre una moneda indicador o un producto básico. En el caso de que el cliente equivoque la apuesta (lo que es improbable) su pérdida es mayor que su posible utilidad.

La razón para que una compañía asuma el riesgo es la posible ganancia y el ahorro en los costos de los contratos. Las empresas mexicanas más agresivas en el mercado de derivados registraron en los últimos años ganancias extraordinarias por este rubro. Comercial Mexicana reportó en 2007 utilidades de 360 millones de pesos (mdp) por derivados, 7.4% de sus utilidades antes de pago de intereses, impuestos, amortización y depreciación.

¿Especulación o cobertura?

Los derivados se inventaron para proteger a las empresas de variaciones bruscas en sus insumos, la moneda extranjera o los energéticos, pero se convirtieron, en palabras de Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, en “un casino”.

Las compañías, indignadas, niegan que estuvieran especulando. El auditor del informe anual de Comercial Mexicana en 2007, PriceWaterhouseCoopers, afirmaba  que “la compañía ha suscrito transacciones de instrumentos financieros derivados para cubrir su exposición al riesgo de tasa de interés y tipo de cambio. La mayoría de las fechas e importes de los instrumentos financieros derivados se corresponden con las fechas de adquisición de los activos o vencimiento de los pasivos que pretenden cubrir”.

¿Protegerse del riesgo? Comerci también reportó entonces que sus derivados con fines de cobertura de importaciones o deuda tienen un valor ‘justo’ de 125 mdp a finales de 2007. El resto, hasta 367 mdp, eran ‘negociación’, o, como traducen varias fuentes consultadas, ‘especulación’.

La empresa, coinciden las fuentes, parecía utilizar su tesorería para obtener utilidades extra en los mercados cambiarios apostándole al peso y al euro frente al dólar. Y hasta el momento, nadie lo censuró. Comerci sólo reconoce que se dieron estos juegos en septiembre, cuando el tesorero Gustavo Campomanes tomó la decisión de doblar las apuestas. La desgracia llegó, dicen, por una catástrofe financiera comparable a un ‘tsunami’.

“Si ves las expectativas de tipo de cambio del gobierno y los bancos, nadie, en ninguna parte, se esperaba una crisis como la que se dio”, dice Antonio Franck, abogado del despacho Haynes and Boone que representa a Comerci, con un largo historial en restructuras y en gobierno corporativo.

En el cierre del segundo trimestre de este año, el juego dejó de ser divertido. Gruma reporta en su informe anual una pérdida de 70 mdd al 30 de mayo de 2008. Comercial Mexicana vio crecer a 400 mdp su costo integral de financiamiento “por operaciones de derivados”.

En su asamblea del 15 de julio, el Consejo de Administración, con la presencia de Guillermo González Nova, fundador de la compañía, solicitó que se cancelaran los contratos de derivados de tipo especulativo, asegura Franck. Era una recomendación del comité de riesgo, formado por el presidente ejecutivo, Carlos González Zabalegui, el director financiero, Francisco Martínez de la Vega, y Campomanes. Santiago García García, director general de Comercial Mexicana y autor del ‘milagro’ en los últimos años (la utilidad operativa creció 11% en 2007), no participaba en las decisiones sobre derivados, según confirman en la compañía. Las que ponían en riesgo los esfuerzos de Comerci por convertirse en un rival fuerte en un sector en proceso de consolidación bajo la sombra de Wal-Mart.

“Lo que estamos viendo, aparentemente”, dice González Aréchiga, “es el uso de derivados sin atender a las consideraciones básicas de gobierno corporativo”.

Sobre todo cuando, al día de hoy, Franck asegura que gran parte de los contratos de derivados los hizo el tesorero a espaldas de la compañía.

Otros especialistas consideran que “se cumplieron todas las formalidades, incluso con las normas de información financiera aplicables”, dice Thomas Heather, abogado de White and Case y participante activo en el Comité de Mejores Prácticas del Consejo Coordinador Empresarial. “El tema de fondo es más bien que no está revelado el nivel de riesgo”.

Unas vacaciones demasiado caras

A veces, la bomba explota cuando uno anda lejos. Las últimas semanas de septiembre Francisco ‘Paco’ Martínez de la Vega, director financiero de Comercial Mexicana, no aparecía. Ante la caída gradual del peso, los traders querían que la firma cubriera sus responsabilidades, el margen. Campomanes, un hombre con 15 años en la empresa, estaba nervioso. “Paco no está en México”, decía. Martínez de la Vega estaba de vacaciones en España.

Todas las jugadas del equipo de finanzas de Comerci salieron mal: apostó a la apreciación del euro y a la estabilidad del peso frente al dólar. Lo contrario de lo que sucedió.

Siguiendo las instrucciones del consejo, Martínez de la Vega había cerrado algunas posiciones cuando el euro cayó. Pero la mayoría seguían abiertas, aseguran los bancos, cuando éste se fue de vacaciones.

Campomanes, acostumbrado durante 15 años a manejar las ingentes cantidades de efectivo del sector comercial (no era un novato), tenía razones para estar nervioso, y mucho más que los traders. Éstos ignoraban el volumen real de operaciones de derivados de la compañía. Campomanes no tenía más que sumar el resumen de Goldman Sachs, Merrill Lynch, JPMorgan, Barclays, Santander y Banamex para saber que estaba al frente de un barco que se hundía.

–¿Todo el riesgo que tienen es con nosotros?, preguntaban los bancos. “Estamos conscientes de los riesgos, y 70% de mi riesgo es contigo”, decía el tesorero.

“Nos mintieron”, asegura un banquero. El enorme riesgo que cada uno de ellos percibía era una réplica del que tenía el otro banco. Ninguno de ellos podía imaginar la bomba que iba a estallarles en las manos.

Los 100 mdd de agosto se habían convertido en 400 MDD, después en 600 mdd. Éstos en 700 mdd. Nadie, según la empresa, conocía la cifra –que llegó a 2,000 mdd– más que Campomanes.

El tesorero decidió cubrirse con una nueva apuesta. Seguro, al parecer, de que el peso se detendría, contrató dos nuevos TARN a tipos de cambio más elevados. “La empresa entró en la mentalidad del jugador, del doble o nada”, dice uno de los banqueros acreedores que solicitó el anonimato.

La acción de Comerci empezó a moverse a finales de septiembre y en la primera semana de octubre. Comercial Mexicana sostuvo en sus comunicados a la Bolsa durante un mes que no tenía nada que declarar.

La pérdida rebasó con creces el EBITDA (4,136 MDP) a finales de septiembre, algo que hubiera golpeado aún más el precio de la acción. Ésa es precisamente la definición de un evento relevante del que se debe informar a la Bolsa.

La empresa asegura que ni la dirección ni el consejo de administración supieron de la situación hasta el regreso de Martínez de la Vega de sus vacaciones. “Algunas operaciones de derivados de julio, agosto y septiembre, las que están ocasionando la decisión de ir a suspensión de pagos, fueron tomadas por el tesorero sin conocimiento del consejo de administración”, afirma Franck. “No dijo nada. Creo que el tesorero actuó con ignorancia e irresponsabilidad”, dice.

Sin embargo, los acreedores sienten que algo no cuadra en la estrategia de la empresa de culpar exclusivamente a Gustavo Campomanes. Los contratos de Comerci alcanzaron el 15 de septiembre –con el dólar a 10.74–, un nivel de exposición calculado por algunos bancos en más de 350 mdd. Fuentes de Comercial Mexicana no confirmaron esta cifra.

Martínez de la Vega, antes de irse de vacaciones, no informó al mercado, ni cerró sus posiciones, lo que inició la bola de nieve.

Esta negación llegó a la búsqueda de dinero. Campomanes ‘tiró’ de la línea de crédito abierta en Bancomer, un banco con el que no tenían contratadas coberturas, pues ya sabía que las pérdidas por derivados iban a ser gigantescas.

El lunes 6 de octubre, Martínez de la Vega regresó, explica Franck, y comunicó a su director general la situación en que se encontraba la tesorería, con una exposición de 1,080 mdd (los bancos reclaman más de 2,000 mdd). Ahí se llamó a Credit Suisse, para hacer la reestructura financiera.

Había en juego posiciones para comprar 7,000 mdd (la pérdida de la empresa era menor: la diferencia entre el precio del dólar contratado y la cotización del momento). El rumor disparó la cotización del dólar, empeorando la posición de la compañía... y la de otras empresas con problemas semejantes. “¿Cómo iban a comprar tantos pesos de golpe?”, dice un banquero.

El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, declaró sobre la “especulación” de las empresas que había llevado a una presión adicional del tipo de cambio. Luego, Guillermo Ortiz criticó a Comerci a viva voz, diciendo que habían negociado con cosas que no eran parte de su negocio.

La empresa reunió el martes 7 de octubre a todos los banqueros en las oficinas de Credit Suisse para anunciar que no podía pagar, y que buscaría el concurso mercantil.

De la noche a la mañana, la tercera mayor cadena de autoservicio de México, con ventas superiores a 5,000 mdd al año, informó a la Bolsa Mexicana de Valores que su deuda se había cuadruplicado a 2,000 mdd, que había incumplido el pago de un bono y que por tanto su controladora acababa de solicitar el concurso mercantil.

La reacción de los proveedores no se hizo esperar: Mabe canceló ese día la entrega de 10,000 electrodomésticos.

El callejón de la desolación

La noche del miércoles 8 de octubre terminó para algunos de los principales banqueros de México a las cuatro de la mañana. El anfitrión en las oficinas de Credit Suisse sobre el Paseo de la Reforma era Héctor Grisi. Ahí se encontraron Marcos Martínez, director de Santander, Martín Werner, de Goldman Sachs, Fernando Quiroz, presidente ejecutivo de Mercados y Banca de Banamex Citigroup en Latinoamérica, Eduardo Cepeda, director de JPMorgan, Alberto Ardura, de Merrill Lynch, y José Antonio González Molina, de Barclays.

El tema era el bono que Controladora Comercial Mexicana debía, pero que no había forma de cumplir. Se imponía el concurso mercantil.

“Nos sorprendió ver a Goldman y Merrill”, cuenta un banquero. “No sabía que tenían operaciones otros bancos”, dice otro.

En las reuniones, el clima era de desolación. Carlos González se veía golpeado pero lideraba la tónica sobre la restructura. Campomanes, en cambio, estaba hundido, “se quedó sin habla,” dice una fuente. Había enojo en el aire: los bancos se sentían engañados, la empresa sentía que le habían vendido una bomba nuclear sin instructivo, pero se abocaban a buscar soluciones.

Las primeras decisiones fueron el cierre de las posiciones de derivados de la empresa, aunque al cierre de esta edición no había acuerdo sobre el monto.

Otro punto fue solicitar la suspensión de pagos, que debió presentarse dos veces debido a inconsistencias (la empresa pedía el concurso mercantil debido a las pérdidas generadas por los contratos de derivados, pero se reservaba el derecho de no reconocer su validez).

El concurso mercantil se solicitó sólo para la controladora y no para los demás negocios: las tiendas Costco, los restaurantes California y una inmobiliaria seguían operando tan saludablemente como lo habían hecho en los últimos años.

Las soluciones, dicen los banqueros, llegarán preferiblemente de manera rápida y fuera de juzgado para mantener el valor de la compañía. Incluirán capitalización de la empresa, una restructura de deudas que podría incluir la solicitud de créditos adicionales, y la cesión de acciones o acciones convertibles.

Con el fin de garantizar el pago a los proveedores, la empresa anunció el 29 de octubre que obtuvo dos líneas de crédito de 3,327 mdp para Comer, Costco, o los restaurantes California. Un crédito de una entidad de crédito privada de 327 TARN y una aportación de Nafin de 3,000 mdp para un fideicomiso de pago a proveedores. Se pusieron como garantías los activos de las empresas inmobiliarias del grupo.

La duda que no se puede saldar con dinero es la de si las compañías aplicaron los principios de gobierno corporativo. En el caso de Comercial Mexicana: “Hasta el día de hoy, no sabemos cuál es el monto nacional (valor de referencia de los derivados) que tenía ni cómo se han movido desde finales de 2007. Claramente estaban especulando porque ese tipo de pasivos no lo acumulas si estás descubierto en esa posición”, dice Sebastián Hofmeister, analista de Moody’s. El 14 de octubre, Moody’s retiró la calificación de Comerci.

Los bancos se desmarcan

En el ambiente financiero, hay recelo con lo sucedido. ¿Tendrán los bancos alguna responsabilidad? “Cuando los bancos venden derivados”, dice un banquero no involucrado en esta operación, “deben ser sumamente responsables, no traer riesgos sino soluciones. Y no sé si todos los bancos lo han hecho así”.

La CNBV investiga la información provista por los bancos. Todos ellos siguen un formato internacional, llamado ISDA, y aseguran que cuentan con correos que advierten del riesgo, y que hicieron presentaciones en las que mostraban las consecuencias de un escenario catastrófico como el actual.

El limbo regulatorio contribuyó al desastre. Los contratos de derivados no son públicos. Los que los venden, no tenían manera de saber a ciencia cierta el grado de riesgo tomado por las empresas con otros bancos. En esta ocasión, la mayoría se registró en Nueva York. Ni siquiera Hacienda conocía su valor de mercado.

Entre las propuestas que se sugieren para que no vuelva a suceder, está la revelación más precisa de los riesgos potenciales de los contratos de derivados, y que la Secretaría de Hacienda centralice la información de las empresas nacionales.

¿Pegaron a la moneda?

El desplome del peso no respondió a la liquidación de contratos de las empresas; al menos no fue el único motivo. Sorprendió a todos. Las previsiones del tipo de cambio del gobierno, Banxico  y de los grupos financieros indicaban un tipo de cambio en el entorno inferior a los 10.90 pesos.

Las explicaciones llegaron después. La fortaleza de la moneda mexicana en los últimos años se había beneficiado de la alta liquidez internacional.

Los capitales fluían para invertir en papel mexicano atraídos por la diferencia de tasas de interés con EU y la estabilidad de precios.

El peso fuerte vio su final con la crisis hipotecaria estadounidense que dejó a los bancos con miles de millones de dólares en pérdidas. “Hubo un pánico generalizado”, explica Julio de Quesada, presidente del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales y ex banquero de Banamex y Citigroup.

El efecto dominó aún no termina. Es probable que broten otros casos en las próximas semanas y meses, anticipa Nicolás Olea, experto en derivados de KPMG.

Las sanciones

Aunque la CNBV presente responsables por el manejo que las empresas hicieron de instrumentos derivados, no todos están convencidos de que se mueva mucho. “Para mí, el que se haga una investigación (por la CNBV) implica que haya una acción posterior, de lo contrario no sirve de nada”, dice Jesús González, experto en gobierno corporativo de KPMG.  Por bajos niveles de revelación, supervisión y emisión de informes, las sanciones máximas consideradas en la Ley del Mercado de Valores son penales –15 años de cárcel– y económicas –multas hasta por el equivalente a 100,000 salarios mínimos–, y son aplicables a la empresa, consejeros, director general o al conjunto si la responsabilidad es compartida.

El asunto podría tener consecuencias penales si un inversionista, tenedor de deuda o accionista presenta denuncia por considerar que ha sido engañado por quien debió haberle informado la situación de la empresa.

La mayor sensibilidad al tema de riesgos, derivada de la debacle de empresas como Comercial Mexicana, podría conducir a cambios normativos. Es previsible una nueva regulación que obligue a las empresas públicas a revelar su exposición en instrumentos sofisticados “más que en los derivados, en reforzar la obligatoriedad de revelar la información de manera mucho más clara”, dice Jorge Alegría, director del MexDer en entrevista con CNNExpansión.com. Ello permitirá cuantificar y evaluar los riesgos de las empresas que hacen operaciones con derivados, de manera similar a como lo hacen los bancos, agrega.

Hay que tener normas mínimas de revelación estandarizadas desde los intermediarios hasta las empresas que compran estos productos, algo que hasta el momento no existe, señala Guillemo Babatz, presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Tal como hay normas mínimas de revelación para un cliente que contrata un crédito hipotecario, debe haber el equivalente en un producto derivado que negocian un banco y una empresa, añade, bajo la premisa de que ambas partes están informadas.

La transversalidad de las operaciones interbancarias a escala mundial hace necesario un organismo mundial, similar a la ONU, dice Sam Podolsky, fundador y ex presidente del Instituto Mexicano de Gobernabilidad Corporativa (IMGC) y actual secretario técnico del Consejo Consultivo de Competitividad de la Ciudad de México. De esa manera los agentes financieros internacionales tendrían que comprometerse con la transparencia, señala, y a tener diagnósticos claros de los riesgos globales derivados de las circunstancias económicas de cada país. Lo que claramente se requiere es mayor cooperación entre los reguladores de los países, dice Babatz.

Se podría comenzar por exigir que se cumpla lo que dice la ley, opina González, de KPMG. La Ley del Mercado de Valores exige que consejeros y miembros de comités tengan experiencia de negocios, conocimientos técnicos en diversas áreas, que sean multidisciplinarios para que vean las aristas del negocio, pero no se cumple, señala el analista.

El gobierno corporativo es mucho más que hacer un comité que opere cuatro veces al año, añade, implica identificar riesgos críticos, evaluarlos y decidir su revelación al público inversionista. Se ha calculado que un consejero independiente tiene que dedicar 36 horas al mes para llegar a una junta de cuatro horas, comenta González, en lugar de simplemente leer un reporte 15 minutos antes de la reunión. “La pregunta es si realmente estaban cubriendo el riesgo o si solamente estaban cubriendo las formas”.

La reflexión es para todos. “Todos los participantes, abogados, contadores, consejeros, banqueros e, incluso, reguladores, vamos a tener un compromiso moral de participar activamente en la búsqueda de fórmulas que permitan, en la medida de lo posible, evitar que se repita esta situación”.

 

“FUE UNA MEZCLA DE AVARICIA Y MIOPÍA”

Guillermo Babatz, presidente de la CNBV, investiga si empresas y bancos actuaron con transparencia y ética en operaciones con derivados. Revisará si la norma necesita reforzarse.

¿Qué sucedió en las últimas semanas?

El peso había tenido un periodo prolongado de estabilidad. Eso fomentó que algunas empresas confiaran en que no iba a cambiar y entraran en contratos derivados donde tenían algún beneficio de apostarle a la estabilidad del tipo de cambio. Pero el peso se depreció y la manera para acotar las pérdidas de esos riesgos, era salir a demandar dólares para liquidar la posición.

¿Llegaron las empresas a un momento de avaricia?

No quiero particularizar. En términos generales, creo que es una combinación de avaricia, miopía y una falta de procesos adecuados para la toma de decisiones. Habrá ocasiones donde fue más avaricia y otras en las que fue más la falta de un mecanismo adecuado de toma de decisiones.

¿Qué está haciendo la CNBV?

Abrimos investigaciones que implican entrar a las empresas donde se presentaron estos problemas y obtener toda la información. Y haremos lo mismo con los intermediarios que vendieron estos productos. Iniciamos dos investigaciones pero no puedo dar nombres, por las reservas de ley.

¿Qué van a averiguar?

Queremos entender si la toma de decisiones dentro de la empresa fue de acuerdo a la norma, y si esas decisiones se revelaron a los inversionistas (...). La ley es muy clara en decir que cualquier evento que pueda impactar el precio de la acción tiene que comunicarse de inmediato a los inversionistas.

¿O si se informó al consejo de administración?

Lo estamos viendo. Depende de qué tipo de operaciones hablamos y del giro de la empresa.

¿Y en ese caso es un delito hacerlo?

Hay que verlo, una cosa es que haya un rompimiento de una norma, y de ahí a que sea un delito, va más allá. En general, hay un delito cuando se induce al error otorgando información falsa.

¿Pidieron información a firmas auditoras y calificadoras?

Estamos con emisoras e intermediarios, no estamos yéndonos por las calificadoras, porque se apoyan en información que la empresa aporta.

¿Qué va a cambiar la CNBV?

Tenemos que revisar si la revelación que ya se exige por el lado de las normas contables es suficiente. Lo otro es revisar si debiéramos de tener normas en cuanto a estándares de venta de estos productos, de los intermediarios hacia la clientela.

¿Y esto en qué rumbo va?

Tenemos que tener normas mínimas de revelación estandarizadas, lo que hasta el momento no existe.

¿Qué aplica a los auditores en caso de omisión o error?

En la medida en que haya habido errores, los auditores pueden ser responsables ante empresa e inversionista. Nosotros también podemos sancionarlos.

JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ Y ULISES HERNÁNDEZ

 

DERIVADOS, ¿SEGUROS?

La depreciación del peso y la baja de los energéticos provocaron que

las empresas reconocieran pérdidas al reevaluar sus posiciones en

derivados:

Empresa Pérdida

en mdd

% de

sus activos

Comercial Mexicana 1,080 25
Gruma 684 18.2
Vitro 227 7.5
Alfa 191 2
Bachoco 50 2.6
Grupo Industrial Saltillo 49 4.5
Autlán 40 9.2
Grupo Posadas 38 3
Fuente: BMV, Banamex Accival, Fitch Ratings.

 

DEUDA EN ÉPOCA DE CRISIS

Estas empresas tienen las mayores deudas del mercado.

Ojo con su apalancamiento: 1.0x muy bueno, 1.5x bueno, más de 2.0x ya no tanto.

Empresa Deuda

 neta mdd

Activo

total mdd

Deuda neta/

EBITDA3

Cemex1 16,46.0 49,287.8 3.6x
América Móvil2 8,240.1 34,627.2 0.6x
Telmex1 7,475.5 16,021.4 1.2x
FEMSA2 3,174.7 16,717.2 1.1x
Alfa1 1,893.9 9,459.9 1.9x
Vitro2 1,380.2 3,031.4 3.9x
AHMSA2 1,172.0 4,584.8 1.3x
Soriana2 1,140.6 6,389.8 1.9x
IDEAL2 964.5 2,469.2 7.7x
Iusacell 1 935.7 1,574.7 4.4x
Grupo Carso2 916.1 8,498.7 0.9x
Grupo Lamosa2 830.9 1,545.0 5.5x
Notas: 1Información a sep. 08; 2Información a jun. 08; 3Valores de 12 meses al cierre.

Fuente: Economática.

 

SIN ESPECULACIÓN

El Boletín C-10 de las Normas de Información Financiera (NIF) mexicanas establece que las empresas deben revelar sus posiciones  en instrumentos financieros derivados cuando se utilizan para cambiar el perfil de riesgos asociados con variaciones en las tasas de interés y las monedas en que está denominada la deuda; para disminuir el costo financiero; para cubrir operaciones pronosticadas y para realizar inversiones netas en subsidiarias en el extranjero. Por cada operación, debe revelarse si el derivado se utilizó para coberturas de valor razonable (mark to market) o de flujo de efectivo.

“Debe clarificarse que el uso de los mismos es para efectos de cubrir algún tipo de riesgo asociado con la exposición derivada de las operaciones normales de la entidad (no para fines especulativos)”, concluye la NIF.