Ironman, el club VIP... ¿de masoquistas?

Unos 1,200 empresarios, ejecutivos y profesionistas de alto nivel compiten este domingo en Cozumel; en México hay 1,000 practicantes activos con ingresos individuales de 1.2 mdp al año en promedio.

Por: Patricia Ruvalcaba |
Sábado, 28 de noviembre de 2009 a las 06:00
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Jorge González entrena una tarde de octubre en la UNAM. Como él, 7,000 personas practican triatlón y 1,000 entrenan para el Ironman. (Foto: Alfredo Pelcastre/ Mondaphoto)
Jorge González entrena una tarde de octubre en la UNAM. Como él, 7,000 personas practican triatlón y 1,000 entrenan para el Ironman. (Foto: Alfredo Pelcastre/ Mondaphoto)
Luis Álvarez, de 47 años, es CEO de SAG-Mecasa. Ha hecho todos los Ironman del mundo, 60 competencias en 17 años. (Foto: Carlos Aranda / Mondaphoto)
Luis Álvarez, de 47 años, es CEO de SAG-Mecasa. Ha hecho todos los Ironman del mundo, 60 competencias en 17 años. (Foto: Carlos Aranda / Mondaphoto)
Mauricio Hiriart, de 32 años, es subdirector de Compras para Supercenter y Superama en el DF. Ironman en Coeur d’Alene, Idaho. (Foto: Alfredo Pelcastre/ Mondaphoto)
Mauricio Hiriart, de 32 años, es subdirector de Compras para Supercenter y Superama en el DF. Ironman en Coeur d’Alene, Idaho. (Foto: Alfredo Pelcastre/ Mondaphoto)
Jorge González, de 44 años, es CEO de GP Arquitectos, y Cibelle Hernández, de 36, lo es de Avi Glass. Participan en maratones y un medio Ironman al año. (Foto: Alfredo Pelcastre/ Mondaphoto)
Jorge González, de 44 años, es CEO de GP Arquitectos, y Cibelle Hernández, de 36, lo es de Avi Glass. Participan en maratones y un medio Ironman al año. (Foto: Alfredo Pelcastre/ Mondaphoto)
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Un radiante sol de mediodía ilumina un montón de bicicletas apiladas sobre un muro y rodeadas de tenis y mochilas. Hacia las 12:30 empiezan a llegar los dueños de esas cosas. Uno a uno se apartan de la pista y, como si los empujaran, caen bajo una pequeña sombra en la banqueta. “¡Tengo un calambre!”, “¡Un plátano, por favor, ¿habrá un plátano?!”. Apenas pueden hablar. “¡Un Gansito me salvaría la vida!”, claman y hurgan en la hielera. Pedalearon dos horas y media, y corrieron otro tanto en el Autódromo Hermanos Rodríguez del DF.

Entre ellos están Diana Jurado, abogada del Departamento Jurídico de Banamex, y su esposo Mauricio Hiriart, subdirector de Compras para Supercenter y Superama. Los dos se alistan para participar este 29 de noviembre en el primer Ironman que se celebrará en México.

Se trata de la más extenuante competencia en el mundo; un triatlón reloaded en el que cada competidor nada 3.8 kilómetros, luego recorre 180 km en bicicleta y arranca un maratón de 42.2 km, unos minutos después. Una carrera que puede prolongarse hasta por 17 horas, y tan ruda que descalifica a quien lleve un iPod o reciba porras de familiares.

Hiriart y Jurado son parte de los 1,200 hombres y mujeres que competirán en Cozumel –850 de ellos, mexicanos–. Y como todos, llevan unos seis meses retorciendo sus vidas para calzar 20 a 24 horas de entrenamiento semanal en vidas que ya parecen saturadas. Porque parecería que quienes están practicando este deporte son justo aquellos que menos tiempo tienen para hacerlo. ¿Cómo lo hizo Giovanni Aloi, director general de General Electric Energy México, con cinco hijos y jornadas de trabajo de hasta 14 horas? “Ya me regañaban un poquito”, cuenta.

Los competidores son directores generales, dueños de empresa, ejecutivos, abogados, doctores; “hay un muy alto estatus asociado a nuestros atletas”, dice Steve Meckfessel, director general de Ironman, la compañía de Tampa, EU, que licencia esta competencia a 22 sedes en el mundo.

Pero justo personas con buenos puestos y buenas finanzas pueden costear esta afición. Una bicicleta buena y ‘económica’ ronda los 5,000 dólares. Las citas con la nutrióloga, el entrenador, gimnasio, comidas y geles especiales se llevan 4,000 al mes; otros 4,000 en viajes cortos de entrenamiento, y unos 20,000 por el viaje a una carrera, detalla un competidor.

“Estos muchachos son gente especial, no se conforman con hacer las cosas normales, quieren más; hay un poco de masoquismo”, observa Marcelino Mérida, entrenador de Hiriart y del grupo Marmeri, con 30 miembros que irán a Cozumel.

Hiriart, de 32 años, es responsable “de varios miles de millones de pesos al año” en Wal-Mart y está al frente de un equipo de 10 gerentes y subgerentes. A su esposa, Diana Jurado, se la puede ver en las juntas del consejo de administración de Banamex; toma notas para las actas y da seguimiento a los acuerdos. Claro, los padres de ella preguntan: “¿Creen que así van a llegar caminando a los 60?”. Impacientes, han llegado a decirle: “¿O sea que vamos a cuidar bicicletas? Digo, para ir aprendiendo a engrasar y a desarmar”. Ese sarcasmo la desternilla de risa.

El Ironman atrae a mexicanos desde los años 90 pero está en auge desde hace tres años. Hay 1,000 practicantes, 15% son mujeres y tienen un ingreso promedio de 1.2 MDP al año, dice Jaime Cadaval, director de Asdeporte, la compañía de la que es accionista OCESA, y que tiene la licencia de Ironman en el país. Muchos son deportistas amateur que compiten para marcar su paso a los cuarentas o a la paternidad, añade.

Como el golf, este deporte está moldeando el carácter de muchos y también está tocando a los negocios. “Fulano es un Ironman” suena a grados de una hermandad semi secreta en un corporativo.

En el terreno genera una empatía, un respeto hacia el compañero de dolor. “Comen en el coche (para entrenar en la hora de comida). Cuando salen del trabajo y tratan de ir con la familia a distraerse, eso ya implica un esfuerzo extra”, dice el entrenador Mérida. Hay poco lugar para los amigos; acaso otros competidores, que tampoco se querrán desvelar.

“Los que están en esto tienen una personalidad como adictiva”, dice Hiriart, que lleva un tobillo vendado. “Eres muy obsesivo, te enganchas, como te puedes enganchar al cigarro o al trabajo”. Él no cree que ser Ironman tenga tintes épicos, como ven otros deportistas, que aseguran que ser un ‘Iron’ ya es indicador de disciplina, de capacidad de dar resultados. “Hombre, tampoco estás descubriendo la cura del cáncer. Simplemente estás un poquito más loco que la mayoría”. Él quiere hacer dos Ironman más en 2010. “Algún día tengo que tener hijos, ¿no?”.

Contra uno mismo

Como el Ironman, el golf también es un juego que exige mucho tiempo para ser un buen jugador, dice Agustín Pizá, un conocido diseñador de campos. “Es un deporte muy celoso y requieres ser miembro de un club, y tener por lo menos tres prácticas a la semana con dos juegos de tres horas cada uno para mantener un buen nivel”. Es una afición que pide soledad pero que trae mucha compañía. Y por eso ha sido tan natural cobijo para los negocios.peso-pesado.jpg

El Ironman, en cambio, es social sólo en entrenamientos de fin de semana, en los que coinciden rivales en los negocios. Pero en el día de la competencia, es una experiencia terriblemente solitaria. “En otras disciplinas se compite con otros. Aquí uno compite contra sí mismo”, dice Luis Álvarez, CEO de SAG–Mecasa, una fabricante de tanques de combustible para camiones. Él es el ironking mexicano. A sus 47 años, lleva 60 competencias y el récord de haber hecho todos los Ironman del mundo.

La absoluta soledad del deportista es parte del reto. Algunos mexicanos han subido sus crónicas a blogs en internet. Retortijones, ampollas, náuseas, vista nublada, calambres. Y la titánica lucha contra esa vocecita que dice “hasta aquí llegué”.

Giovanni Aloi, de GE, completó un medio Ironman –una carrera con la mitad de las distancias– y en julio de 2009 hizo la prueba completa. Él es categórico: “Fue mi primer y único Ironman. No tengo antojo de hacer otro en los próximos años”. En su experiencia, el “Ironman condiciona la vida de un hombre de una manera absoluta (...) ya no puede uno hacer nada más”. En Austria, Aloi compitió en frío extremo y enfrentó duro oleaje en un lago. “Tienes que estar muy fuerte para exponer tu cuerpo a una brutalidad de ese tamaño, y tener la determinación de acabar”. En la fase ciclista tuvo una caída anímica. “Lo único que quería era dejar por la paz eso, comer y descansar. En el kilómetro 21, mi esposa me preguntó cómo iba. Le dije ‘¡es un infierno!’”.

En sus relatos se entrelazan la gloria y el derrumbe. “Aunque suene payaso, llega un momento en que dices ‘¡ah!, ya nomás me falta el maratón”, añade Hiriart. Los últimos metros del maratón, cuando ya se ve la meta, son de una intensidad emocional que les cuesta describir. Al cruzar, alguien anuncia su nombre, edad y procedencia y grita: “Eres un Ironman”. Y esa afirmación los tatúa de un modo. Aloi dice que ésta “es la satisfacción más grande que me ha quedado en mi vida”.

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¿Cómo será convivir con alguien que trabaja 10 horas y entrena cuatro horas todos los días? Las familias y los amigos seguro tienen versiones agridulces de esta experiencia y hay quienes se refieren a ellos como seres egoístas o con un narcisismo supremo.

Según los ‘Irons’, esta experiencia les trae más medallas que las deportivas. Cadaval, de Asdeporte, lo expresa así: “Quien termina se vuelve un experto en administrar el tiempo”. Eso “los lleva a ser muy eficientes, efectivos. Son muy optimistas y, a la vez, realistas”.

“El perfil psicológico del deportista de resistencia puede ser similar al del líder metódico, con capacidad de enfoque y de sacrificio”, opina Ramón López, vocero de GE y Medio Ironman. “En GE son gente muy enfocada y que les va bien en la compañía”.

Hay quienes ven similitudes entre los desafíos del atletismo, el Ironman y los negocios. “Para llegar a la meta entrenas, entrenas; para lograr una venta estás, estás y estás”, dice Cibelle Hernández, fundadora de Avi Glass, una empresa de vidrio para la construcción en el DF. Ella y su esposo, Jorge González, de 44 años, hacen al año seis triatlones, un maratón, un medio Ironman, carreras de 10 kilómetros y siete medios maratones. Como en los negocios, es determinante la capacidad de “plantearse objetivos a corto, mediano y largo plazo, de medir tus límites, de escuchar a tu cuerpo, saber hasta dónde puedes llegar”, dice él, CEO de GP Arquitectos, un despacho de construcción.

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El ironking Luis Álvarez pregona que el terminar esta carrera es “romper el paradigma de cualquier cosa que se pudiera hacer: se puede reconstruir una empresa, crear una empresa, todo se puede intentar”.

Diana Jurado no deja de estar de acuerdo con algunos de quienes los critican: “Efectivamente, esto no es sano. Sano es hacer 30 minutos de ejercicio al día, no cinco horas. (...) No me desvelo, no como postres, no fumo, no bebo. Mi vida es como tibetana, pero con ejercicio”, dice la abogada de 29 años que, sin embargo, está feliz de hacerlo y de que sea proyecto de pareja.

En el Autódromo Hermanos Rodríguez, ya todo mundo muere de hambre el sábado 17 de octubre, cuando el entrenamiento termina. “Ve, son las dos de la tarde”, dice Jurado, “vamos a llegar corriendo a una comida en la que vamos a estar con el ojito medio cerrado”. Luego, a descansar porque el domingo ella y Mauricio Hiriart harán cinco horas de bicicleta.


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