Mahahual, otro universo

Para realmente conocer el Caribe, es preciso sumergirse en sus profundidades y asomarse al mar.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
El miedo de muchos, gloria de pocos 5 - 5
Huésped de La Posada de los 40 Cañones. (Foto: Grace Navarro) Huésped de La Posada de los 40 Cañones. (Foto: Grace Navarro)
¿Qué sería del mar sin las historias macabras sobre tiburones? Desde siglos atrás, los poemas sobre la belleza del mar han competido con las leyendas que temen a este devorador de embarcaciones. No obstante, el clásico cinematográfico de Steven Spielberg sumó al imaginario colectivo el terror final. 

Antes de este viaje creía que nadie en su sano juicio desearía un encuentro con el gran depredador de los mares. Incluso cuando escuchaba a buzos expertos conversar con ímpetu y entusiasmo sobre sus encuentros, me parecía loco y desbordado. ¿Pagar por ver un tiburón en su hábitat natural? Nunca. Pero a veces la suerte y la casualidad nos llevan por caminos inimaginados, y en el momento menos pensado el azar te enfrenta con tus temores para ayudarte a descubrir que, en realidad, el miedo puede transformarse en una experiencia terriblemente seductora. 

Fue en la segunda inmersión que hice en la Reserva de Chinchorro, en un sitio llamado La Baliza, donde, a lo lejos, entre rocas, peces y corales, vislumbré al tiburón punta negra. Un metro y medio de un ejemplar bellísimo, esbelto, fuerte, vigoroso, con su aleta principal de color negro que, para mi sorpresa, huyó de nosotros nadando justo en sentido opuesto y mostrándose muy poco interesado en devorarnos... vaya, ni siquiera parecía interesado en voltearnos a ver. ¿Miedo? Sí, claro que sentí miedo; una buena inyección de adrenalina vino a perforar el neopreno de mi traje y recorrió mi cuerpo, pero, al mismo tiempo, pude sentir una tranquilidad en las profundidades del mar que me cautivó y me provoca a gozar esta proeza una vez más.

Siempre he pensado que el mar Caribe es caprichoso, pero eso no es ningún obstáculo para que me parezca al mismo tiempo magnánimo. Al día siguiente, como si hubiera leído mis pensamientos, buceando en El Chino, cerca de Mahahual, el espectáculo se volvió a hacer presente en un nuevo paisaje conformado por coloridas cañadas con caracoles rosados en el fondo y preciosos ejemplares de pez ángel jugueteando libremente. Como dándonos la oportunidad de despedirnos de una manera triunfal, el mar Caribe nos dejó entrever un hermoso tiburón gato, una pieza pequeña con sus características manchas.

Hablar de tiburones puede ser la peor invitación para los que quieren iniciarse en el buceo, pero toparse con ellos es una experiencia increíble y fuera de lo común. De hecho, podría ser el tesoro más preciado para los buzos experimentados. Asimismo, la fama que tiene el tiburón de ser un violento depredador ha sido debatida por la mayoría de los científicos, ya que las posibilidades de ser atacado por un escualo son infinitesimales, sobre todo si tomamos en cuenta que de las trescientas especies conocidas sólo cuatro han atacado a seres humanos.

Arthur Clarke, escritor y científico británico, decía que era inapropiado llamar Tierra a este planeta cuando era evidente que debería llamarse Océano. Sumergirse en sus profundidades y explorar estos paisajes de coral es una experiencia que ningún viajero debería perderse. Imagínate, si en el mar la vida es más sabrosa, ¿cómo será dentro de ese universo al que llamamos mar?

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