Mahahual, otro universo

Para realmente conocer el Caribe, es preciso sumergirse en sus profundidades y asomarse al mar.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
Viaje a la isla submarina 3 - 5
Las iguanas son de los pocos peatones que encontraras en estas playas. (Foto: Grace Navarro) Las iguanas son de los pocos peatones que encontraras en estas playas. (Foto: Grace Navarro)
Llegamos a Mahahual después de una parada obligada en la laguna de Bacalar, famosa por sus siete tonos de azul y sus insólitos estromatolitos, que son considerados los organismos vivos más antiguos del planeta; debo decir también que este lugar es uno de los más hermosos que he visto en mi vida.  

En Mahahual recorrimos el malecón, cenamos un deliciosa crepa flameada al brandy y un panna cotta al cioccolato en el restaurante Luna de Plata. Luego, como dicta el manual de buceo más conservador, nos fuimos a dormir para comenzar nuestra jornada de buceo a las primeras horas de la mañana siguiente.

El amanecer llegó con un sol esplendoroso.  Así que, de muy buen ánimo, tomamos el sagrado café de cada día, un desayuno ligero y zarpamos para conquistar la reserva de la Biosfera Banco Chinchorro. Los ánimos eran enérgicos, pero el mar Caribe es caprichoso, así que el viento se encargó de convertir un paseo soleado en una aventura de rodeo, como si fuéramos jinetes queriendo dominar el mar. Aun así, y a pesar de los mareos, llegamos a las aguas calmadas de Chinchorro después de un largo trayecto. Normalmente el viaje se realiza en menos tiempo, pero a causa del oleaje tuvieron que pasar casi dos horas para llegar a esta agua de ensueño.

El color turquesa fue el primer indicador de que habíamos llegado a nuestro destino. Más tarde apareció Cayo Centro, uno de los tres islotes que, junto a Cayo Lobo y Cayo Norte, conforman la parte terrestre de Chinchorro. El paisaje terminó de dibujarse cuando los palafitos aparecieron frente a nuestros ojos. Entonces supe que este viaje sería una feliz y prodigiosa experiencia.

"¿Quién vive ahí?", preguntamos todos los tripulantes, asombrados de que, en medio de la nada, se erigieran pequeñas casas sobre el mar. Desde antes de ser proclamado como reserva natural, Chinchorro, particularmente Cayo Centro, era famoso entre los pescadores de Mahahual y Xcalak -un rinconcito del Caribe mexicano que también vale la pena explorar- porque en sus cercanías se puede extraer langosta y caracol rosa -especie actualmente protegida-, entre otros peces de consumo humano, como el mero, el huachinan-

go y la barracuda. Actualmente, estos palafitos continúan siendo utilizados por los pescadores de la zona, que pasan largas temporadas en Cayo Centro y que, junto a los investigadores científicos, son los únicos habitantes de este paraje inhóspito.

Luego de un chapuzón a las orillas de Cayo Centro, donde pudimos ver con  esnórquel una hermosa raya látigo y cientos de peces moviéndose en sincronía, llegamos al pequeño muelle, donde fuimos recibidos por una extraña balsa que, a simple vista, parecía "fuera de lugar".

Después de olvidarse del mundo resulta difícil poner a trabajar la memoria ram: archivos mentales, imágenes olvidadas, periódicos, noticias y el vago recuerdo de diecisiete balseros originarios de Cuba que fueron rescatados e interceptados por la autoridades justamente en esa barca y en este islote, hogar de descomunales iguanas, de la lagartija anolis, de cómicos cangrejos ermitaños y de aproximadamente 160 cocodrilos que habitan en la laguna interior.

Me sorprende pensar que Cayo Centro, con tan sólo 5.6 kilómetros cuadrados, y sus alrededores, además de ser un museo marítimo y un muestrario de todo tipo de especies, también sea una cátedra de historia con navíos de todas las épocas. Anclas, timones, artillería, cerámica, objetos y embarcaciones hundidas atestiguan más de cinco siglos de navegación interoceánica donde carabelas, galeones, navíos, barcos pirata, balsas y balleneros españoles, holandeses, ingleses y mexicanos han recorrido estos mares.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (Inah), en la Reserva de Chinchorro están catalogados 68 sitios arqueológicos que conforman el patrimonio cultural subacuático de la zona. El lugar más famoso se llama La Posada de los 40 Cañones -como el hotel donde me hospedo- y está conformado por restos de un navío del siglo XVII, que para mi desgracia no pude conocer debido al mal clima.

SIGUIENTE: Las delicias del mar



Zona de comentarios
Comparte esta liga: 
Imagen Usuario
identificado como: [Salir]
Restan  caracteres