Asegura la educación de tu hijo

Los seguros para los pequeños prometen cumplir los sueños de los padres, pero tienen un precio; otras opciones son garantizar una cifra de ahorro o emprender un plan de inversión propia.

Por: Roberto Morán y Tania Moreno |
Lunes, 22 de febrero de 2010 a las 06:00
Decidir entre un seguro o un plan de inversión es más un tema de perfil del cliente. (Foto: Jupiter Images) Decidir entre un seguro o un plan de inversión es más un tema de perfil del cliente. (Foto: Jupiter Images)

Una carrera en una universidad privada mexicana vale entre 390,000 y 650,000 pesos. Estudiar en Harvard puede costar 149,760 dólares, sólo la colegiatura. Para juntar una cantidad así, el momento para empezar a ahorrar es el nacimiento del hijo, si no es que antes. En México hay dos caminos principales para hacerlo: comprar un seguro de educación y garantizar una cifra de ahorro, o emprender un plan de inversión propia.

A primera vista, los seguros educativos parecen demasiado costosos. Por ejemplo, si alguien contrata con GNP un plan con una cifra garantizada de ahorro de 30,000 dólares, al final de 17 años, deberá desembolsar cerca de  29,104 dólares durante ese tiempo, en pagos de 1,712 dólares anuales. Eso significaría un rendimiento anual de apenas 0.34%. En cambio, si depositara esa misma cantidad cada año en un fondo con un rendimiento de 6% anual, podría juntar 51,198 dólares, al cabo de 17 años.

Pero los seguros de educación protegen contra los tres riesgos principales que puede tener un plan de inversión personal.

El primero es el del fallecimiento de quien aporta el ahorro. En el pago anual se incluye la prima de un seguro de vida. En el ejemplo de GNP, proporcionado por Eloy López, asesor del sitio www.previsionfinanciera.com, el seguro garantiza un ahorro de 30,000 dólares, y da una protección por fallecimiento por 90,000. En caso de invalidez del padre, ya no cobra las cuotas anuales y, además, le paga 90,000 dólares.

El segundo riesgo sería no alcanzar el ahorro proyectado. Si el usuario invierte por su cuenta, podría obtener 6% de rendimiento anual o más, pero también está expuesto a perder, mientras que con el seguro la cifra está garantizada. El tercer riesgo es el cambiario y para evitarlo, el ahorro se cotiza en dólares.

Hay un cuarto riesgo implícito en los planes de inversión individuales, y tiene que ver con la conducta de quien los emprende: que el usuario deje de ahorrar o destine el dinero a otro objetivo. “Tener un programa de ahorro educativo te fuerza a ahorrar”, comenta Jorge Vargas, director ejecutivo de Mercadotecnia de Seguros Monterrey New York Life. “Siempre tenemos nuestros propósitos del año, que ahora sí voy a hacer ejercicio y a ahorrar 10% de mi sueldo. Llega marzo y no he ido ni una vez al gimnasio ni he ahorrado”.

Los seguros también incluyen penalizaciones, en caso de que el usuario interrumpa el ahorro o decida sacar el dinero. Así se evita que lo que sería la educación de los hijos se convierta en “una sala nueva”, como dice Eloy López. Las penalizaciones pueden ser muy altas, advierte María Eugenia Castillo, directora de Capital Humano de Skandia fondos de inversión. Es probable que si alguien decide cancelar el plan en los primeros seis años, recupere menos de la mitad de lo aportado. “Es un seguro caro y una inversión mediocre”, sentencia.

Sin embargo, decidir entre un seguro o un plan de inversión “es más un tema de perfil del cliente” que de las características objetivas de cada uno de ellos, explica Ricardo Ruiz, director de Vida y Ahorro de Seguros AXA. “Con los productos dotales (el nombre genérico de los seguros de educación), el rendimiento esperado de la parte de ahorro no es muy elevado”, reconoce Ruiz, pero siempre está garantizado.

Si alguien quisiera probar suerte con un plan por su cuenta, tendría que combinarlo con un seguro de vida, recomienda López. Ya hay algunos productos en el mercado mexicano. Distribuidoras de fondos de inversión, como Fóndika, Skandia y MasFondos, permiten abrir cuentas a nombre de menores.cual-es-el-plan.jpg

En MasFondos se puede escoger entre un plan, llamado MasEducación, que incluye un seguro de vida con protección equivalente a la meta de ahorro, y un esquema de inversión pura. Puede abrirse con un mínimo de 10,000 pesos, pero si el usuario aporta 100,000 pesos para empezar, ya puede invertir en fondos más agresivos con mayores expectativas de rendimiento. “Como son planes a 18 años, al principio todo podría estar en renta variable”, dice Alejandro Ritch, director de Productos de MasFondos.

Ritch sugiere que la inversión se haga en los fondos “life-style”, es decir, portafolios con una cierta fecha de maduración, bautizados con el año en que vencen. El fondo 2020 es mucho más conservador que el 2040, porque éste todavía puede asumir más riesgos (de altibajos) con tal de obtener buenos rendimientos. La operadora va modificando la estrategia a medida que se acerca la fecha de vencimiento.

También las aseguradoras están dispuestas a ofrecer una mayor flexibilidad. GNP, por ejemplo, sugiere que los padres que quieren ahorrar para la educación de los hijos también destinen una parte del esfuerzo a prever para el retiro y combinar los productos Profesional y Vida Inversión.

Jaime Massieu, director de Prudential Seguros, advierte que el cliente no debería ir a buscar un producto determinado, previamente empaquetado, sino que necesita tener una sesión con un asesor para que entre los dos definan cuál es el seguro y el plan de inversión que más le conviene.

Además de fijarse un objetivo de ahorro, el cliente tiene que tomar en cuenta su edad, su capacidad de aportar una cierta cantidad anual y su disciplina. Para definir el mejor plan, tendría que saber qué está dispuesto a sacrificar por conseguir el objetivo.

Dónde poner el dinero

El ahorro para un menor de edad puede ser etiquetado para que se utilice para un objetivo específico, gracias a los fideicomisos. Así, los padres de familia se evitan una preocupación extra: si el joven usará bien los recursos.

El fideicomiso tiene una vigencia mínima de seis meses a partir de la fecha en que el beneficiario, llamado fiduciario, recibe la suma asegurada correspondiente, y no puede exceder los 50 años, de acuerdo con el artículo 394 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito.

“En nuestros planes educativos tenemos contempladas duraciones aproximadas de cinco años para la universidad y de dos para un posgrado”, explica el director de Vida y Ahorro de AXA México, Ricardo Ruiz.

Una vez que el fiduciario entra a la universidad o a un posgrado puede optar por recibir el ahorro a través del fideicomiso, lo cual permitirá administrarlo mejor obteniendo rentas mensuales durante el número de años que se necesite escuela.

Un producto similar tiene la distribuidora de fondos MasFondos. En el contrato puede especificarse que el monto ahorrado sólo puede utilizarse para pagar la educación de los hijos.

Tanto el fideicomiso como el seguro educativo están regidos por un contrato, pero la principal diferencia es que mientras el seguro educativo garantiza una suma determinada, el fideicomiso se puede administrar con una estrategia que busque mayores rendimientos, explica Eduardo López, profesor de la Escuela de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Panamericana (UP).

Una ventaja del fideicomiso es que no hay penalizaciones por terminar el plan de ahorro, algo que sí incluyen los planes de las aseguradoras.

Su contratación puede hacerse en moneda nacional o en dólares, dependiendo de la necesidad del contratante.

Los fideicomisos son ofrecidos por instituciones de crédito, de banca múltiple, sociedades nacionales de crédito, casas de bolsa, aseguradoras, instituciones de finanzas y Sofoles.


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