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Columna invitada

El riesgo de las seudorreformas

El reto del gobierno será profundizar en las reformas que el país requiere, escribe Sabino Bastidas; Peña Nieto tendrá que elegir entre la popularidad o la confrontación propia de un cambio verdadero.

Por: Sabino Bastidas Colinas* |
Miércoles, 13 de febrero de 2013 a las 06:00

Dicen que el 13 es el número de la suerte de Enrique Peña Nieto. Recientemente, comentó en una reunión de trabajo con colaboradores que "2013 sería su año" y que además "sería el año de México".

En el país se percibe, sin duda, un ambiente distinto. Cambió el gobierno, las formas y el ambiente político. Quién sabe cuánto dure esta 'luna de miel', pero durante las primeras semanas del nuevo gobierno, se ha posicionado la imagen de un presidente conciliador, que no confronta, que puntualiza compromisos, que plantea proyectos, que habla de políticas públicas y que toma decisiones.

Por cansancio, o por contraste con el gobierno de Calderón, pero hasta los más críticos y escépticos parecen darle a Peña el beneficio de la duda.

Es claro que gobernar es también crear ambientes, generar expectativas, construir posibilidades y entornos propicios. Y el gobierno de Peña lo está haciendo. Está tratando de crear un entorno diferente, lleno de símbolos e imágenes: su protesta en San Lázaro, el saludo a Josefina Vázquez Mota, el encuentro con Miguel Mancera y el 'Pacto por México' son algunos de los indicadores de que se está haciendo política y la señal de que pueden avanzar las reformas estructurales.

El 'Pacto por México' firmado en el Castillo de Chapultepec parece ser el eje de su estrategia reformadora. Conforme el sexenio avance, sus fortalezas y debilidades se podrán de manifiesto. El instrumento presenta tres riesgos claros: dispersión, la lógica del chantaje y la tentación de popularidad.

* Dispersión. En México casi todo es reformable. El pacto tiene ¡95 compromisos! Además, los negociadores tienen otros tantos en un largo listado en el que todavía no hay coincidencias. Por supuesto, no todos los temas planteados son de igual jerarquía y es claro que quien tiene 95 prioridades no tiene ninguna.

El reto del Ejecutivo está en su capacidad para elegir, para priorizar, para jerarquizar y para ir al fondo de los temas verdaderamente importantes.

* La lógica del chantaje. El pacto dio pero puede quitar. No es la primera vez que los partidos se sientan a pactar y se toman la foto. Pasó sin grandes resultados en 2001 y en 2006. Sería ingenuo pensar que el solo cambio de elenco modificará el comportamiento.

El Pacto se firmó con dos líderes de oposición débiles, que vienen de la derrota y sujetos a severas críticas y turbulencias al interior de sus partidos. Es previsible que el chantaje político sea un tema de todos los días. Además, una sutileza: un pacto con partidos en México no es un pacto parlamentario, ni es un pacto con los factores reales de poder.

Peña entregó parte de su legitimidad a cambio de la foto. Conservar a los jugadores en la mesa eleva el poder de sus opositores y es probable que el chantaje de permanecer en el Pacto debilite la profundidad y trascendencia de las reformas.

* La tentación de popularidad. No hay reformador simpático. Nadie puede reformar y al mismo tiempo ganar un concurso de popularidad. Reformar es afectar, es perturbar. El riesgo de Peña es caer en la tentación de optar por el aplauso y querer conservar la popularidad a toda costa. La conciliación, la devoción por el consenso y la aversión al conflicto y a la confrontación no son cualidades de un buen reformador.

¿Puede lograrse una reforma fiscal de verdad con el aplauso de la sociedad y de los empresarios? ¿Puede lograrse una auténtica reforma energética con el aplauso de las izquierdas? Tú ya contestaste. Para reformar hay que optar, arriesgar y enfrentar.

Para dar 'el estirón', México necesita reformas. Pero no cualquier tipo de reformas. México necesita reformas de país adulto, que van a ser incómodas, difíciles, dolorosas y que no van a gustar a todos.

Lo peor que nos puede pasar es que simulemos reformar, o que las grandes reformas se deslaven y se conviertan en seudorreformas.

Para que 2013 sea "el año de México", tiene que haber reformas de verdad. Peña necesita convertirse en un reformador consistente y el PRI necesita acompañarlo con reformas serias para legitimar y justificar su regreso al poder.

*Sabino Bastidas Colinas, consultor y analista político, director de Pensar Diferente Consultores. Es columnista de la revista Expansión. Comentarios: opinion@expansion.com.mx


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