México y Brasil: comparación obligada

Ambas son las economías más grandes de Latinoamérica; pero la nación carioca nos lleva ventaja. Su política económica se refleja en la expansión de algunos sectores, aunque otros siguen estancados

Por: Dino Rozenberg |
Lunes, 25 de enero de 2010 a las 13:03
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, se ha destacado por su papel conciliador con los inversionistas de ese país. (Foto: Archivo AP) Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, se ha destacado por su papel conciliador con los inversionistas de ese país. (Foto: Archivo AP)
CIUDAD DE MÉXICO (Manufactura) — A finales del año pasado, durante una conferencia en la ciudad de México, el Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, dijo que México ha estado tomando decisiones fiscales equivocadas que comprometen su desarrollo, mientras que Brasil pasó la recesión casi sin sentirla, y que está listo para la recuperación.

Explicó que Brasil diversificó sus exportaciones, en particular con Asia; reguló mediante impuestos el flujo de capital externo y fortaleció su mercado interno. Sus resultados económicos contrastan mucho con los de México, cuya industria exportadora fue gravemente golpeada.

Las enconadas reacciones que despertó Stiglitz revelan un fenómeno interesante: que México se compara en muchos aspectos y tiene celos de los éxitos de Brasil. En realidad, existe la percepción de que el país carioca avanza mejor y más rápido, en tanto que la industria mexicana sigue atorada en la indefinición.

Brasil es uno de los miembros del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), en el que México nunca fue incluido. Alguna vez se explicó que ya iba delante de ellos en materia económica, y que, en su lugar, debía unirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En lugar de eso, ahora deberá esperar hasta mostrar una mayor madurez.

El caso es que Brasil tiene mucho para presumir: es autosuficiente en petróleo y el mayor productor mundial de etanol, con 17,000 millones de litros y la posibilidad de crecer 30% en los siguientes 15 años. En 2007 se descubrieron yacimientos en la costa atlántica que garantizan la producción petrolera durante una década más. Petrobras, la empresa petrolera estatal, figura entre las más grandes y capitalizadas del mundo, y es un ejemplo de integración con la inversión privada y el desarrollo tecnológico. El país carioca no sólo tiene una fábrica de aviones de alta tecnología —Embraer—, sino que, además de esto, le arrebató a su vecina Argentina el liderazgo en varias industrias, entre ellas la automotriz.

El boom económico e industrial de Brasil es sostenido por una plataforma financiera que incluye los cinco bancos más grandes de América Latina: Itaú, Do Brasil, Bradesco, Santander y Caixa Económica Federal. No es casualidad que las tres principales calificadoras —Standard & Poors, Moody's y Fitch Ratings— hayan dado el grado de inversión a la deuda pública brasileña, y que el gobierno de Lula invirtiera 10,000 MDD en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El legado de Cardoso

Aunque muchas personas atribuyen todo este milagro al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, lo cierto es que esa gloria deberá ser compartida con su antecesor, Fernando Cardoso, un sociólogo de gran prestigio que accedió a la presidencia durante dos periodos (1995 a 1999 y luego reelecto hasta 2003). Sus drásticas medidas en la crisis financiera dieron resultado durante la gestión de Lula y le ayudaron a capear un temporal que derrotó a otros países más ricos. Lula también aportó lo suyo, como el Pacto nacional contra la pobreza, la corrupción y la inflación que propuso en sus primeros días de mandato.

Si en los inicios de su campaña Lula fue visto con desconfianza por su origen sindical y el rótulo de populista, se convirtió en una especie de celebridad por su sentido del equilibrio y su papel conciliador con los inversionistas. Eso tiene frutos. En 2009 la inversión externa directa (IED) creció 30% respecto del año anterior, una cifra que contrasta con la caída de 14% a nivel mundial.

En un estudio reciente, el periódico The Economist atribuye estos resultados a una combinación de factores. "Para entender por qué Brasil entusiasma tanto a los brasileños y a los extranjeros, hay que recordar la profunda caída que ocurrió hacia 1990. También las decepciones del pasado explican tres cosas que los observadores rara vez comprenden: su resistencia a participar de manera plena en los mercados abiertos, la confianza en la administración de las empresas y las finanzas públicas, y sus tasas de interés consistentemente elevadas (entre 8-8.5%)."

Podría decirse que esta etapa de desarrollo económico nació en 1994, cuando Cardoso, entonces ministro de Hacienda, introdujo el real y lo fortaleció a tal grado que, cinco años más tarde, podía flotar libremente contra el dólar. Cabe destacar que lleva una década así.

El otro Brasil

El despegue de la industria brasileña, aunque es espectacular, también tiene sus límites y sus riesgos. Si bien Argentina y Brasil se han lucido en el campo de la biotecnología como los mayores productores de cereales, sobre todo soya y maíz, algunos expertos anticipan que las tierras de cultivo podrían empobrecerse debido al empleo de herbicidas agresivos como el glifosato.

Otro síntoma de preocupación es el lento crecimiento de la productividad industrial y el fortalecimiento de la moneda, fenómeno que termina por encarecer las exportaciones.

Las inversiones dirigidas a la educación no han sido suficientes para elevar los niveles de capacitación, y buena parte de la infraestructura pública está en malas condiciones, lo que genera graves pérdidas en un país tan extenso y donde las grandes industrias están concentradas en una región relativamente pequeña. El éxito del etanol tiene sus detractores, que denuncian una creciente deforestación de la Amazonia para abrirle espacio a los nuevos cultivos de caña.

Aunque los números no siempre revelan la realidad de las economías nacionales, hay algunos definitivos: el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá en 2009 casi 10% y se espera que, en 2010, crezca 3%, lo que en la práctica debe entenderse como un rebote. Brasil, por el contrario, vino creciendo por encima de 5% anual, tuvo un retroceso en 2009 y, según cifras de la OCDE, podría registrar un avance de 4.8% en 2010. Ya en el tercer trimestre de 2008 alcanzó un superior a 6.8%.

Aun con expectativas positivas, algunos analistas están preocupados y se preguntan si la economía está ‘sobrecalentada', y si la producción industrial corre el riesgo de saturar los mercados y acumular excedentes. Las cámaras industriales ya hablan de pisar el freno debido a una contracción de 0.4%. En un informe publicado por la Confederación Nacional de la Industria (CNI), se asegura que el PIB industrial será afectado debido a la caída en las exportaciones y la producción.

En los primeros meses de 2010 podrá verse el panorama con más claridad. Aunque las calificadoras de riesgo colocan a Brasil en los niveles bajos del grado de inversión y a México tres escalones arriba, en noviembre pasado todavía no estaba decidido si sostendrían esa valuación de la deuda mexicana. Por lo pronto, Fitch y S&P estaban considerando observaciones negativas debido a la baja recaudación fiscal y la problemática hacienda pública.

Aunque la decisión de las calificadoras sea objetada, como las declaraciones del Premio Nobel Stiglitz, lo cierto es que tienen consecuencias directas en el precio del dinero, las tasas de interés y el flujo de inversiones. Como puede verse, los paralelismos y las diferencias entre México y Brasil —y también los celos—, seguirán vivos.


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