¿Demasiada información?... desenchúfate

Timothy Ferriss es un treintañero que pregona jornadas más cortas y menos email; sus lecciones de negocios enfocadas a eliminar información inútil han cautivado a los empresari

Por: Alex Williams |
Viernes, 21 de diciembre de 2007 a las 16:11
Expansion
Las lecciones se enfocan al cómo eliminar la información inútil.
Las lecciones se enfocan al cómo eliminar la información inútil.
Ferris dirige su propia empresa de suplementos alimenticios. (Jodi Hilton/ The New York Times)
Ferris dirige su propia empresa de suplementos alimenticios. (Jodi Hilton/ The New York Times)

Como uno de los emprendedores más respetados de Silicon Valley, Marc Andreessen es un buen conocedor de lo que llama ‘pornografía de la productividad’ o técnicas para maximizar la productividad personal.

Pero desde hace unos meses, Andreessen (uno de los fundadores de Netscape Communications y más recientemente de Ning, proyecto que permite a los usuarios desarrollar sus propias redes sociales) está cautivado con Timothy Ferriss, un autor motivacional juvenil recién aparecido, cuyo currículum incluye episodios como haber sido profesional del kickboxing y campeón de tango.

Las lecciones de negocios de Ferriss –enfocadas en eliminar información inútil– son el resultado de seis años al frente de una modesta compañía de nutrición para el deporte, que sobre todo vende por internet suplementos para aumentar el poder muscular de atletas, pero eso, al parecer, no resulta muy relevante para Andreessen, una luminaria en los círculos de la tecnología, y él no es el único en el Valle del Silicio entusiasmado con Ferriss. “Tim básicamente toma todas las teorías acerca de manejo del tiempo y productividad personal de los últimos 20 y 30 años, y las reduce a 11”, explicó Andreessen en un correo electrónico.

Después de leer el reciente best seller de Ferriss, The 4-Hour Workweek (La semana de cuatro horas), Jason Hoffman, fundador de Joyent, empresa que diseña software para Pyme, apresuró a sus empleados a renunciar al Messenger y el multitasking. “De hoy en adelante –les dijo–, usaremos el correo electrónico de manera muy restringida y conduciremos el negocio a la antigüita: por teléfono”. Al hablar de los resultados Hoffman recordó: “De pronto, tenían las tardes libres y el lunes no lo sentíamos tan aplastante”.

La primavera pasada, Jason DeFillippo, fundador de Metroblogging Global Blog Network –compañía que administra más de 700 blogs– escuchó, en una conferencia de alta tecnología, la arenga de Ferriss acerca de la ‘dieta baja en información’. Antes de que la conferencia hubiera terminado, DeFillippo, residente en San Francisco, había ordenado ya su libro por Amazon, y poco después de leerlo se ‘puso a dieta’. Su desagradable adicción por el lector de entradas RSS (un administrador de contenidos de blogs) es ahora una cosa del pasado, asegura. “Es difícil de describir”, comenta DeFillippo, de 36 años, “pero de pronto la vida fue más apacible”.

Ferriss, de 30 años, nunca ha manejado una compañía de tecnología. Jamás ganó millones en una oferta pública inicial. Aun así, y sin hacer una gira de presentaciones, su libro se convirtió rápidamente en un best seller. Sobre todo gracias al parloteo en los chats de la comunidad de tecnología. Se ha vuelto el gurú mascota de Silicon Valley, justamente por hablar de renuncia en la tierra de los gadgets. Desenchúfate. Escabúllete bajo las pilas de datos. Resiste con fuerza al torrente de información. Sus métodos incluyen practicar la ‘ignorancia selectiva’. Él descarta comunicados poco útiles, parloteos e, incluso, noticias del mundo exterior.

¿Crisis de trabajo? Pague a alguien más para que lo resuelva, en el mejor de los casos, en Bangalore. En una apuesta con conocidos, Ferriss contrató en el extranjero a gente capaz, y mal pagada, para que le encontraran pareja (y funcionó).

Una vez que logre limpiar el ‘e-desorden’, argumenta, tendrá tiempo para ir a bucear a Belice (como hace él) o, al menos, fantasear con la idea.

La comunidad de tecnología comparte un gran deseo por escapar, afirma Fabio Rosati, CEO de Elance, empresa de California, que hace outsourcing para profesionales y pyme, y que ahora transmite un testimonial pirata de Ferriss en su portal. Por eso tanta gente está trabajando jornadas de 14 horas al día: para pegarle al gordo y luego salirse de trabajar.

Pero Ferriss está vendiendo la encantadora promesa de que usted no tiene que esperar a que ocurra una gran y, hasta mítica, venta de su negocio. Como dijo Rosati: “Silicon Valley es única en tanto que hay un muy profundo espíritu emprendedor y muy ambiciosa gente, pero siempre están pensando: ‘si tan sólo pudiera tener  una hora más al día, podría salir a andar en bicicleta, o podría ir a surfear’. Tim está evangelizando ese estilo de vida”.

No todos en California están convencidos con sus ideas. “Parece que no puedes andar dos pasos sin que alguien lo mencione”, dijo Po Bronson, autor de The Nudist on the Late Shift And Other True Tales of Silicon Valley (El nudista en la guardia nocturna y otras historias verídicas de Silicon Valley). Con todo, Bronson no sabe de nadie que, habiendo leído el libro, hubiera abandonado el cubículo para, en lugar de trabajar, estudiar yabusame (arquería a caballo) en Japón, como hizo Ferriss en 2007.

Como la mayoría de los gurús motivacionales, Ferriss pinta a los lectores una historia dramática, repleta de recuerdos de los días grises, cuando él se sentía perdido en la selva –o al menos en un café internet en Florencia, Italia–, trabajando 10 horas al día para su compañía de suplementos alimenticios, en lugar de estar disfrutando sus vacaciones, que en 2003 lo llevaron allí. Con una narración predecible, cuenta cómo supera una crisis nerviosa detonada por su trabajo, con una serie de votos para eliminar todo lo que se impone en el camino a su felicidad, comenzando por su Treo. “La BlackBerry y el email no son malos por sí mismos”, escribió, “son sólo como la medicina: es la dosis la que hace al veneno”.

Ferriss puso sus pensamientos en acción. Dejó a aquellos clientes que implicaban más trabajo de lo que valían. Redujo a su personal de 250 a menos de 15 colaboradores, subcontrató y los instruyó para manejar todo. Más que nada, se volvió implacable con el correo electrónico. Contrató asistentes en India y Filipinas para que revisaran y respondieran a la mayoría de los mensajes. Aún hoy, añade, sólo revisa correos una vez al día, a las dos de la tarde, y sólo lee aquellos marcados como urgentes por sus asistentes.

Con todo ese tiempo de sobra, comenta, está viviendo una vida como la sueñan otros para después del retiro. Tan sólo en los últimos dos meses ha viajado a Escocia, Cerdeña, Viena y Bratislava, además de Japón, y dirige una compañía que, asegura, le deja un cheque personal cada mes de una cifra de cinco dígitos.

No es de sorprender que algunos de los acólitos de Tim Ferriss descubrieran que seguir esa dieta baja en información puede poner en líos al sistema. Ryan Carson, quien organiza conferencias de tecnología alrededor del mundo, desde su sede en Bath, Inglaterra, dice que ahora que leyó The 4-Hour Workweek “me llego a tardar entre dos y tres días en responder correos electrónicos. La gente se enoja un poco”. Más aún, Carson hizo que su compañía, Carsonified, comenzara a trabajar semanas de cuatro días laborales, después de escuchar a Ferriss en una conferencia, en Austin, Texas, en marzo. “Yo sólo pensé ¿quién hizo la regla de que debes trabajar cinco días a la semana?”, relata Carson. Sus empleados ahora comprimen el trabajo de cinco días en cuatro, en parte porque redujeron las distracciones. (Todos ellos también son fans de Timothy Ferriss, aseguró.)

Sus críticos argumentan que Ferriss no es el primer gurú de superación personal que predica una vida libre de desorden. Es cierto, ésa es una de las nociones más exploradas en los libros de autoayuda.

Hasta sus admiradores, como Andreessen, se burlan de la idea de que alguien en Silicon Valley –y menos que nadie, el ocupadísimo Ferriss– pueda cortar de tajo el tiempo de oficina en un factor de 10 o más. Es cierto, Ferriss se jacta de poner en práctica lo que predica, al menos si tenemos en cuenta la autopromoción como ‘trabajo’. “Si tu definición de ‘trabajo’ es esa actividad que realizas por el dinero y que querrías hacer menos, como con mi compañía, yo paso mucho menos de cuatro horas a la semana en eso”, apunta.

Para él, las demás cosas (dar conferencias en el corporativo de Google y PayPal, bloguear sin parar en su portal www.fourhourworkweek.com) son, ‘evangelizar’, asegura.

The New York Times Sindicate