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La historia detrás de Carlos Slim

Esta es la trama de cómo el hijo de un tendero llegó a amasar una fortuna de 59 mil mdd; no utiliza computadoras, pero ha usado su poder para construir su imperio: “Slimlandia”.

Por: Stephanie N. Mehta |
Martes, 07 de agosto de 2007 a las 06:00
Fortune
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“Recuerdo el tiempo en que el valor de las empresas de mi padre era muy módico” evoca Patrick, el hijo más joven de Carlos Slim Helú. Eran al inicio de la década de los 80’s y México se encontraba sumergido en una enorme crisis financiera. Slim reunía a sus tres hijos adolescentes en el salón de la casa familiar y les daba lecciones de economía, les presentaba una lista escrita a mano con ejemplos de cómo una compañía aseguradora mexicana vendía a precios más bajos que una empresa similar estadounidense, o comparaba la drástica devaluación de los fabricantes mexicanos de dulces y cigarrillos frente a los fabricantes europeos. “Fue hace mucho tiempo, pero recuerdo muy bien cómo nos enseñaba desde chicos estas cosas” afirma Patrick.

Para Slim, que había sido profesor de matemáticas, no se trataba de un ejercicio académico, quería inculcar a sus hijos la misma lección que aprendió de su padre (un inmigrante libanés que inició su periplo adquiriendo bienes raíces en Ciudad de México durante la revolución de 1910): Aunque México tenga sus altibajos, nunca dejes de tomarlo en cuenta. Pero Slim no sólo enseña, también compraba. Gastó 55 millones de dólares en una aseguradora, consiguió participaciones en Sanborns e invirtió en una cadena hotelera.

Hoy estas inversiones dan sus frutos. Sus tres hijos (Carlos Jr., 40, Marco Antonio, 39; y Patrick, 38) dirigen varios de los negocios familiares y toman decisiones estratégicas,  mientras que el patriarca se retira. ¿Qué hay de las inversiones de Slim en un México oprimido? No han parado de expandirse, constituyen un imperio empresarial de 150 mil millones de dólares con un crecimiento que ha convertido a Carlos Slim Helú en el hombre más rico sobre la Tierra.

De acuerdo a nuestros cálculos, este hombre de 67 años ha amasado una fortuna de 59 mil millones de dólares, basada en el valor de sus acciones públicas alcanzado a fines de julio. Esta cifra lo ubica por encima del sempiterno número 1: Bill Gates, fundador de Microsoft, cuyo patrimonio neto se estima en 58 mil millones de dólares. Pero Gates está vendiendo su fuente de riqueza, los valores de Microsoft, para financiar su fundación, mientras que la fortuna de Slim crece a pasos impresionantes. El valor neto del magnate mexicano creció en 12,000 millones de dólares sólo en lo que va del año. Sus compañías representan más del 5% del Producto Interno Bruto de México y las empresas controladas por Slim representan un tercio de los 422 mil millones de dólares que se cotizan en la Bolsa Méxicana de Valores.

Slimlandia

El perfil empresarial del rey de Telmex lo acerca a John D. Rockefeller, quien también prosperó en un entorno de pocas regulaciones, pero la riqueza de Rockefeller no se acerca ni de lejos a la del mexicano. El ciudadano mexicano común contribuye al negocio de Slim cada vez que visita un cajero automático, cuando conduce un auto, al entrar a una cafetería y, especialmente, cuando usa el teléfono: Teléfonos de México controla el 92% de las líneas telefónicas del país, y su servicio de telefonía celular América Móvil posee el 70% del mercado. Esta realidad es descrita por el profesor George W. Grayson de la Universidad William & Mary como “Slimlandia”, la penetración de las empresas Slim en la vida diaria de los mexicanos.

No es un término halagador, significa más bien un monopolio ineludible. Muchos mexicanos esperaban que la privatización fomentara la competitividad y bajara los precios, pero ocurrió justo lo contrario. “Slim es uno entre un puñado de peces gordos que impiden el crecimiento de México debido a sus monopolios y oligarquías” afirma Grayson.

Carlos Jr. rechaza estas acusaciones, sostiene que el precio promedio de las llamadas de larga distancia en México está, comparado con otros países, entre los más baratos. (Sin embargo, un reciente estudio realizado por el Banco Mundial ofrece una imagen  diferente: las tarifas mensuales en México y el servicio de conexión residencial están entre las más caras del mundo.)

Slim intenta ganarse a la opinión pública prometiendo aumentar sus fundaciones filantrópicas. Mientras tanto, sus hijos hacen lo que mejor sabe hacer la familia: hacer más dinero.

 Extraña austeridad

Slim no ha levantado rascacielos ni ha construido estadios, de hecho, América Móvil, la proveedora más importante en Latinoamérica de telefonía celular, está alojada en una antigua fábrica de llantas. Las oficinas centrales de Inbursa, la empresa financiera de Slim, muestran una galería improvisada donde se exponen obras del Museo Soumaya, el lugar está descuidado, con pobre iluminación y tufo a cigarrillos. Esta extraña yuxtaposición de riqueza y austeridad es algo típico de Slim y sus empresas, hace años hizo distribuir entre los empleados del Grupo Carso una copia de sus “principios” que incluía un punto donde se leía “Sé austero en tiempos prósperos, en tiempos de vacas gordas, eso acelerará el desarrollo corporativo y evitará los cambios drásticos en tiempos de crisis.”

 Los inicios

Slim heredó la facilidad para los números de su padre, Julian, quien emigró a México en 1902 huyendo del reclutamiento militar del imperio Otomano. Julian Slim inició con un almacén, y luego adquirió propiedades en el centro de la ciudad de México durante la revolución. Obligaba a su hijo a registrar sus compras infantiles en cuadernos, algunos de esos cuadernos aún los conserva el magnate.

Carlos Slim se graduó de la UNAM como ingeniero a principios de los 60’s.  Luego abrió una casa de bolsa y empezó a adquirir empresas industriales. Reinvertía el dinero de estos negocios o lo usaba para adquirir más propiedades, bautizó a este conglomerado como Grupo Carso.

En 1982 la economía mexicana se fue a pique. El país no pudo pagar su deuda externa y las empresas se vendieron a precios irrisorios. Y Slim aprovechó esta situación. La economía se recuperó eventualmente, y a finales de los 80’s Slim ya estaba entre los más exitosos hombres de negocios. Cuando el gobierno puso en venta la paraestatal Teléfonos de México, Slim se lanzó. Hacia fines de los 90’s, asociado con SBC (hoy AT&T) y France Telecom compró el 20% de la compañía pagando 2 mil millones de dólares. Lo que molestó a los competidores de Telmex fueron los términos de la privatización: Slim consiguió siete años de garantía monopólica en un momento en que todas las empresas de telefonía alrededor del mundo tenían el dinero y la intención de expandirse a nuevos mercados.

Otro aspecto que enturbió la compra de Telmex fue el hecho de que Slim había donado grandes cantidades de dinero al PRI, el partido del presidente Carlos Salinas de Gortari. “Hizo sus millones gracias a la cercana y ventajosa relación que tenía con el gobierno de Salinas” afirma el profesor Grayson. Slim ahora es más pragmático, invierte en varios partidos políticos, una práctica común entre los oligarcas mexicanos.

 La estrategia

Según comenta Marco Muñoz, director adjunto del Instituto Teresa Lozano Long de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Texas, los beneficios de la privatización, tan esperada por los mexicanos, nunca llegaron: en su lugar, la compañía obtuvo un monopolio virtual por más de 15 años luego de que el gobierno vendiera Telmex.

Esto se debe, en parte, a la manera en que Slim neutralizó a sus oponentes. AT&T y MCI se quejaban de que Telmex bloqueaba sus esfuerzos de expansión en México cobrando tarifas exorbitantes por usar la red Telmex. Hoy día, AT&T es propiedad de SBC, el socio original de Slim en Telmex. Verizon, por su parte, aceptó vender participaciones de sus servicios de telecomunicaciones alámbrica e inalámbrica en América Latina a Slim.

Al mismo tiempo que Slim mantenía a raya a sus competidores en México, hacía planes para expandirse más allá de las fronteras nacionales. Comenzó a comprar acciones de servicios inalámbricos en la región, y también aprovechó la crisis de las puntocom en el 2000 para adquirir participaciones de empresas de telefonía que habían quebrado, incluida AT&T Latin America, lo que le proporcionó la columna vertebral para moverse por la región.

Randall Stephenson, CEO de AT&T, recuerda que en una reciente visita a Slim éste “sacó una larga hoja de papel que desdoblaba y desdoblaba.” Se trataba de una lista escrita a mano (Slim no usa computadoras) que contenía las principales empresas de comunicación del mundo. En una columna enlistó todas las compañías que poseía o controlaba, en la otra enumeró al resto, junto con sus ingresos, beneficios netos y operativos. “Tomé la hoja e hice un comentario sobre una de las empresas, y enseguida él empezó a repasar las métricas financieras de la empresa. Tenía toda la información en su cabeza” afirma admirado Stephenson.

 El linaje

Estoy en un salón de conferencias en las oficinas capitalinas de Inbursa, esperando conocer al hijo mayor del hombre más rico del mundo. Guardias de seguridad vigilan la puerta. De repente, Carlos Slim Domit aparece sin anunciarse, con las mangas de su camisa arremangadas y se disculpa por la tardanza. A pesar de que Carlos Slim no ha hecho ninguna declaración formal relativa a sus planes sucesorios, su hijo mayor y homónimo podría ser de hecho el rostro público de la familia Slim (actualmente él dirige el Grupo Carso, una de las empresas más complejas de Slim). Es un papel que le viene al dedillo: amigos y socios afirman que todos los hijos son sociables, pero Carlos hijo es el más carismático de los tres. A diferencia de los retoños de los magnates internacionales, él y sus hermanos no estudiaron en universidades europeas ni se doctoraron en las mejores escuelas de negocios. Estudiaron hasta la licenciatura en instituciones mexicanas y aprendieron sobre la marcha.

Carlos hijo empezó a trabajar para su padre desde muy joven. Se inició oficialmente en el imperio Sanborns, iba al mercado de La Merced a horas tempranas para comprar productos. Luego se hizo cargo de la cadena, bajo su mando Sanborns se convirtió en el principal vendedor de libros y música al por menor. Desde 1998 dirige el Grupo Carso.

Marco Antonio es el financiero de la familia, heredó de su padre la pasión por las matemáticas, ha presidido Inbursa desde 1992, desde que tenía 24 años. El benjamín de la casa, Patrick, trabaja con su cuñado Daniel Hajj en América Móvil, los valores de la empresa se han triplicado desde que Patrick llegó a la presidencia en el 2004 y es una de las principales fuentes de riqueza de la familia Slim.

Pocos días después de las entrevistas que realicé, la familia Slim al completo, con todo y nietos, planeaba vacacionar en las playas de la región del Mar de Cortés. Les gusta estar juntos, cada lunes por la noche se reúne todo el clan en la casa familiar. “Mis padres nos enseñaron a buscar la felicidad pero también a estar conscientes de la responsabilidad que tenemos,” afirma Carlos hijo.

El tema de la responsabilidad está ya en la mente de todos los miembros de la familia, así como de los extraños, dada la nueva designación de Slim como el hombre más rico sobre el planeta. Él tiene la “oportunidad histórica de convertirse en el Rockefeller de Latinoamérica” afirma José Antonio Ríos, empresario inmobiliario en EU. “Una poderosa y multimillonaria familia como son los Slim puede ser un factor tremendamente positivo para el desarrollo de Latinoamérica en los próximos 25 años” añade.

 No ser ‘Santa’

¿Cómo lo harán? Las tres principales fundaciones filantrópicas de los Slim cuentan con 4 mil millones de dólares, y prometen donar otros 6 mil millones más en los próximos años. Entre las causas que apoyan están los institutos de salud y la educación, cada uno con una inyección de 500 millones para empezar. Asimismo, Slim ha sido un gran patrocinador del proyecto de Nicholas Negroponte: una laptop por niño, y Bill Clinton lo convenció hace poco de donar 100 millones de dólares a su lucha contra la pobreza en Latinoamérica.  También ha invertido grandes cantidades en la restauración del centro histórico de ciudad de México. La familia prefiere apostar por el desarrollo económico para erradicar la pobreza en lugar de hacer donaciones. “Creo que la mejor manera de ayudar a las personas no es dándoles dinero, sino dándoles trabajo” declara Marco Antonio. “Apoyamos la educación, la salud y el empleo, eso es lo que la gente necesita para mejorar su vida” añade. Sin embargo, Carlos Slim Helú fue severamente criticado por la prensa mexicana cuando declaró no tener intenciones “de andar como Santa Claus” repartiendo su riqueza.

En efecto, los Slim tienen sus propias ideas sobre cómo ayudar. Cuando Slim fue galardonado por el Fondo Mundial para la Educación y el Desarrollo pronunció en su discurso la siguiente frase: “Muchas personas quieren dejar un mundo mejor para sus hijos, yo intento dejar mejores hijos para mi mundo.”

 

(Las reporteras asociadas Lisa Bergtraum, Patricia A. Neering y Lillian Ruiz contribuyeron a la elaboración de este artículo.)