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Dionisio Garza cambia el rumbo de Alfa

Con la quinta posición del ranking, el empresario de 54 años halló la manera de crecer rápidame las ventas en el extranjero superaron a las nacionales en 2007, catapultando a la firma de Garz

Por: Ulises Hernández |
Lunes, 28 de abril de 2008 a las 06:00
Expansion
En 2007 este hombre dijo ‘compro’ en al menos ocho idiomas, cuando adquirió unas 15 plantas. (Gilberto Contreras)
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En Altamira, el Plan Fénix II promete mucho para Alpek, aunque quizá no llegue al ritmo de crecimiento de Nemak. (Especial)
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Hace 14 años, en sus primeras apariciones públicas, Dionisio Garza Medina (54) parecía nervioso e incómodo con los reflectores. Sus asesores de comunicación se esforzaban por evitar que fuera presa de las incisivas preguntas de los reporteros.

Hoy, el presidente del consejo de administración y director general ejecutivo de Grupo Alfa se muestra más desenvuelto e, incluso, bromea con algunos periodistas. Parece haber adoptado una actitud más acorde al capitán de un conglomerado mexicano que cuenta ya con operaciones en 16 países y genera ventas anuales del orden de 10,000 millones de dólares.

Cada año, Garza Medina ofrece una conferencia a medio centenar de analistas financieros e inversionistas en Nueva York para hablar del desempeño de la empresa y dar a conocer sus planes. “Ser un ejecutivo global te cambia la vida. Tienes que viajar mucho más y aprender a hacer equipo con gente de otras lenguas y otras culturas”, comenta el directivo a Expansión, tras la última asamblea general de accionistas, de principios de abril en Monterrey.

Su actitud pública es fruto de lo que ha hecho en las entrañas del grupo que administra. En los últimos tres años, le dio un giro de 180 grados al mítico Alfa: vendió la siderúrgica Hylsamex, cofundadora del grupo, y fortaleció otras subsidiarias con mayor potencial de crecimiento y rentabilidad, como la petroquímica Alpek y la autopartista Nemak. También reforzó a Sigma, el negocio de carnes frías, quesos y lácteos, y adquirió la mayoría de Alestra, el joint venture de telecomunicaciones que mantiene con AT&T. De esa forma, transformó una empresa basada en un commodity (acero plano) y en el mercado nacional en una orientada a productos con valor agregado y de alcance global.

En 2007, por primera vez las ventas foráneas de Alfa (5,182 mdd) superaron a sus ventas domésticas (4,388 mdd), gracias a la adquisición de plantas para ampliar su capacidad de producción. Compró fundidoras de aluminio en China, Polonia y Brasil y, con ello, Nemak se convirtió en líder mundial en monoblock y cabezas de cilindros para motores. Con Alpek adquirió dos plantas de polímeros de PET (resina para envases plásticos) en México y Argentina, y reforzó su producción de PTA (materia prima para fabricar poliéster), poliestireno y polipropileno.

Como resultado, Dionisio Garza Medina subió ocho escaños en el listado de ‘Los 100 empresarios más importantes de México’ para quedar en el lugar 5, superando a empresarios como Carlos Fernández, de Grupo Modelo, y a Roberto González, de los grupos Banorte y Maseca.

“Antes de Dionisio Garza Medina, 95% de sus actividades (de Alfa) estaban concentradas en el país y en su administración, el grupo ha ido de una manera firme y segura hacia un desarrollo internacional y global como hizo años atrás Cemex y como lo empieza a hacer Grupo FEMSA”, afirma Alejandro Fernández Villa, ex director del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE) en Monterrey y quien conoce a varios directivos de Alfa.

Paralelos familiares

El presidente de Alfa es miembro de la cuarta generación de la familia Garza Sada, que dio origen al poderoso Grupo Monterrey. Es sobrino de Eugenio Garza Lagüera (ex director de FEMSA), y sobrino nieto de Eugenio Garza Sada (fundador de Hylsa, uno de los jefes del clan y quien murió en 1973 durante un intento de secuestro por parte de un grupo guerrillero). Como la gran mayoría de los empresarios regios, es muy raro verlo en los medios, pero sienta su punto de vista cuando se afectan intereses relacionados con el desarrollo económico. “No entiendo cómo 20 o 30 machetes pueden parar la inversión en un aeropuerto”, decía en junio de 2003, por el conflicto de San Salvador Atenco, cerca del aeropuerto del DF.

Es el segundo de los seis hijos de Dionisio Garza Sada y María Teresa Medina, una familia católica vinculada con los Legionarios de Cristo –la congregación que fundó el difunto Marcial Maciel–, y estudió en el Colegio Franco Mexicano, uno de los más prestigiados de Monterrey.

Su hermano Luis Garza Medina es sacerdote y es el vicario general de esa congregación, por lo que los lazos son aún más estrechos. “Es un buen amigo de los Legionarios”, comenta el también vicario de esa organización Peter Coates, quien confirmó que Dionisio Garza Medina ha hecho importantes contribuciones económicas a esa causa, al igual que Carlos Slim Helú y el presidente de Grupo DESC, Fernando Senderos.

Como varios miembros del clan, Dionisio tiene una sólida formación universitaria en el extranjero: una licenciatura y una maestría en ingeniería industrial en la Universidad de Stanford, además de un MBA en Harvard.

Desde su presidencia en el Consejo de la Universidad de Monterrey, promueve que los estudiantes sigan su mismo camino. “Soy muy activo en mandar a muchachos a estudiar en Stanford y Harvard, donde estudié”, dice. La institución, fundada en 1969 por cuatro congregaciones religiosas, hoy es la segunda universidad privada más importante de Nuevo León, después del Tec de Monterrey (de la que es cofundador su tío Eugenio Garza Lagüera), un logro que los regiomontanos le adjudican a Garza Medina.

La silla que lo esperaba

Su llegada a la presidencia y dirección general de Alfa marcó un precedente en la transmisión de mandos en el grupo. Al retirarse, su tío Bernardo Garza Sada no impuso en la dirección a uno de sus hijos, como era la costumbre en las firmas regiomontanas, sino que inició un proceso de selección para elegir a su sucesor.

Para evaluar a varios miembros de la familia, el consejo recurrió a la asesoría de Richard Beckhard, el fundador de cambio organizacional y dueño de una consultora de empresas familiares.

“En su momento, se contrató a una persona en Estados Unidos que tuviera experiencia en ese tipo de cosas y él hizo todo un proceso de entrevistas para seleccionar a los posibles candidatos de la familia para ello”, comenta Fernández Villa, hoy profesor y director adjunto del IPADE.

Dionisio Garza Medina, quien entonces encabezaba la división de alimentos, compitió por el puesto con varios familiares, entre ellos, su primo Mauricio Fernández Garza, actualmente dedicado a la política. Los buenos resultados obtenidos por Sigma fueron su mejor carta de presentación ante los headhunters y los miembros del consejo, quienes finalmente lo favorecieron con su fallo.

Fue así como Dionisio Garza Medina tomó las riendas de Grupo Alfa. El momento era emblemático: en 1994 cumplía 40 años y la empresa se enfrentaba a los retos de la apertura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Desde entonces, ha conducido al grupo por varias etapas: desde la expansión de operaciones y el crecimiento acelerado de la inversión hasta la consolidación y la reconfiguración del portafolio de negocios, librando en el camino varios momentos de crisis económica, en México y el mundo.

Los vaivenes en la industria mundial del acero y en el sector energético, a fines de los 90 y principios de este siglo, llevaron a Garza Medina a tomar la decisión de separar a Hylsamex del grupo.

La sobreoferta de productos siderúrgicos, el alza del gas natural y la baja en los precios del acero era una combinación letal para la acerera mexicana, además suponía un riesgo para la salud financiera del consorcio.

“Aunque Hylsamex fue una de las compañías que dieron origen a Alfa, en ese entonces se consideró que desinvertirla mejoraría considerablemente las perspectivas y viabilidad, tanto de Alfa como de la propia Hylsamex”, explica Enrique Flores, director de Comunicación Corporativa del grupo.

A mediados del año 2000, Dionisio decidió conformar un portafolio de negocios más compacto y enfocado en las operaciones con mayor potencial de crecer y ser rentables. En mayo de 2005, Garza Medina anunció la venta de 42.5% de las acciones de Hylsamex que tenía Alfa al grupo ítaloargentino Techint, por 1,050 mdd.

Tras esta operación, empezó a perfilar a Nemak como la nueva joya de la corona. Si apostaban a la adquisición de plantas de monoblock y cabezas de cilindros en Sudamérica, Europa del Este y Asia, era factible que alcanzaran el liderazgo en la industria.

Detectó oportunidades y, a finales de 2006, llegó a acuerdos con las autopartistas TK Aluminum y Norsk Hydro, para adquirir plantas y compañías en nueve países. “En total, invertimos cerca de 1,200 mdd en dichas compras”, indica Flores, de Alfa.

Hoy, Nemak es líder mundial en su ramo, provee a armadoras estadounidenses y europeas, y es la segunda división que más ingresos aporta a Alfa. Ese cambio se nota hasta en las ruedas de prensa que ofrece Dionisio Garza, tras las asambleas de accionistas. Años atrás, el ambiente en las conferencias era denso y aburrido, con rostros adustos por parte de los directivos y nulo intercambio con los periodistas. Este año, la atmósfera fue más relajada, hubo interacción y hasta bromas con los reporteros. Cuando un corresponsal preguntó a Dionisio cómo le hacía para mantenerse en forma con tanto ajetreo, alguien interrumpió; “¡Con una dieta muy rica en productos de Sigma!”. Era Alejandro Elizondo Barragán, su secretario de Finanzas, que arrancó risas del presidente del consejo y su equipo.

Posoción en el ranking: 5

(Con información de Juan Cedillo / Monterrey)