La herencia difícil del CEO de Ford

El nuevo directivo, Alan Mullaly, ha cambiado la cultura de la firma, preparando su salida; sin embargo, su más probable sucesor, Mark Fields, deberá resolver los rezagos de la automotriz.

Por: Alex Taylor III |
Lunes, 05 de noviembre de 2012 a las 06:00

NUEVA YORK — En un pasado no muy lejano, las transiciones de gestión en Ford Motor Co. se parecían mucho a un pelotón de fusilamiento en una república bananera sudamericana.

Henry Ford II despidió abruptamente al presidente Lee Iacocca en 1978, llamándolo a su oficina y diciéndole: "Simplemente no me gustas". El presidente ejecutivo Don Petersen partió en 1989 después de perder la confianza del consejo directivo con el extraño anuncio de que planeaba ‘replantarse' a sí mismo. Y el presidente Bill Ford despidió al presidente ejecutivo Jac Nasser en octubre de 2001 después de meses de disputas públicas.

Por supuesto, todo eso fue una mejora con respecto a 1945, cuando Henry Ford II tuvo que desarmar prácticamente al matón y adepto al ginebra Harry Bennett para poder tomar el control de la compañía de manos de su abuelo enfermo.

Si hubiera existido alguna duda sobre los cambios en la cultura de Ford forjados por el presidente ejecutivo Alan Mulally, habría quedado eliminada por la noticia de la última serie de cambios en la gestión.

En lugar de ser un ejemplo de movimientos ejecutivos abruptos, Ford ahora se ha convertido en un caso de estudio para las escuelas de negocios en el tema de transiciones estratégicas de gestión a largo plazo.

La transformación es en gran parte el resultado de la capacidad de Mulally para inspirar lealtad personal, debido a su estilo de gestión transparente y abierto, junto con el apoyo incondicional que recibe del presidente ejecutivo Bill Ford.

En una conferencia telefónica este jueves, Bill Ford espetó: "Me encanta Alan". Aunque otros no son tan demostrativos en su afecto, el sentimiento detrás de esa expresión parece ser ampliamente compartido. Con su personalidad radiante y extrovertida, Mulally ha conquistado a todos, con excepción de los más profundos escépticos.

Algo menos evidente en la suave transición es cómo fue facilitada por la disposición de Mulally de permanecer en Dearborn y en el puesto mucho más allá de lo que podría haberse esperado que fuera su habitual fecha límite. Después de haber amasado una considerable fortuna personal, y sin vínculos familiares en Michigan, era razonable que se fuera rápidamente hacia climas más templados.

Las grandes noticias del día:

Después de meses de especulación sobre el momento de su jubilación, Mulally dice que permanecerá en el puesto y en Dearborn, al menos hasta el 2014, cuando tendrá 69 años de edad. Eso es, por lo menos, un año más de lo esperado, proporcionando tiempo suficiente para hacer la transición al siguiente en la fila. Mark Fields, de 51 años, largamente señalado como un candidato a presidente ejecutivo, será ascendido a director operativo, lo cual claramente lo posicionará para suceder a Mulally cuando él decida renunciar. Fields también se hará cargo de la distintiva innovación de gestión de Mulally en Ford: la junta de revisión de procesos de los jueves, en la que todos los ejecutivos deben proporcionar inflexibles actualizaciones de sus operaciones en presencia de sus colegas. Joe Hinrichs, un experto en la fabricación con una trayectoria de rápido ascenso, que había estado dirigiendo Asia, tomará el antiguo puesto de Fields de supervisión de Norteamérica y Sudamérica. El ascenso era largamente esperado para Hinrichs, quien se agotaba haciendo vuelos de larga distancia alrededor de Asia y era muy codiciado por cazatalentos para otras empresas. El genio de la mercadotecnia Jim Farley tendrá la oportunidad de respaldar sus palabras y teorías con acciones al aceptar la responsabilidad operativa global de la reactivación de Lincoln. La entrada de Farley se produce en el momento en que Lincoln programa lanzar su primer modelo rediseñado como parte de un cambio de tendencia muy publicitado.

Los cambios se producen en un punto crítico para el éxito futuro de Ford, que determinará si puede seguir avanzando con base en las reformas de Mulally o ser forzado a una retirada debido a una combinación de mercados adversos, competidores que resurgen y sus propias deficiencias.

A pesar de las ganancias récord en el tercer trimestre anunciadas esta semana, hay varios puntos conflictivos:

Ford debe reestructurar sus operaciones en Europa, lo que implicará el doloroso cierre de plantas en Bélgica y Reino Unido, mientras desarrolla un plan para evitar una mayor pérdida de impulso ante un Volkswagen renaciente. La automotriz ha estado perdiendo participación de mercado en un tramo importante, y esa disminución aún no se ha revertido. Los reportes de ventas de octubre muestran que Ford ganó sólo 0.5% en volumen frente al 6% de la industria en su conjunto. Habría perdido aún más terreno si más de un cuarta de sus ventas no hubieran sido destinadas a flotas, la mayor parte entre sus principales rivales. A pesar de haber clasificado en tercer lugar en ventas en Estados Unidos en octubre, Toyota superó a Ford cómodamente en el sector minorista, 138,000 frente a 124,000. "Octubre no fue un mes estelar para Ford", comentó secamente un analista de Edmunds.com. Los nuevos modelos de Ford, productos de la estrategia mundial de Mulally ‘One Ford', no han tenido buenos lanzamientos. Los competidores dicen que el nuevo crossover Ford Escape ya conlleva incentivos de 2,000 dólares por vehículo, mientras que un competidor más antiguo, el Chevy Equinox, es vendido sin incentivos. Y los nuevos vehículos Ford tienen problemas técnicos que contribuyen a repeler a los clientes, según Consumer Reports. Califica a Ford y Lincoln cerca del fondo de su lista anual de niveles de calidad debido a las quejas de los propietarios sobre sus controles de pantalla táctil para información y entretenimiento y sus transmisiones automáticas rediseñadas.

Los inversores se han dado cuenta de esto. Las acciones de Ford registran una alza de sólo 2.56% en lo que va del año frente a 27.6% de General Motors, que tiene sus propios problemas en Europa y Norteamérica.

Así que, hay que dar crédito a Mulally (y a Bill Ford) por reformar la cultura rebelde de Ford y por ejecutar lo que parece ser un ejemplo de aspecto impecable de transición de gestión. Pero no hay que confundir eso con una señal de que el nuevo equipo tendrá por delante un paseo tranquilo.


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