Steve Ballmer ante la sombra de Gates

El valor actual de la acción de Microsoft es 50% menos que cuando Ballmer tomó el control en 2000; con Windows 8 y Surface la empresa cambia a un modelo de negocio a similar a su mayor rival, Apple.

Por: Kevin Kelleher |
Martes, 06 de noviembre de 2012 a las 16:29

NUEVA YORK — Tomar el lugar de una leyenda es difícil, especialmente cuando ha dejado un lío detrás. Pregúntenle a Steve Ballmer.

Desde que se unió a Microsoft en 1980, Ballmer ha trabajado a la sombra de Bill Gates, la leyenda que convirtió a Microsoft en un formidable coloso del software y quien se retiró para gastar su fortuna en hacer del mundo un lugar mejor.

Cuando se retiró, Ballmer se quedó para conducir los pasos de Microsoft, su envejecido monopolio de software, sus años de batallas con los reguladores y sus primeras respuestas, a veces equivocadas, en el ámbito de Internet.

He aquí un dato interesante. Apple puede superar a Microsoft en valor de mercado, pero la acción con el mejor rendimiento durante el último cuarto de siglo sigue siendo Microsoft.

Desde 1987, las acciones de Apple han subido 4,300%, mientras que los títulos de Microsoft han escalado un asombroso 5,700%. La mayor parte del alza de Microsoft, por supuesto, fue durante el mandato de Gates. Desde el año 2000, después de que Ballmer asumiera el cargo de CEO, la acción de Apple ha aumentado 2,500%. ¿Y la de Microsoft? Bueno, su valor todavía se ubica 50% por debajo del precio que tenía cuando Ballmer tomó el control.

Gran parte de esa desvalorización es culpa de Ballmer, pero no toda. Él se convirtió en CEO de Microsoft dos meses antes del estallido de la burbuja de las puntocom, cuando muchas acciones bursátiles tenían valuaciones irracionalmente elevadas. Por lo que tuvo que hacer frente a la desordenada caída del reinado monopólico del rey Bill. Ballmer se quedó para maniobrar los bandazos del gigante del software cuyo naufragio, en retrospectiva, parecía casi asegurado.

El auge de la web le restó preeminencia a las PC para la industria tecnológica, y Microsoft no pudo controlar la web porque su software se centraba en la PC. Cualquier intento de extender su mano de hierro a Internet fue recibido con barricadas regulatorias. Y las iniciativas web como MSN Search y Hotmail registraron pérdidas operativas año tras año.

Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia en Silicon Valley, una nueva multitud de startups de rápido crecimiento (como Google) parecían unir fuerzas para tratar de debilitar al gigante Microsoft. Y a medida que la computación en nube ganaba terreno, las PC estaban destinadas a volverse menos centrales para los programas informáticos utilizados por los consumidores y las empresas.

Ballmer incursionó en otras áreas de crecimiento, como el software de servidor y el Xbox, compensando la más lenta tasa de crecimiento de Windows y Office. Más audazmente, en 2009, Microsoft comenzó a desarrollar Windows 8, pero en lugar de la habitual actualización de Windows, Windows 8 funcionaría en computadoras y tablets utilizando chips ARM y compartiría muchos componentes con Windows Phone 8.

Windows 8 no es tanto un reinicio como una clara ruptura con el Windows que Gates creó... es decir, una ruptura con la Microsoft que Gates construyó. Ballmer incluso condujo a Microsoft a nuevas aguas al incursionar inesperadamente en el negocio de dispositivos con la tablet Surface; un híbrido tablet-PC que mostró lo que Windows 8 es capaz de hacer, demostró que Microsoft puede ser un jugador en la era de la computación en nube.

Por encima de todo, la Surface demostró que la empresa fundada por Bill Gates ahora le pertenece a Steve Ballmer.

Para enfatizar el mensaje, el mes pasado Ballmer dijo en una carta dirigida a accionistas de Microsoft que la compañía está realizando "un giro fundamental: Ahora se ve a sí misma como una "compañía de dispositivos y servicios".

Esa declaración fue ampliamente interpretada como una admisión de que Microsoft se está transformado en algo más parecido a Apple, fabricando no sólo el sistema operativo que sostiene a los dispositivos, sino los dispositivos y los servicios que los acompañan. Esto queda también patentizado en las tiendas minoristas que Microsoft está abriendo y en las tiendas de aplicaciones que también está creando.

El giro fundamental del que habla Ballmer no es una hipérbole, una exageración. La Microsoft de finales de 1990 no reconocería a la Microsoft de 2012.

Como reconoció Ballmer, Microsoft ha capitulado ante un modelo de negocio creado por su mayor rival. Hoy no es un líder de la industria, es un seguidor. Ya no es ese matón monopolista que alguna vez fue. Y es tan amigable con los estándares abiertos como lo ha sido en sus 37 años de historia.

Ahora que Ballmer ha salido completamente de la sombra de Bill Gates, ¿tendrá éxito? Esa es la gran pregunta.

Como CEO, Ballmer ha cometido sin duda su propia cuota de errores. Se dice a menudo que la cultura corporativa dentro de Microsoft está fragmentada, desorganizada y a veces es despiadada. Y por cada éxito modesto que Microsoft ha disfrutado (las búsquedas en Bing representan una cuarta parte del total del mercado), hay un revés decepcionante (la cuota de Windows Phone 7 en el mercado de los smartphones se ha encogido). Por cada Kinect, hay un Zune.

Ninguno de estos productos, sin embargo, importa tanto como Windows 8. Hasta el momento, el nuevo software ha recibido críticas mayormente positivas, aunque a algunos usuarios les confunde la nueva interfaz.

Mucho está en juego: El éxito de Windows 8 determinará en gran medida si la Microsoft de Steve Ballmer puede llegar a ser líder en la economía en nube, o si se trata solamente de una sucesora más amable, más dócil -pero impotente- de la compañía que Bill Gates construyó.


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