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Los mejores consejos de negocios

Desde Warren Buffett hasta Eric Schmidt, Fortune presenta las lecciones que los hicieron triunfar.

Martes, 20 de noviembre de 2012 a las 06:00
Warren Buffett
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Warren Buffett fue rechazado en primera instancia por su mentor Ben Graham. (Foto: Cortesía Fortune)
Warren Buffett fue rechazado en primera instancia por su mentor Ben Graham. (Foto: Cortesía Fortune)
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Presidente y CEO de Berkshire Hathaway

Tuve dos mentores: mi papá, Howard Buffett, y Ben Graham. Allí estaban esos dos hombres que yo reverenciaba y que a lo largo de los años me dieron un montón de buenos consejos. Pero cuando pienso en lo que me dijeron, la verdad es que la primera cosa que me viene a la mente es un mal consejo.

No había cumplido los 21 años cuando esto ocurrió. En 1951acababa de salir de la Escuela de Negocios de Columbia y había cursado la clase de Ben allí. Yo era el estudiante más interesado que se haya visto. Quería trabajar para Ben en Graham-Newman Corp., y, como es sabido, fui con él y le ofrecí trabajar a cambio de nada. Me dijo que no

Yo seguía decidido a entrar en el negocio de valores, y ahí es donde Ben y mi papá me dieron el mal consejo. Ambos pensaron que era un mal momento para empezar. Una cosa en su cabeza era que el índice industrial Dow Jones había estado por encima de los 200 durante todo el año, y sin embargo nunca había habido un año en que no se vendiera por debajo de los 200. Así que ambos dijeron: "Te irá bien, pero éste no es un buen momento para empezar".

Quizá algo que pudo haber influido en mi padre, y tal vez en Ben también. Yo era muy inmaduro. No sólo tenía el aspecto de un joven, sino que actuaba como un joven. Estaba muy delgado. Mi cabello se veía horrible. Tal vez su consejo fue su forma educada de decir que antes de que comenzara a vender acciones, tenía que madurar un poco o no iba a tener éxito. Pero no me dijeron eso, me dijeron lo otro. De todos modos, no les presté ninguna atención. Volví a Omaha y empecé a vender títulos en la firma de mi padre, Buffett Falk.

Mi padre era un pensador totalmente independiente. Supongo que el hecho de que lo haya sido influyó en mi propio pensamiento en lo que respecta a comprar acciones. Ben me enseñó algo en esa área también. Me dijo: "No estás bien o mal porque otros no estén de acuerdo contigo. Estás bien porque tus hechos y razonamientos están en lo cierto".

Ahora bien, Ben, a quién yo empecé a admirar cuando leí sus libros sobre inversión en la Universidad de Nebraska, había probado todo tipo de inversiones hasta ese momento; pero lo que él dijo, particularmente en The Intelligent Inversor, hizo que se levantara la venda de mis ojos: cosas como 'margen de seguridad' y cómo utilizar al 'Sr. Mercado', en lugar de dejar que él te use.

Entonces fui a Columbia sólo para tomar su clase y más tarde pasé por esa decepción cuando le pedí empleo. Pero me quedé pensando en esa idea cuando volví a Omaha. Seguí tratando de vender acciones de Ben y más o menos fastidiándolo.

Finalmente un día en 1954 recibí una carta de él diciendo algo así como "la próxima vez que estés en Nueva York, me gustaría hablar contigo de algo". ¡Estaba eufórico! Y me aseguré de ir a Nueva York inmediatamente.

Fui a trabajar para Ben en agosto de 1954, sin haber preguntado siquiera cuál sería mi sueldo. Y al final resultó ser de 12,000 dólares. Además, el año siguiente recibí un bono de 2,000  dólares.

Trabajé para ambas partes de la empresa: Graham-Newman era una compañía de inversiones regulada, y Newman & Graham Ltd. era que lo que hoy llamaríamos un fondo de cobertura. ¡Pero juntos administraban sólo 12 millones de dólares!

Walter Schloss y yo -aunque al poco tiempo él renunció para iniciar un fondo de cobertura- trabajábamos juntos en un pequeño cuarto. Nos divertimos bastante entre nosotros, además de que seguíamos estudiando meticulosamente los manuales en busca de acciones baratas.

Nunca fuimos a visitar ninguna empresa. Ben pensó que sería hacer trampa. Y cuando encontrábamos algo increíble, Ben apostaba 50,000 dólares en ello.

A principios de 1956, Ben tenía la intención de dejar la empresa para ir a California. Para entonces, yo ya había decidido volver a Omaha. Me costó mucho decirle eso a Ben: Iba hasta su oficina y volvía , y luego iba y no lo hacía, durante un largo tiempo. Pero su reacción fue más o menos la misma que mi padre habría tenido: Lo que sea mejor para ti.

Yo tenía 9,800 dólares a finales de 1950, y para 1956 tenía 150,000. Pensé que con eso podía vivir como rey. Y no sabía lo que iba a hacer en Omaha. Tal vez ir a la escuela de leyes. No tenía un plan.

Desde luego, no sabía que iba a comenzar una sociedad de inversión. Lo que sucedió fue que un par de meses más tarde, siete personas querían que yo invirtiera su dinero para ellos, y una asociación era la forma de hacerlo. Y así empezó todo.

- 2005

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