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Innovación, en riesgo por financiamiento

Los problemas de financiación a la investigación podrían frenar una nueva revolución tecnológica; es improbable un nuevo auge de OPI y el regreso de los enormes rendimientos en estas inversiones.

Por: Richard Waters |
Viernes, 07 de diciembre de 2012 a las 06:02

Financial Times — ¿Está roto el sistema estadounidense de financiamiento a la innovación tecnológica?

Está ciertamente dañado, de acuerdo con uno de los inversores estadounidenses de tecnología más exitosos de los últimos años. Si él tiene razón, tanto empresarios como inversores podrían estar viviendo con expectativas desmesuradas que fueron establecidas en una época diferente y tienen poco que ver con lo que está por venir.

William H. Janeway ganó renombre en Warburg Pincus con empresas como BEA Systems, una compañía de software empresarial que fue vendida a Oracle en 2007, y Nuance Communications, cuya tecnología de reconocimiento de voz está incluida en el iPhone.

Janeway resumió sus ideas en un libro que conjuga su experiencia de inversión con una pasión por la historia económica, titulado Doing Capitalism in the Innovation Economy (Cambridge University Press). De acuerdo con Janeway, Silicon Valley ha prosperado debido a dos formas muy diferentes de capital, ambas suministradas sin ninguna expectativa real de obtener un retorno de inversión normal de mercado.

Una de ellas fue el dinero aportado por el Gobierno para apoyar la investigación científica a largo plazo. Por mucho que a Silicon Valley le guste pulir su adorada imagen de un refugio para los pioneros que salen adelante por sí mismos, no hay forma de que se separe del papel central que ha desempeñado la generosidad del Gobierno a través de agencias como el Departamento de Defensa y los Institutos Nacionales de Salud.

La otra fuente de asignación de capital ‘ineficiente' ha sido el mercado de valores públicos, en particular durante las periódicas burbujas de tecnología. Conscientemente o no, la mayoría de los inversionistas en esos tiempos invierten en la teoría del 'tonto mayor' de que serán capaces de encontrar un comprador a un precio más alto, en lugar de atender a cualquier análisis racional de los probables flujos de efectivo de sus inversiones.

Los capitalistas de riesgo estadounidenses han tenido 'un día de campo', tomando ideas delineadas en laboratorios financiados por el Gobierno e impulsándolas hacia patrocinadores hambrientos de ofertas públicas iniciales (OPI).

Además, los períodos de rendimientos extraordinarios de la industria del capital de riesgo coincidieron con el largo mercado alcista que comenzó en 1982 y con períodos de gran actividad de OPI, dice Janeway. Las burbujas pueden parecer altamente ineficientes, pero son una parte necesaria del proceso que convierte a ideas difíciles de evaluar (y financiar) en empresas reales.

Si este mantra de "el desecho es bueno" acerca de la innovación tecnológica suena un poco egoísta, probablemente se deba a que lo es. Como inversor, el propio Janeway dice que siempre ha seguido un enfoque muy disciplinado: Impulsar a una nueva empresa para que arroje flujo de caja positivo tan pronto como pueda.

Al ser cuestionado acerca de esta paradoja, él trata de establecer una distinción entre la necesidad de una disciplina de inversión a nivel micro y los desechos a nivel del sistema. Sin embargo, los mejores inversores, mientras hablan de dientes para afuera acerca de la necesidad de experimentación, son los únicos que saben cómo deleitarse con ella a costa de alguien más.

Desde 1998, la industria de capital de riesgo en su conjunto ha estado fallando, tomando más dinero de los inversionistas de lo que ha pagado. Puede haber enormes ganancias no realizadas, a la espera de ser liberadas. Pero cuanto más tiempo se prolonga la espera de un catártico auge de OPI, menos probable parece; y el mundo de OPIs escasas se siente como la nueva normalidad.

La tambaleante industria de la 'energía limpia' de Estados Unidos es una lección objetiva de lo que sucede cuando el ciclo virtuoso deja de funcionar. En lugar de ser financiada por el Gobierno, gran parte de la investigación en ciencias fue pagada por una efímera burbuja capital de riesgo desde mediados de la década pasada. La invocación del presidente Barack Obama de un "momento Sputnik" al principio de su presidencia no cimentó el apoyo de la inversión pública a una nueva economía baja en carbono.

El Gobierno tampoco se presentó para adoptar lo que Janeway llama su otro papel principal en el apoyo a la innovación tecnológica: actuar como cliente inicial, estableciendo objetivos de rendimiento y repartiendo dinero a las empresas que los cumplan primero.

En vez de ello, intervino con garantías de préstamos que mantuvieron a flote a un puñado de 'campeones' estadounidenses de tecnología limpia, ayudándoles a superar los retos normales de financiamiento que enfrentan las nuevas empresas; e incluso impulsando a algunas a realizar una OPI - pero sin convertirlas en negocios sostenibles.

A123 Systems, un avanzado fabricante de baterías que se declaró en bancarrota el mes pasado después de recaudar aproximadamente 250 millones de dólares por parte de capitalistas de riesgo y 250 millones de dólares por subsidios del Gobierno, seguidos de 370 millones de dólares en una Oferta Pública Inicial, es un ejemplo patético de este fracaso.

El llamado de Janeway a una nueva ola de gran investigación financiada por el Gobierno suena anacrónico en los tiempos actuales. Y, como él dice, hay muchas fortunas que se hacen y se pierden en la fase actual de 'la nube y lo móvil' de la revolución informática. Sin embargo, tarde o temprano, la próxima revolución tecnológica exigirá nacer. Está por verse si será en Estados Unidos.


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