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Ganancias tecnológicas, envidiables

Las altas ganancias de firmas como Apple y Google son codiciadas por países en apuros fiscales; las tecnológicas esquivan el pago de impuestos y defienden sus aportaciones sociales y económicas.

Por: Richard Waters |
Viernes, 14 de diciembre de 2012 a las 06:00

Financial Times — ¿Qué tienen en común una disputa sobre los impuestos que paga Google y Amazon en Reino Unido y una conferencia multinacional sobre Internet en Dubai? En principio, no mucho. Pero están unidas al menos por una cosa: Una creciente conciencia del inmenso poder -y ganancias- de algunas de las compañías tecnológicas estadounidenses más ricas.

A medida que muchos países luchan con sus propias y desesperadas posiciones fiscales, este éxito notable se ha vuelto difícil de ignorar. Los regímenes fiscales menos amigables y las regulaciones trasgresoras se están convirtiendo en una amenaza muy real.

La conferencia de Dubai, bajo los auspicios de una rama de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) llamada la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha estado estancada esta semana en la cuestión de cómo debe ser gobernado el Internet. Esto ha revelado una profunda división filosófica sobre la censura que ya ha convertido a porciones del Internet en una serie de redes nacionales cerradas. El riesgo ahora es que, regulada por un tratado internacional, ésta se endurezca hasta formar restrictivos bloques regionales.

Sin embargo, detrás de la lucha por el control, se encuentra una segunda pelea, por el dinero. Las telecomunicaciones fueron alguna vez las gallinas de los huevos de oro para el mundo en desarrollo: Las altas tarifas de terminación que eran cobradas por los operadores de telecomunicaciones y las llamadas internacionales eran una forma de extraer dinero a otros operadores (y a sus clientes) asentados en países más ricos.

Ese sistema ha sido objeto de ataques durante mucho tiempo. Sin embargo, el Internet presenta una fuente alternativa de ingresos. Eso explica por qué muchos países de África, Medio Oriente y otras partes del mundo han estado presionando en Dubai para extender las antiguas regulaciones de ‘pagos de la parte remitente' del mundo tradicional de las telecomunicaciones al tráfico en Internet, imponiendo una carga directa a las empresas de Internet por llegar a sus clientes en el extranjero.

Es natural que los gobiernos y las empresas de comunicación en todo el mundo observen la inmensa riqueza de Google y sus compañeros -y es fácil defender el argumento de gravar a las empresas que se encargan de generar la mayor parte del tráfico que congestiona las redes para que ayuden a pagar las actualizaciones. Las firmas de telecomunicaciones europeas han estado presionando por esta misma causa durante años. A medida que las tensas discusiones en Dubai entraban en su fase final este jueves, parecía que este riesgo se había evitado, al menos por ahora. Sin embargo, es seguro que permanecerá en el trasfondo de las futuras negociaciones internacionales.

En Reino Unido, mientras tanto, el cuestionamiento reciente de los políticos ha llamado la atención sobre la forma en que muchas empresas tecnológicas de Estados Unidos estructuran sus operaciones internacionales para canalizar los ingresos a través de países de bajos impuestos como Irlanda. Transferir la propiedad intelectual a los paraísos fiscales, lo cual permite a las empresas interesadas afirmar que han "ganado" la mayor parte de las utilidades en esos lugares aun cuando las ventas se hayan generado en otros lugares, ha sido un elemento básico de la planificación fiscal internacional.

Puede que sea completamente legal, pero las empresas no pueden quejarse cuando tal transparente evasión fiscal genera la desaprobación política y pública.

Las enormes riquezas de las compañías tecnológicas más exitosas resultan ser un objetivo muy visible. El efectivo y las inversiones de Apple ya han alcanzado los 121,000 millones de dólares y se prevé un aumento mucho mayor. Su flujo de caja libre se incrementará de 42,000 millones de dólares este año a 65,000 millones de dólares en 2014, a pesar de los 11,000 millones de dólares en dividendos accionarios que es probable que pague durante un par de años, según estimaciones de UBS.

En este contexto, se ha vuelto un asunto de relaciones públicas inteligentes para las compañías tecnológicas líderes demostrar que están haciendo más para fomentar el bien social y económico en los principales países en los que operan. Como tantas veces en una industria que ha sido reactiva al lidiar con las amplias implicaciones de su creciente influencia en el mundo, esto ha llegado tarde, pero es el momento oportuno para todo eso.

La promesa de la semana pasada de Tim Cook de repatriar algunos empleos de manufactura de Apple a Estados Unidos es un signo del cambio. La cifra de puestos en juego es pequeña, pero el simbolismo no pasó inadvertido. Apple también ha comenzado tardíamente a argumentar que es responsable directa o indirecta de casi 600,000 empleos en su país de origen, la mitad de ellos a través del negocio de las apps. Para la Apple de Cook, ser vista como un ciudadano que hace el bien público se ha convertido en un asunto urgente.

Google, el gigante tecnológico más cercano a la línea de fuego regulatoria, ha pasado mucho tiempo defendiendo un caso similar respecto su propio impacto beneficioso sobre la actividad económica y el empleo. Pronto será evidente qué tan bien lo ha logrado: Sus intentos por atajar las sanciones de los reguladores antimonopolio en Estados Unidos y Europa están llegando a un punto crítico.

¿Debe ser visto como un monopolista codicioso o como un benéfico creador de empleo? El veredicto llegará pronto.


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