Columna invitada

Dell, un problema de audacia

Aunque sea vendida, la firma no mejorará si Michael Dell sigue a cargo, dice Katie Benner; el mayor obstáculo no es su condición de empresa pública, sino la falta de arrojo de su CEO.

Por: Katie Benner |
Jueves, 17 de enero de 2013 a las 06:03

Continúan filtrándose detalles sobre una posible compra apalancada de Dell Inc, el fabricante de computadoras que alguna vez fue de alto nivel, y que ahora ha caído en tiempos difíciles.

Los reportes iniciales indicaban que las firmas de capital privado Silver Lake Partners y TPG Capital estaban en conversaciones en conjunto con Dell, pero Fortune se ha enterado a partir de múltiples fuentes que cada empresa estaba trabajando de manera independiente y que TPG se ha retirado.

Eso deja sola a Silver Lake, y el Wall Street Journal reporta que la empresa está tratando de finalizar una compra de entre 23,000 millones y 25,000 millones de dólares que podría incluir la participación tanto de Michael Dell como de un gran fondo de pensiones o de un fondo de riqueza soberana.

Ésta es la mayor atención que Dell ha recibido en mucho tiempo. En el importante y diversificado mundo de los servicios de alta tecnología, la empresa es un participante de nicho. En cuanto al hardware, es conocido por su utilidad en lugar de por su innovación. También está perdiendo participación de mercado ante Hewlett-Packard y Lenovo. Y Dell apenas es considerado como un participante en el negocio del software.

La capitalización de mercado de la compañía da indicios de este movimiento hacia la obsolescencia. Dell entró en el milenio valuada en más de 100,000 millones de dólares. Cuando surgieron especulaciones de una adquisición, en 2010, valía alrededor de 28,000 millones de dólares. Cuando la noticia de compra surgió esta semana, estaba valorada en apenas 19,000 millones de dólares.

Aunque el mercado y los analistas han respaldado la idea de una compra, es difícil entender cómo esa medida realmente mejorará a Dell, sobre todo porque el propio Michael Dell parece dispuesto a mantener el control sobre la empresa.

Dell, que es dueño de casi el 16% de la fabricante de PC, aportaría una cantidad significativa de capital para el acuerdo. Es difícil imaginar que lo haga y no retenga el control. Una persona con conocimiento de las negociaciones de compra señala que Michael Dell estaba vivamente interesado en seguir liderando, incluso después de que su empresa fuera privatizada.

Ahí radica el problema central: Michael Dell ha estado tratando de arreglar su problemática empresa desde que regresó como presidente ejecutivo en 2007, y nunca ha ideado un plan eficaz. Como él mismo ha admitido, él no es un innovador y nunca convertirá a Dell en el próximo Apple o Samsung. Por el contrario, se siente feliz creando productos en torno a la propiedad intelectual de otras compañías. Y aunque Dell ha pasado por una ola de adquisiciones -gastando cerca de 5,000 millones de dólares en la compra de redes, servicios, almacenamiento y empresas de software el año pasado- todavía depende de las ventas de hardware para obtener más de la mitad de sus ingresos.

Michael Dell ya tiene el poder de hacer casi cualquier cambio que quiera hacer en la empresa. Él es el dueño mayoritario. Tiene una junta directiva que cree en él. Y tiene la mística de ser el chico maravilla fundador que todavía es descrito como una "estrella de rock" en la sede de la compañía en Round Rock, Texas.

Pero como Fortune relató en una visión de 2011 sobre la compañía, Dell ha sido un arquitecto de los problemas de estrategia de su empresa tanto como un genio detrás de su éxito manufacturero inicial. A partir de entrevistas con docenas de empleados anteriores y actuales, es visto como un gestor prudente que no pudo acabar con la dependencia de Dell hacia el hardware. Su plan ha sido adquirir decenas de empresas pequeñas y esperar que los nuevos emprendedores inyecten alguna innovación, nuevas ideas y talento en la empresa. Esas empresas han crecido rápidamente, pero desde una base pequeña, lo que significa que Dell tiende a dominar en los nichos de negocio.

A Michael Dell parecía no preocuparle demasiado que estas adquisiciones fueran demasiado pequeñas como para mover los indicadores de ingresos y ganancias. Y solamente él parecía establecer los parámetros para la visión y misión de la empresa.

Aunque Dell cuenta con los elementos básicos de una compañía de soluciones empresariales diversas, se siente más como una tienda de alimentos especializada con pocos artículos de nicho en lugar de un supermercado que pueda satisfacer a una amplia gama de clientes. En el momento en que Fortune publicó su artículo 2011, los analistas daban la compañía dos años para hacer cambios significativos, y decían que Dell no tenía tiempo para comprar miles de empresas y hacerlas lo suficientemente grandes como para afectar el balance general.

Volverse privada protegerá a Michael Dell del escrutinio público mientras trata de enderezar el barco, algo que puede parecer muy atractivo. Pero también encasillará a Dell. El flujo libre de efectivo que podría ser destinado a adquisiciones transformadoras será gastado en aportar a la deuda para hacer el trato. Tomar tanta deuda para comprar participaciones también dificultará pedir dinero prestado en el futuro para implementar nuevas estrategias de negocio.

La mayoría de las compañías se vuelven privadas debido a que tienen un problema de ejecución, y una firma adquirida promete una solución que es a menudo una combinación de reducción de costos, cambios en la gestión, y un cambio audaz de estrategia.

Dell ya es conocida por ser una de las empresas más conscientes de los costos en el sector. La probable participación de Michael Dell después de la compra no implicará ningún cambio de gestión verdadero. Y ha dejado claro en los últimos seis años que no favorece los cambios audaces en las estrategias. Él prefiere cambiar la compañía de una manera lenta y constante, al igual que Lou Gerstner en IBM antes que él. Pero IBM ya estaba en una situación ventajosa cuando se alejó de las PCs. Dell no ha llegado a esa ventaja y no tiene el lujo del tiempo.

No hay nada acerca de Dell que indique que su problema sea ser una empresa pública. El precio de las acciones, las ganancias y la estrategia de adquisición apuntan a un problema en la gestión que no es probable que se resuelva si Michael Dell no cede un control significativo a los compradores de capital privado que presumiblemente quieren cambiar la sociedad. Si Silver Lake (o quien quiera comprar a Dell) simplemente está apostando a la capacidad de Michael Dell para transformar su negocio y su mentalidad, entonces ésta es ciertamente una compra arriesgada.


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