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Dell: ¿funcionará la estrategia?

La falta de financiamiento y la desaceleración en EU podrían echar por tierra la reestructuración; Microsoft otorgaría más ayuda a Dell, pues la firma es vital para su venta de software.

Por: Verne Kopytoff |
Miércoles, 06 de febrero de 2013 a las 15:52

Dell recorrerá un camino muy transitado. Los inversionistas liderados por el fundador de la compañía, Michael Dell, pretenden deslistar del mercado al gigante informático en un acuerdo de 24,400 millones de dólares que les permitirá, si todo va bien, orquestar una reestructuración sin la presión de Wall Street.

Es sólo una de las muchas tácticas habituales que siguen a una compra apalancada, en las que Dell figuraría entre las más grandes. El éxito, sin embargo, está lejos de ser la norma, a juzgar por las muchas empresas que han atravesado este proceso.

Hay numerosas compañías que han prosperado, como el fabricante de discos duros Seagate Technology, la firma de gasoductos Kinder Morgan y la empresa de marketing online DoubleClick, que Google adquirió más tarde. Pero también hay varias que han batallado o se han ido a quiebra, como los hoteles Extended Stay America y la cadena de periódicos Tribune Company. "Hay de todo", dice Steven N. Kaplan, profesor de iniciativa empresarial y finanzas en la Universidad de Chicago.

Revitalizar a una empresa en problemas es difícil independientemente de quién sea el dueño. Cerrar o vender divisiones, los despidos y los cambios gerenciales son típicos. Sin embargo, las compras apalancadas crean la carga adicional de lidiar con empresas endeudadas. Mantenerse al día con los pagos de intereses mientras se continúan las operaciones regulares puede ser problemático si el negocio de una compañía sufre un contratiempo inesperado.

El problema de Dell es que su negocio de computadoras personales se está reduciendo a medida que los clientes compran cada vez más a otros fabricantes o compran smartphones y tablets. Como alternativa, la compañía está tratando de cambiar el enfoque hacia los servicios empresariales y la computación en nube, muy en la línea de lo que ha hecho IBM. Empero, la transición ha sido lenta. Por lo que los analistas han cuestionado si la estrategia está funcionando.

El fundador de Dell, junto con la firma de capital privado Silver Lake, tomaría el control total en una adquisición o buyout. El dúo no ha revelado ningún detalle acerca de cómo procederían, pero se espera que tomen medidas más drásticas para revitalizar a Dell. Al retirar a la empresa del mercado bursátil habrá una mayor libertad, ya que no tendrán que complacer a los inversionistas de Wall Street, que inevitablemente se centran en resultados financieros a corto plazo.

"Hay muchos competidores serios y bien financiados", afirma David Larcker, profesor de la escuela de negocios de la Universidad de Stanford, en relación a Dell y sus perspectivas para darle un giro a su negocio siendo una empresa que no cotiza en Bolsa. "Yo no creo que sea pan comido".

En los últimos años, el número de empresas que cotizaban que se han deslistado de la Bolsa ha disminuido. La falta de financiamiento bancario después de la recesión hizo difícil el acceso a nuevos recursos, sobre todo para los acuerdos de gran envergadura. Las circunstancias únicas de cada adquisición dificultan elaborar generalizaciones sobre ellas. Lo que está claro es que sus resultados son muy variables.

Por ejemplo, Hellman & Friedman y JMI Equity, dos firmas de capital privado, adquirieron DoubleClick en 2005 por 1,100 millones de dólares. La compañía, inicialmente un éxito en Internet, había perdido fuerza después de que explotara la burbuja web. Los nuevos propietarios retiraron a la empresa del parqué bursátil, vendieron algunas partes y rehabilitaron su negocio medular, la publicidad. Tres años más tarde, vendieron ese negocio a Google por 3,100 millones de dólares, obteniendo un considerable retorno de su inversión en el proceso.

Harrah's Entertainment, por otro lado, es un ejemplo de una compra que resultó mal. Apollo Global Management y Texas Pacific Group, dos firmas de capital privado, adquirieron la compañía de casinos por casi 27,600 millones de dólares en 2006, justo antes de que la economía y el turismo se derrumbaran. La deuda sigue siendo una enorme losa que pesa sobre la empresa, que desde entonces ha cambiado su nombre a Cesar's Entertainment.

La compra de Dell sería distinta de la mayoría de las otras adquisiciones por varios factores. Por un lado, el fundador de la empresa está encabezando el acuerdo. Extremadamente rico, planea inyectar 700 millones de dólares de su propio dinero en su empresa. Potencialmente, podría aportar más si fuera necesario. Por otra parte, Microsoft, que depende de los clientes de Dell para una gran parte de sus ventas de software, está prestándole a la empresa 2,000 millones de dólares. Microsoft puede ser más flexible que un banco si Dell no pudiera pagar a tiempo.

Silver Lake, socio de Dell en el acuerdo, tiene una larga trayectoria en adquisiciones del sector tecnológico. Ha manejado Seagate, así como el servicio de telefonía por Internet Skype y a la empresa de telecomunicaciones Avaya. Tradicionalmente, las firmas de compra mayoritaria de acciones corporativas (las buyout firms) tenían como objetivo empresas con flujos de caja estables -para así pagar la deuda mejor- y con activos físicos como hoteles, líneas aéreas y tiendas que pueden utilizarse como colateral o venderse fácilmente. En la última década, sin embargo, las firmas de capital privado también han dirigido su interés hacia el sector tecnológico.

La mejor recompensa para este tipo de inversionistas ‘buyout' es reestructurar a una empresa y luego volverla a listar en la Bolsa. Ponerlas otra vez a cotizar les permite recuperar lo invertido, presumiblemente con una gran ganancia respecto a su inversión inicial. Maria Nondorf, profesora de contabilidad en la Universidad de California en Berkeley, dice que Dell tiene una pequeña ventana de tiempo para lograr un progreso sustancial a través de una reestructuración. De lo contrario, se quedará muy rezagada para alcanzar a sus numerosos rivales. Cualquier salida de los inversionistas probablemente se produzca dentro de cinco a siete años en el futuro.

"Van a tener que instrumentar una reforma en muy poco tiempo, como en un año o a lo sumo dos", explica Nondorf. "La compañía tendrá que aportar algo de innovación a fin de ofrecer algo que una empresa como IBM no esté ofreciendo ya".


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