Acostumbrados al lujo

Las grandes marcas dejan de encandilar a los consumidores mexicanos... o a algunos; Masarik ocupa el

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
El maestro joyero 2 - 5
expansion
Mauricio Berger, presidente de Berger Joyeros. (Mauricio Ramírez) Mauricio Berger, presidente de Berger Joyeros. (Mauricio Ramírez)
ARTÍCULOS RELACIONADOS
Son tres cuadras de lujo de Masaryk y nada más, subraya Mauricio Berger. “Son una, dos, tres cuadras”, enumera, “en muy, muy pocas joyerías”, la mayoría de ellas a cargo de la familia Berger. Y bajo todo ese oropel de marcas de alta relojería y joyas hay todavía “un mundo de lujo” desconocido para la mayoría de la gente, el de los brillantes, zafiros y rubíes tallados bajo diseño de Berger o importados por ellos.

Los clientes de Berger reconocen las joyas y las buscan, aparte de las más de 50 marcas de alta relojería representadas por ellos. Quieren tener una parte de una tradición que en 1929 empezó el padre de Mauricio, Alex Elías Berger.

La familia Berger llegó a México en 1943, cuando Mauricio tenía 13 años, después de huir de Bélgica en 1940 y pasar temporadas en Francia, España, Portugal y Cuba, donde se estacionó una temporada con la esperanza de emigrar a “un lugar llamado Nueva York”. Ese año, Alex Elías Berger abrió una fábrica de tallado de diamantes en la calle de Madero, en el centro capitalino, que cerraría unos 20 años después. “La fábrica está intacta ahora”, cuenta Mauricio Berger a quien le gustaría reabrirla.

Desde los años 80 y a medida que han bajado los aranceles, ha aumentado la oferta de relojes importados por los Berger, que son representantes exclusivos en el país de 15 marcas de alta relojería, como Greubel Forsey, Richard Mille o De Witt. “De aquí a cinco años se va a duplicar el mercado de relojes en México, muchas marcas quieren venir al país”, predice Berger. El negocio relojero ha recibido un particular impulso de parte de los hijos de Mauricio, Ari y Sergio Berger.

“Mauricio Berger es uno de los joyeros más importantes de América Latina”, comenta Carlos Alonso, fundador de la revista Tiempo de Relojes. Explica que en su tienda se encuentran relojes de casas artesanales muy exclusivas, como Richard Mille o Greubel Forsey que hacen unos 10 o 12 ejemplares de sus relojes para todo el mundo, y unos cuantos de ellos vienen a México de la mano de Berger.

El joyero muestra tan entusiasta las joyas sin marca pero con muchos quilates, como los últimos modelos de relojes de Hublot o de Harry Winston. Al hablar sobre la forma especial en que está tallado cierto anillo una vendedora lo interrumpe: “Que dice Silvia Pinal que no la va a desairar, que por favor baje a saludarla”. Es una tarde como cualquier otra en la tienda de Polanco, repleta con estrellas, empresarios o sus representantes, que acuden a comprar la última novedad. A diferencia de su competidor Peyrelongue, que concentró todas sus sucursales en sólo una tienda –al cruzar la calle–, Berger ha multiplicado sus locales y abierto también en Cancún y en espacios de El Palacio de Hierro. Y espera que antes de un año la tienda insignia de Polanco se convierta en el mayor centro de relojería y joyería del país, con un local especializado en Rolex, que se sumará a los ya dedicados a Chopard y Bvlgari, también a cargo de la familia.

SIGUIENTE: A la moda