Los mejores abogados de México


Los despachos viven la gloria, además de litigios, hoy tienen en cartera un sofisticado sistema financiero y los planes de empresas con sed de crecimiento.

1. Punto de maduración


— Detrás de cada centímetro de titular en los suplementos de negocios hay un abogado. Detrás de la venta de Panamco a FEMSA, el lanzamiento de Cablemás a la Bolsa, y hasta un cálculo sobre pérdidas fiscales de cualquier otro corporativo, hubo un grupo de despachos, con torres de papeles apilados, que leyeron con lupa la letra chica de los contratos.

Chamber & Partners, una consultora británica que desarrolla directorios de despachos de 170 países, destacó parte de esta labor al seleccionar unos 30 despachos jurídicos en su primer ranking de bufetes y abogados mexicanos agrupados en cuatro ámbitos diferentes: banca y corporativos; impuestos; litigantes y arbitraje. La consultora ya venía haciendo mención del talento mexicano en sus listados globales desde 2000. Expansión hizo una selección de algunas de estas firmas y figuras más relevantes.

El listado coincide con el auge de los servicios financieros, la extranjerización de varios sectores y las inversiones extranjeras en otros. Esto ha atraído al talento joven que estudió y trabajó en Estados Unidos y ha generado fusiones y ‘robos’ de estrellas entre despachos jurídicos.

Pero trabajar, y vivir, en un despacho implica largas jornadas laborales (y largas significa más de 13 horas), eliminar del vocabulario el concepto fines de semana y ser esclavo del celular y el BlackBerry. De ellos depende el destino de millones de dólares, que sus clientes respiren por algún tiempo más o que se sientan en sus oficinas con holgura.

Generaciones en convivencia

Muchos de los abogados que ahora son socios fueron testigos de los momentos estratégicos de la historia económica mexicana de las últimas décadas. A sus 50, Luis Nicolau y Thomas Heather, por citar algunos, respiraron el aire de tensión de la extranjerización de la banca y la reestructura de la deuda externa mexicana. Varias de las jóvenes generaciones tejieron sus carreras en momentos de apertura económica después de décadas de desarrollo en función del sector público y de unas pocas empresas.

Hoy conviven varias de esas generaciones de abogados que se formaron en las diferentes épocas de la economía mexicana. Los octogenarios, o más jóvenes pero formados en los 70  (algunos de ellos ya retirados), como Agustín Santamarina, de Santamarina y Steta; Juan Mijares, de Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes, o Samuel García-Cuéllar, son considerados la generación ‘bisagra’ entre un régimen jurídico marcado por gobiernos proteccionistas y uno más abierto. “Tuvieron que lidiar con un régimen jurídico que no estaba diseñado para promover la inversión productiva en México”, dice Carlos García Fernández, titular de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria.

También está la generación ‘sandwich’, que hizo sus prácticas en épocas del presidente López Portillo, cuando lo único que había eran contratos de empresas con el sector público, y la ‘generación X’, que vivió la última crisis económica y tuvo que romper con las viejas prácticas profesionales.

“El sistema tradicional, que opera más con jerarquías y relaciones personales, sigue vigente fundamentalmente en despachos medianos a pequeños”, de acuerdo con la Asociación Nacional de Abogados de Empresas (Anade).

El auge de los despachos comenzó con la firma del TLCAN, cuando los inversionistas extranjeros y mexicanos necesitaron entender el marco regulatorio local. “Los tratados internacionales de México nos obligan a relacionarnos con otros abogados extranjeros y en nuevas áreas jurídicas (como comercio exterior, medio ambiente, gobierno corporativo) de las empresas que están invirtiendo”, señala Guillermo Narváez, presidente de la Anade, entidad que agrupa a 800 abogados independientes, que laboran en empresas o tienen sus propios despachos.

El auge de inversiones extranjeras y la expansión internacional de firmas mexicanas también detonó la salida de muchos abogados que abrieron sus propios despachos.

Como en otros sectores de la economía, entre los bufetes de abogados hay commodities que muchos grandes despachos siguen aceptando para mantener su presencia de marca, dumping de precios para esos servicios básicos y servicios boutique ofrecidos por despachos más focalizados en impuestos, project finance, litigios o arbitrajes. La rotación de abogados es inevitable entre las oficinas que tienen mayor volumen de negocios, como las que atienden financiamientos, adquisiciones y fusiones.

“Hay pocos despachos que se han podido institucionalizar”, considera Heather. Probablemente es síntoma de la ausencia de maduración de todo el sector jurídico. “Todavía hay cierta dependencia de Estados Unidos, a diferencia de Brasil donde hay muchos despachos que ya tienen alianzas con despachos chinos”, dice Jeffrey Silber, director general de Martindale-Hubbell en México, la empresa de directorios jurídicos del Grupo LexisNexis.

No hay registros ni estadísticas sobre el sector. Sólo cálculos informales de las entidades relacionadas con la profesión. La Anade, por ejemplo, calcula que hay entre 100 y 200 despachos de primer nivel (que atienden a empresas AAA), y un grupo indefinido de despachos de hasta 20 personas que atienden a pyme. Los últimos datos disponibles –primer trimestre de 2004– del INEGI cuentan 120,000 abogados (de unos 191,000 en total) que laboran en bufetes, notarías y administradoras de trámites, cobranza y auditoría.

Parte de este vacío se resolvería con la obligatoriedad de la matriculación en colegios profesionales, algo que ya sucede en países desarrollados y en otras profesiones de México, como contadores, arquitectos o ingenieros. El año pasado, el tema fue tratado, en el contexto de la reforma judicial, pero nada ha cambiado hasta ahora. “La posibilidad de una colegiatura obligatoria se volverá a poner en la agenda de debate en 2008”, comenta Luis Enrique Graham, presidente de la Barra de Abogados, el colegio profesional más activo –de unos cinco que existen en México– con 3,000 profesionales registrados. Hay ciertos avances del lado académico. En agosto pasado, el Tec de Monterrey lanzó la licenciatura en Derecho y Economía. “Hay despachos que buscaban un perfil con esa formación y no lo conseguían en egresados de aquí sino de Estados Unidos”, dice Pedro Elizalde, director asociado de la carrera.

Lo que Chambers & Partners ha venido a ordenar en su ranking es un sector donde desde hace décadas reinan las vanidades, la competencia férrea por los clientes, un culto a la marca del despacho y a la cabeza del bufete. Y un selecto grupo de profesionales que cotiza su tiempo a 400 dólares la hora.


2. Jóvenes y hambrientos


— Las cosas ya no se hacen como antes, ahora todo es más rápido, más transparente y hay una enorme consecuencia. Tal es el manifiesto que profieren muchos de los abogados corporativos jóvenes, quienes enfrentan el reto de tomar la estafeta de sus mayores en un contexto más escrutado.

Y un factor que define a la camada de jóvenes pertenecientes a los despachos más destacados es que han decidido dar la espalda a la vieja forma de hacer las cosas. La vieja escuela ya no es para ellos; no más comidas de trabajo de varias horas, ni acompañar a sus clientes a sus bacanales, ni mover influencias en determinado sentido.

“En 10 años, la profesión ha cambiado muchísimo”, dice Juan Antonio Martín (35 años), uno de los 11 socios de White & Case México. “Tenemos la suerte de no estar hechos a la forma anterior”. Martín ha participado en tres casos paradigmáticos: la mayor operación de fusiones y adquisiciones (la compra, en 2001, de Banamex por Citigroup, por 13,000 millones de dólares), la emisión del mayor bono en moneda nacional en México (por parte de Pemex, de 5,000 millones de pesos, en 2005) y la primera emisión de deuda municipal (del ayuntamiento de Aguascalientes).

Esta camada de abogados, expertos en finanzas corporativas, créditos estructurados, bursatilización y autores de las letras chiquitas de cada caso de fusión o adquisición, ha tenido que aprender mucho sobre la marcha y sin improvisar. “Realmente son una generación de cambio”, opina Inés Vargas, abogada de Thatcher, Proffitt & Wood y profesora de derecho corporativo del ITAM. “Han tenido que zafarse de muchos hábitos de quienes les precedieron, se espera mucho de los jóvenes, que sepan y que sean capaces”.

En un país que decidió entrar al juego de la globalización y en donde muchas cosas están por hacer para alcanzar una real competitividad, la nueva casta de abogados tiene que ‘picar piedra’, inventar muchas cosas que antes se daban por sentadas. Además, se trata de entrar al juego de la transparencia, como uno de los saldos de la transición democrática y del acceso del país a los mayores estadios económicos.

“Pero hay que tener hambre”, complementa José Víctor Torres (38), socio de González Calvillo. Porque la práctica se ha vuelto más sofisticada, con instrumentos inéditos en México hace 10 años, como la bursatilización de hipotecas o los derivativos de créditos. Este tipo de operaciones se sigue puntualmente de inicio a fin y en ellas no hay margen de error. “Uno tiene que estudiar mucho y tener un don natural para trabajar bajo presión”, dice. Torres estuvo a cargo de armar una compleja estructura de crédito, mediante la cual Qualcomm, el fabricante de equipo y software para comunicaciones inalámbricas, montó la red de Pegaso.

Otro de los retos que enfrentan estos profesionistas es asumirse como parte de una cadena productiva, en la cual se consideran a sí mismos proveedores de servicios. “Somos una especie de exportadores de ideas”, comenta Martín, quien dice que muchos de sus clientes prefieren tratar con abogados jóvenes pues son, a menudo, de menor edad.

En consecuencia, los clientes son quienes les marcan el ritmo, mismo que resulta en jornadas de largas horas, aunque rentables. En promedio, el cobro por su hora de servicios es de unos 350 dólares por hora; pero a veces se tiene que hacer sacrificio y cobrar no más de 280.

La rivalidad se mide en pesos y centavos más que en casos ganados. “Los clientes exigen más que antes precio y calidad”, explica Arturo Perdomo Jiménez (37), socio de Galicia y Robles. “Al fin no somos ni más ni menos que prestadores de servicios”. Aunque no fue una operación enorme, Perdomo dice que aprendió mucho de la compra del Grupo La Mansión por parte de su cliente, el fondo Advent, en el cual participaron muchos socios, más de 40 dueños de los restaurantes.

Al revisar las biografías de muchos abogados de este nicho, es evidente que, en cuanto a educación, han sido cortados casi por la misma tijera. En general, hicieron sus licenciaturas en México, sea en la UNAM, la Escuela Libre de Derecho o el ITAM; desempeñaron sus pasantías en despachos nacionales o en los departamentos jurídicos de algunos corporativos, y se tomaron una tacita de café en las grandes ligas de los despachos neoyorquinos.

En ese calentar de motores es donde ellos notan la tendencia de la forma de hacer negocios en México a una docena de años de que entró el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Con esos mercados, el país no sólo ha debido alinear las prácticas económicas, sino las legales; con el obstáculo de tener dos sistemas totalmente diferentes, el común en el caso de los países de influencia anglosajona, y el latino.

Pero en la calle, eso no importa tanto, el cliente manda.  “Las expectativas de los clientes acá son tan altas como las de los extranjeros”, señala Patricio Trad Cepeda (35), de Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes. “Buscan una respuesta ágil y eficiente”. Trad participó en la venta de Grupo Milano, asesoró al fondo de inversión Advent en su compra del grupo de servicios funerarios Gayosso y llevó a buen puerto las emisiones de deuda de Hipotecaria Su Casita en México y en Nueva York.

De ahí la presión. En un mundo que se mueve rápido, a velocidad internet, estos abogados han tenido que demostrar que saben hasta lo que sus clientes ignoran, son la última barrera de contención en la estructura del poder. En consecuencia, se mueven rápido, innovan y buscan la eficiencia a toda costa.

Para ellos, un día típico implica horas y horas de quemarse las pestañas, “atendiendo a los clientes y produciendo los documentos que se  requieren. Las jornadas son largas, arriba de 12 o 14 horas”, asegura Carlos Obregón Rojo (33), de Ritch Mueller, experto en financiamiento tradicional y bursátil y fusiones. También participó en la transacción Banamex-Citigroup y en la fusión de Bital con HSBC. Y eso sin contar las actividades pro bono. Ganar dinero para ellos, sus despachos y sus clientes no es todo, también hay que generar para repartir.

Otro dilema es el de la educación. El que muchos jóvenes hayan destacado en diversos ámbitos se debe a su propia iniciativa. En el mundo legal, simplemente, los programas de estudios de las facultades de derecho, públicas o privadas, no los preparan para lo que verán en la calle.

Los días de estos profesionales se llenan con agendas exhaustivas, lo cual tienen que saber combinar con –en muchos casos– el  arranque de sus vidas en familia. “Sufrimos de gastritis porque estas cosas no paran”, comenta Torres, señalando su BlackBerry, que no ha parado de contestar durante la entrevista. “Tenemos que estar disponibles las 24 horas del día, todos los días del año. Y esto es muy desgastante. Para poder viajar con la familia, tienes que dedicarle un par de horas al día, como mínimo, a esta maquinita”.

Una de las demandas como gremio es mayor competitividad en el país, ya que están convencidos de que a mayor eficiencia, mejores condiciones de trabajo para su propia actividad. El problema es el ritmo de avance. “Vamos con años de retraso, comparados con nuestros socios comerciales”, asegura Martín. “Ojalá todo fuera más rápido”.

Con información de Bárbara Anderson y Fernando BriseñoU


3. Toque maestro


— Sus padres querían que fuera tenista. “Dejó de ser una opción cuando (el deporte) se volvió profesional”, comenta el tercer socio de White & Case en México que se incorporó al despacho hace dos años.

Ahora, después de haber pasado casi dos décadas en un despacho mexicano (entonces, Ritch, Heather y Mueller), dice estar viviendo la infancia de su fase adulta-mayor. Según el reloj biológico de Thomas Heather parece que estuviera viviendo sus siete años. “(2000) Fue un año de mucho challenging”, dice este nieto de británicos, en espanglish, tal como lo hace el resto de sus colegas en el área corporativa. Ese año le tocó uno de los casos de arbitraje corporativo más sonados en México; su esposa enfermó de cáncer, tenía cuatro hijos pequeños y participó en la categoría de veteranos en Wimbledon. Fue su año bisagra.

Por un lado, estaban en juego 600 millones de dólares de diferencia entre lo que sostenía su cliente, August Busch III, el padre del actual CEO de Anheuser-Busch, respecto de lo que afirmaba su contraparte, Grupo Modelo. “No fue fácil: una empresa familiar de un lado frente a nombres de abolengo por otro”, recuerda Heather.

Hoy conserva los cuatro tomos de cinco centímetros de grosor con alegatos; su esposa superó la enfermedad y destina tres semanas del año para viajar con su familia. En 2006, los Heather –dos de sus cuatro hijos ya son abogados– pasaron Navidad en India. “Nunca dejaré de ser workaholic, quiero seguir creciendo y activo, pero eso me puso un freno”, asegura el abogado, quien dedica al menos una hora diaria a estudiar.

El caso más complejo que enfrentó llegaría años después, cuando estaba más curtido. “Aquí la clave es el buen humor; ayer me pasó que subí la voz en una conference call con 80 personas, y sólo les dije ‘sorry, I just get my pills’”. El tema de conversación era Satmex, el caso que come sus horas y por el que debe interceder ante la Cámara de Diputados, acreedores internacionales y funcionarios del gobierno federal. Heather tiene a cargo la reestructura de la empresa estatal y, en definitiva, el futuro del negocio de satélites en México.

Hace una década, se enteró de la muerte de Luis Donaldo Colosio a las 11 de la noche de Inglaterra, un día antes de la emisión por casi 4,000 millones de dólares (a valores de 1991) que sus clientes Allied-Lyons harían para comprar Pedro Domecq. Hoy la adrenalina sigue siendo moneda corriente en su vida diaria pero la madurez le agregó paciencia. “Antes me regía por el get the deal done, hoy es get the right deal done”.


4. Testigo directo


— Si fuera por su apariencia, podría pasar por banquero de inversión o financiero de un corporativo. Pero la decisión de Luis Nicolau por las leyes hace casi tres décadas lo llevó a ser testigo, desde muy temprano, de lo que implica una reestructura financiera como la de la deuda mexicana, en 1987, cuando trabajaba como pasante en un despacho estadounidense. Cuatro años después estaría detrás de la primera oferta de valores en el extranjero del gobierno federal.

De ahí en más, su expertise fueron los financiamientos complejos y las grandes adquisiciones. No por nada, recién llegado de EU, donde estudió con la Beca Fullbright, fue nombrado director de finanzas en Vitro, uno de los grupos con la más compleja arquitectura en sus financiamientos. “El tema corporativo en los despachos estaba en pañales”, cuenta Nicolau, uno de los 11 socios de Ritch Mueller, uno de los despachos más renombrados en la materia.

Se integró a la práctica legal en 1989, cuando aún faltaban unos años para que las compañías mexicanas abrieran su capital a firmas extranjeras, como sucedió con la compra de Inverlat por parte del banco canadiense Scotia, que Nicolau asesoró.

Este abogado de 46 años es parte de una generación que se educó durante el despegue petrolero y el auge del sector público como fuente laboral pero comenzaron a trabajar en la crisis de López Portillo, cuando las mayores oportunidades estaban en el sector privado.

En este siglo fue testigo de grandes operaciones: la adquisición de Hylsamex por parte de Techint; el financiamiento que aportó Hylsa, del Grupo Ternium, para pagar la adquisición de Grupo Imsa; asesoró a JP Morgan Chase y Morgan Stanley, las cuales calificaban una de las mayores compras de la historia mexicana (la de Panamco por parte de FEMSA).

“Todo es contrarreloj”, dice Nicolau, el mayor de tres hijos varones y padre de otros tres de entre siete y 13 años. Por eso, duerme cinco horas diarias, sólo ve a sus hijos los fines de semana –cuando suele trabajar hasta 12 horas– y camino al trabajo, en su auto, escucha audiolibros de novelas y biografías.

Entre call conferences diarias y lecturas de contratos de compra-venta e IPO, Nicolau asiste a las reuniones de consejos de MVS, Banco JP Morgan, BCBA (empresa de bienes raíces de María Asunción Aramburuzabala) y Satmex.


5. Médicos de cabecera


— Todos los días la prensa registra cómo marchan los negocios de los empresarios más importantes del país. La venta de Aeroméxico a Banamex, la escisión en una compañía de Carlos Slim o la compra de Jugos Del Valle por parte de FEMSA. Detrás de estas operaciones hay un grupo de gente pero sus nombres nunca salen a la luz pública. “El mérito no es nuestro sino de nuestros clientes”, sostiene Rodrigo Orozco, socio de White & Case, despacho que en 2006 representó a ICA cuando la constructora ganó el primer Proyecto para Prestación de Servicios que licitó el gobierno, un negocio de 62 MDD.

Según la consultora británica Chambers & Partners, White & Case es uno de los seis mejores despachos en México dentro del área corporativa y financiera, seguido por Creel, García-Cuéllar y Müggenburg; Galicia y Robles; Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes; Ritch Mueller; y Jáuregui, Navarrete y Náder. Bajo estos apellidos operan los consiglieri más influyentes del mundo empresarial mexicano.

Lo primero que sorprende es la juventud de sus cuadros. “El promedio de edad de los socios está debajo de 40 años”, explica Jean Michel Enríquez (37), socio de Creel, García-Cuéllar y Müggenburg. Este bufete representó al gobierno en la venta de Aeroméxico en 249 MDD. Gracias a esta juventud pueden enfrentar la segunda característica que los une: las intensas cargas de trabajo. “Tengo el récord del despacho: 72 horas continuas en la oficina”, cuenta Patricio Trad (35), socio de Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes. Este bufete es el único mexicano nominado en 2007 por Chambers en la categoría de El Mejor Despacho en América Latina.

Miran continuamente su reloj, y la mayoría es capaz de atender una conversación mientras lee un documento o mueve sus pulgares en la BlackBerry. “Los clientes nos ven como si fuéramos su doctor”, comenta Rafael Robles, socio de Galicia y Robles. “Mi esposa, por ejemplo, ahora está en una sala de recuperación”, dice antes de entrar a una conferencia telefónica con un cliente.

Ese ritmo parece intimidar a las mujeres. En los bufetes ganadores sólo hay una socia: Lorenza Langarica (38), recientemente ascendida en Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes. “No hay discriminación. Elegir este camino es una decisión de vida”. A ella le tomó 13 años subir de pasante a socio, cuando el rango en el sector es de ocho y 10 años.

Las horas de trabajo son tan abundantes como los metros cuadrados de sus oficinas, todas en las zonas más exclusivas del DF. Pero nada que apriete sus finanzas: la renta de una oficina de 20 metros cuadrados se costearía con sólo facturar una hora de servicio a un cliente.

La discreción es de los rasgos obligados y frecuentemente rechazan entrevistas pedidas por la prensa. “Si estás más expuesto es más probable que se te vaya algo”, asegura Manuel Galicia, de Galicia y Robles, despacho que atiende asuntos del hombre más rico del mundo, Carlos Slim. Pero de esa obligada discreción, surge un ‘conflicto’: “Dicen que abogado sin ego, es contador”, bromea Vicente Corta, socio de White & Case. A juzgar por la cantidad de premios que todos los abogados presumieron en las entrevistas, esos reconocimientos pierden su valor. Al grado de que Robles ya no cree en ellos. “Primero te investigan, después te premian y luego te cobran para promover tu premio”, dice. Una frase en latín que reza Vanitas vanitatum et omnia vanitas, Galicia, el socio de Robles, la interpretaría así: “A todos nos choca esto de los rankings, pero más nos choca no salir”.

BANCA Y CORPORATIVOS
* Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes
* Ritch Mueller
* White & Case
* Galicia y Robles























6. Titanes del estrado


LITIGANTES
*Quijano, Cortina y De la Torre
* Martínez, Algaba, De Haro, Curiel y Galván-Duque

Si usted tiene un banco que acaban de nacionalizar, si su multinacional tiene una deuda multimillonaria y la quiere reestructurar, si el gobierno federal ya le puso el ojo encima y le quiere desaforar, tiene dos opciones.

Se trata de dos despachos considerados los titanes del litigio en México. Sus batallas transcurren en la niebla de la confidencialidad, sus armas son silenciosas, su estilo es sedoso y discreto.

Ambos se pelean la corona del litigio. El más grande es Martínez, Algaba, De Haro, Curiel y Galván-Duque, con 11 socios y 18 asociados. Litiga, ofrece asesoría y servicios corporativos y fiscales.

Más pequeño y enfocado en el litigio es Quijano, Cortina y De la Torre, con tres socios y dos asociados y especializado en competencia y telecomunicaciones.

“Los dos son (despachos de) abogados serios, honestos, responsables y estudiosos, con quienes puedes negociar”, comenta Jaime Guerra de sus colegas y oponentes, otro reconocido litigante por los casos de AHMSA y Grupo Azucarero Mexicano. “Los dos han contribuido significativamente al desarrollo de la interpretación de la ley en México”.

En el país, los juicios civiles no son públicos y el mundo del litigio civil se encuentra cobijado por la confidencialidad.

Martínez, Algaba, De Haro, Curiel y Galván-Duque son los abogados preferidos de las entidades financieras. Llevan 37 años de operación y el mismo tiempo como asesores legales de Citigroup en México. En ese periodo también coordinaron la liquidación de siete bancos por el IPAB y estuvieron detrás de la venta de Banamex a Citigroup por 12,500 MDD.

La historia de México de los últimos 30 años ha sido financiera, una historia de crisis, privatizaciones, nacionalizaciones, rescates. En todo este tiempo, ese despacho ha estado ahí, en medio de la acción, al lado de los acreedores (bancos), extranjeros o nacionales. “La razón es que tenemos que evitar cualquier conflicto de interés; no podemos estar trabajando para un banco en un momento y en contra de ellos en otro”, comenta Roberto Martínez, socio fundador del despacho, en la larga mesa de juntas con vista a los cerros de Santa Fe.

Por otro lado, el despacho Quijano, Cortina y De La Torre tiene 30 años de experiencia. Javier Quijano defendió a Telmex y Telcel en todos los juicios sobre competencia en las telecomunicaciones, y representó a Andrés Manuel López Obrador durante su desafuero, además de José Gutiérrez Vivó en el caso Radiocentro-Monitor. Aunque la mayoría de sus casos involucra peleas entre socios también tiene una especialidad en concursos mercantiles.

“(Fundamentalmente) somos abogados de los deudores”, comenta Quijano en su oficina, en una de cuyas paredes cuelga enmarcado el original de ‘J’accuse’, el famoso editorial publicado en el siglo XIX por el escritor Émile Zola para demostrar la inocencia del capitán Alfred Dreyfus ante el gobierno francés. “La ley se puede interpretar desde dos ángulos, (pero) uno tiene que sostener una línea ética; es difícil saltar de una posición a otra”.

El mundo de los grandes juicios en México es pequeño. Estos despachos se han enfrentado varias veces en juicios donde había fortunas en juego. La discreción es sagrada y de los expedientes no se escucha nada más que el crujir de sus páginas. Ahí se libran las batallas entre titanes.


7. Litigante sin tribuna


ARBITRAJE
* Von Wobeser y Sierra

Corría 1997 cuando Claus von Wobeser fue designado como árbitro en la primera controversia que enfrentaba el gobierno de Ernesto Zedillo, al amparo del capítulo XI (sobre inversión), en el marco del TLCAN. El abogado mexicano debía resolver la disputa que inició el empresario estadounidense Robert Azinian al ser revocada su concesión para la recolección de basura en el Estado de México. El laudo resultó a favor del gobierno. “Había engaños en cuanto a las características de sus servicios”, recuerda Claus von Wobeser.

Desde ese momento, el despacho Von Wobeser y Sierra empezó a acumular experiencia en arbitrajes inversionista-Estado. Es una herramienta legal cada vez más utilizada en los múltiples tratados internacionales y acuerdos de protección a las inversiones que México tiene con otros países. “No hay muchos (despachos especializados). Requiere un procedimiento especial”, afirma Von Wobeser.

La firma tiene en su historial 25 casos de arbitrajes de inversión y han seguido procedimientos en contra de los gobiernos de Argentina, Perú, Chile, Panamá, El Salvador y asesorado al departamento de Estado de EU. Entre los siete casos que lleva actualmente está un conflicto entre el gobierno de Hungría y una firma inglesa, en la cual Von Wobeser es árbitro. El primer contacto con esta práctica fue circunstancial. Von Wobeser estudiaba su doctorado en París cuando un abogado de la corte de arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio (ICC) le recomendó integrarse a ese órgano. Postuló y en 1982 fue designado miembro, el primer latinoamericano. Ahora es vicepresidente de la ICC. Al fundar su despacho, en 1986, con Maclovio Sierra (1955-1988), se convirtieron en pioneros del arbitraje en México.

Además de litigios inversionista-Estado, el arbitraje se usa como método alternativo al sistema judicial para resolver conflictos mercantiles. La expansión en México viene de hace 10 años, con un aumento en las relaciones comerciales con firmas extranjeras. “Ninguna de las partes está dispuesta a irse a los tribunales judiciales del otro y acuerdan someterse al arbitraje”, explica Carolina Castellanos, secretaria general del Centro de Arbitraje de México. En la actualidad, 95% de los contratos internacionales tienen una cláusula arbitral. 

Unas 15 firmas en México hacen arbitraje pero no más de cinco llevan grandes controversias cuyos montos en disputa superan los 10 MDD. Von Wobeser es una de ellas.

Representó a la cervecera Anheuser-Busch en una disputa con accionistas de Grupo Modelo. El laudo a favor de la estadounidense determinó que pagaría 556 MDD por una mayor participación en Modelo, en lugar de 1,000 MDD.

El arbitraje representa para Von Wobeser y Sierra 20% de su actividad. Actualmente lleva, además de siete controversias de inversión, 15 comerciales en sectores diversos como construcción, energía, transporte y hoteles.

Además de las cartas de Von Wobeser, dos de los siete socios tienen amplia trayectoria en esa práctica: Marco Tulio Venegas  y Luis Miguel Jiménez. Su experiencia en diversas jurisdicciones en el mundo, y el manejo de cuatro idiomas les permite representar a clientes como Mexicana de Cobre, Cablevisión, Motorola, Televisa y Diageo.

La clave para Von Wobeser, además de conocer la materia de arbitraje y el derecho que se va a aplicar, es saber presentar el caso y las pruebas, para lo cual se apoya en un equipo de 10 de los 50 abogados de la firma. “No es sólo tener la razón sino probarla”, asegura.


8. Contra los abusos


IMPUESTOS
* Basham Ringe y Correa
* Ortiz, Sainz y Erreguerena

Prefieren un bajo perfil, aunque no lo logran del todo. Pusieron en evidencia los errores del Congreso en la redacción de leyes en materia tributaria, le ganaron litigios al fisco, consiguieron amparos ante la Suprema Corte de Justicia y representaron casos que han generado tesis de jurisprudencia.

Son ‘las piedras en el zapato’ de la Secretaría de Hacienda. Basham, el más antiguo, fue fundado en plena época de la Revolución, para atender a multinacionales con intereses en el país, por el abogado estadounidense Harvey A. Basham, quien también fue fundador de la American Chamber of Commerce México.

Ahora, Basham sigue su tradición con una base de 2,500 clientes, entre ellos, las extranjeras Colgate-Palmolive, Coca-Cola, Ford, Volkswagen y Goodyear, y las mexicanas Herdez, Desc, Grupo México y Grupo Peñoles, atendidas por 145 abogados con servicios multidisciplinarios.

Basham fue uno de los despachos que encabezó la defensa contra las modificaciones a la Ley del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que gravaría con 15% la venta de jugos. La firma demostró que no era equitativo que alimentos ‘sólidos’ como el pan y la tortilla estuvieran exentos de IVA y no los jugos, considerados ‘semisólidos’. La Corte Suprema declaró inconstitucional la medida, vino una lluvia de amparos y el entonces presidente Fox terminó por emitir un decreto para dar un tratamiento similar a los jugos.

“Procuramos ir bien protegidos desde el punto de vista procesal, como un tanque de guerra. Preferimos ir a lo mejor y no tan rápido en el litigio”, dice Gerardo Nieto, socio director de Basham.

Ortiz, Sainz y Erreguerena es el despacho más joven de los tres –el año que entra cumplirá sus primeros 20 años–, pero rápidamente se ha posicionado como uno de los más competentes en el terreno del litigio fiscal. Sus abogados conocen palmo a palmo los pasillos de Hacienda. Tienen mucho por atender en el terreno tributario, como el reconocimiento, para fines de deducibilidad, de las pérdidas en la venta de acciones y la participación de los trabajadores en las utilidades (PTU) de las empresas.

Cuando la Comisión Federal de Competencia ordenó la separación de Cintra en dos empresas (Aeroméxico y Mexicana), el proceso implicó una pérdida en los títulos de la holding. El despacho demostró ante la Corte que la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR) violaba el principio constitucional de proporcionalidad tributaria pues, por un lado, reconocía las ganancias para determinar el impuesto, pero por otro, ignoraba la pérdida patrimonial por venta de acciones.

“Ese caso ha sido tan importante que motivó un cambio legislativo que entrará en vigor el primero de enero. A nivel de consolidación ya se reconoce la posibilidad de retomar la pérdida en venta de acciones”, indica Arturo Pérez Robles, socio director de Ortiz.

Chévez, Ruiz, Zamarripa es altamente conocido en consultoría fiscal. Su fundador, Fernando Ruiz, es considerado el ‘hombre impuestos’ de México y actualmente es socio retirado del despacho. Es una de las firmas de contadores y abogados fiscales más influyentes de México, ha sido asesora del Consejo Coordinador Empresarial y también de la Secretaría de Hacienda.