Ozeaneum 9,000 metros de viaje submarino
A las orillas del mar Báltico, el mayor museo oceanográfico de Europa concentra la vida marina.
Aquel cuerpo con forma de hebilla es considerado por los habitantes de Stralsund, Alemania, como una isla portuaria y tienen razón, pues está completamente rodeada de agua. El área flotante cuenta con varios brazos comunicantes que la unen a una ciudad ubicada al noreste del país germánico que limita con Polonia y el mar Báltico.
En el siglo XIX, esta ‘isla’ fue construida porque el puerto de Stralsund requería un vertedero. A la larga se decidió aprovechar el espacio y se erigieron algunas bodegas que sobrevivieron a los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial.
Después, durante el radicalismo de la desaparecida República Democrática Alemana, el régimen comunista decidió conservar estas instalaciones con tal ahínco que se optó por clausurar el islote y negar el acceso al público.
Al caer el Muro de Berlín, pobladores y gobierno se cuestionaron qué uso brindarían a aquel montículo incrustado en sus muelles, uso que, por cierto, debía responder de manera moderna pero armoniosa, a la arquitectura detentada por el casco antiguo de Stralsund, cuyos valores estéticos e históricos lo hicieron acreedor al título de Patrimonio de la Humanidad por la unesco en 2002.
Sucedió entonces que, en medio de la discusión, los representantes del Museo Oceanográfico de Alemania alzaron la mano para proponer la instauración de un nuevo museo, uno que, dada su ubicación, fuese del mar y hablase del mar. A todos les pareció una excelente idea.
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(Foto: Ohannes-Maria Schlorke/Behnisch Arquitectos)




