La única bandera de la sustentabilidad
La vivienda dio el primer paso, faltan la obra pública y los códigos de uso de suelo y construcción
Las principales fuentes del contaminante son la quema de combustibles fósiles utilizada en la generación de electricidad y en el transporte, así como el cambio de uso de suelo, por las emisiones que desprende directamente y por la tala y limpia de los terrenos en breña.
Los sectores residencial, comercial y público participan con alrededor de 23% del CO2, mientras que el del transporte lo hace con 38%, el industrial, con 35%, y el agropecuario, con casi 2.7%.
La vivienda sustentable es un intento por combatir el problema. Por eso, con los subsidios federales y las hipotecas verdes, este gobierno detonó el interés por ofrecer productos y tecnologías para el manejo adecuado de residuos sólidos y el ahorro de energía: aislamiento de techos y muros, equipos para el calentamiento de agua con energía solar, lámparas eficientes, recubrimientos reflectivos y aislantes.
Con el ejemplo de la vivienda institucional podríamos pensar que en México hay otros programas agresivos para lograr la sustentabilidad en los demás tipos de edificaciones (hospitalarias, de oficinas públicas y privadas, escolares, turísticas y de servicios), en los que, seguramente, consumen más energía y agua. Sin embargo, no es así.
¿Hasta cuándo los que menos tienen deben financiar la tecnología que contribuya a frenar el calentamiento global y el efecto invernadero? ¿Por qué se teme incorporar en los códigos de construcción y de uso de suelo disposiciones más estrictas para los que sí pueden y deben pagar? ¿Y qué decir de hacerlo en las obras públicas?
*Director técnico del Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y Edificación (ONNCCE).


