De shopping en un contenedor
Cholula tiene una plaza comercial hecha con contenedores que intenta seguir las tendencias europeas.
El culto. Al fondo de los comercios destaca una de las tantas iglesias de la ciudad de Cholula. (Foto: Federico Gama)
Muy cerca de ahí se encuentra el nuevo espacio comercial, el cual llama la atención a primera vista por su amplia gama de colores. Los contenedores, apilados horizontalmente unos sobre otros, contrastan con los baches y el mal estado de las casas de las calles aledañas.
El proyecto cuenta con áreas de jardines, llamativos locales comerciales y corredores. Las siluetas humanas pintadas sobre las paredes de los contenedores se confunden con las sombras de las personas que visitan el lugar para curiosear entre los locales de diseño de modas, restaurantes gourmet y cafeterías.
Al ingresar a Container City hay un estacionamiento, un piso con piezas de adoquín desniveladas por el paso de la gente y los vehículos. Al fondo se vislumbra un bar que sobresale, porque además de estar hecho con contenedores cuenta con cristales, acabados en madera y colores (blanco y pasteles), que no son tan estridentes como el del resto de los contenedores aledaños.
Más allá, al caminar por uno de los dos pasillos principales, los visitantes encuentran una gran caja pintada de negro. Al acercarse ven que se trata de un café: sus sillones son de color azul cielo y combinan con los dibujos psicodélicos del interior, al igual que con las mesas plateadas del exterior.
Al seguir por el que parece un laberinto, es posible encontrar todo tipo de locales, pintados de negro, otros de azul claro, rosa, blanco, rojo, e, incluso, algunos en los que el sol ha deteriorado las tonalidades. Hay desde kebabs, comida mediterránea, pizzas y pan artesanal, hasta diseños exclusivos de modas, moda alternativa y un salón de belleza.
En este sentido, Esper (ex alumno de Diseño Gráfico de la UDLAP) explica que la idea de Container City consiste en ofrecer a los visitantes la posibilidad de recorrer un centro comercial temático, en donde jóvenes empresarios pudieran incursionar en nuevas tendencias. "Todos estos proyectos son visuales, temáticos y de reciclado, lo cual, de acuerdo con mi opinión, es hacia donde va el mundo arquitectónico-inmobiliario".
Al respecto, señala que en un principio contempló la existencia de áreas habitacionales, al considerar que la ciudad de los contenedores podría ser una alternativa para que los estudiantes pudieran encontrar un lugar donde vivir a solamente unas cuadras de su escuela. "Pero no funcionó", reconoce el empresario, al considerar que los estudiantes mexicanos aún no estaban listos para vivir dentro de contenedores. Como el proyecto habitacional no pudo despegar surgió la idea de impulsar más comercios.
Para la construcción del Container City de Puebla, se ocuparon 50 contenedores usados, con un peso de cuatro toneladas por unidad, y en su mayoría con un tamaño de 40 pies (12 x 2.4 x 2.40 de altura), los cuales fueron adquiridos por Esper y Miguel a un precio promedio de 3,000 dólares (más impuestos), a compañías navieras en el puerto de Veracruz y en la Ciudad de México, a través de un agente aduanal.
Una vez en Cholula, los contenedores fueron distribuidos en diversas formas y niveles. "Sin estructura, un contenedor soporta nueve contenedores", precisa Esper. Ya colocados en su lugar, los contenedores fueron pintados y adaptados para servir como espacios habitables y comerciales, utilizando instalaciones hidráulicas y de gas similares a las empleadas en una edificación tradicional.
El proceso total llevó dos años, desde la concepción del proyecto en 2007, hasta su construcción, la cual se desarrolló a lo largo de seis meses y medio.
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