La estética de la austeridad
Al terminar la crisis la arquitectura corre el riesgo de olvidar la mesura, opina Antonio Toca; de acuerdo con el arquitecto e investigador de urbanismo se podría retomar la cultura del derroche.
Escritor de la columna Trazos urbanos (Foto: Obras)
La arquitectura exige cambios en las prácticas que buscaban reconocimiento y consagración profesional. Ahora condena a quienes intentaron materializar un ícono, para consagrarse en el apretado star system mundial.
“Menos es más”, “la belleza de lo pequeño” o “creatividad en la escasez” son algunos de los lemas de esta cruzada para redimir los pecados.
Hay la sensación de que se está volviendo a decir lo mismo, pero de otra forma, de que el arrepentimiento es muy poco creíble y de que a la primera recuperación del mercado se olvidarán las buenas intenciones.
La arquitectura del derroche y la extravagancia quedará como lo que fue: pretenciosa, fuera de escala y con el gusto ecléctico del nuevo rico. Ningún profeta prospera en época de bonanza y nadie puede pedir pobreza franciscana a gente que ganaba fortunas especulando. ¿A quién le importaba promover mejores hospitales, escuelas, vivienda digna y espacios públicos?
Desde antes de esta crisis, la práctica de la arquitectura ya estaba en un estado lamentable: muchos tienen poco trabajo y pocos tienen mucho. Además, el avance de la tecnología y de los programas de diseño no ha sido aprovechado por una profesión introvertida, reacia al cambio y poco integrada a la industria de la construcción y a la actividad inmobiliaria.
Los problemas acumulados y los déficits son tan graves que se requiere enfrentarlos con algo más que conferencias y manifiestos.


