Arquitectos mexicanos de exportación
Abolirán el dumping para arquitectos mexicanos en algunos tratados de libre comercio.
Jorge Tamés y Batta, presidente de la Asociación de Instituciones de Enseñanza de la Arquitectura de la República Mexicana y director de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. (Foto: Gunther Sahagún)
Enrique Norten, a través de su firma TEN arquitectos, ha obtenido importantes contratos en la ciudad de Nueva York. (Foto: Gunther Sahagún)
Además, están obligados a cumplir con los requisitos que la legislación mexicana establece, como tener la cédula profesional y la certificación de la FCARM, además de las condiciones requeridas por la jurisdicción que sea de su interés.
Del lado de México, se ha cumplido con todo lo requerido. La FCARM ya otorgó certificados para que 43 arquitectos mexicanos puedan trabajar en Estados Unidos y Canadá, tan pronto como el acuerdo entre en vigor en la práctica.
Ese grupo de arquitectos pertenece a universidades de 11 entidades de la República, en las que aún no hay egresados de estados como Nuevo León y Jalisco ni del Distrito Federal, porque se requiere homologar las certificaciones entre las partes.
¿Certificación no requerida?
Por ejemplo, Enrique Norten, a través de su firma TEN arquitectos, ha obtenido importantes contratos en la ciudad de Nueva York. Entre otros, fue el encargado de construir el primer rascacielos de Harlem y la Biblioteca Pública para las Artes Escénicas de Brooklyn.
"A los arquitectos de gran nivel se les contrata bajo las leyes estadounidenses como artistas", señala Jorge Tamés y Batta, presidente de la Asociación de Instituciones de Enseñanza de la Arquitectura de la República Mexicana y director de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
Dicho de otro modo, para quienes no se promueven como arquitectos, la certificación no es requerida.
Por otra parte, para aquellos arquitectos mexicanos cuyo lugar de trabajo se circunscribe a la zona centro o sur del país, y para quienes el no estar reconocidos en el extranjero es de poca trascendencia, el reconocimiento tampoco es necesario, fundamentalmente porque los costos relacionados con la distancia (de querer realizar obras en otro país) no les permitirían que la supervisión fuera rentable.
Y para aquellos que desean trabajar en el extranjero existen caminos alternos, más allá de la certificación.
"Además de ser más fácil la supervisión, algunos arquitectos mexicanos ven conveniente asociarse, ya que sus contrapartes en el extranjero conocen mejor los sistemas constructivos del lugar en el que viven", comenta Gómez-Pimienta, quien ha realizado planos lo mismo para la Universidad de Preston, que una casa en California.
Sin el acuerdo de reconocimiento mutuo, sin embargo, los arquitectos mexicanos pierden no sólo en los derechos de autoría, sino que persiste un vacío en cuanto al reconocimiento a la responsabilidad de la obra y una distorsión en cuanto a valores culturales y de identificación nacional.
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