La metamorfósis humanista

Ricardo Legorreta transformó un laboratorio en las nuevas oficinas de Derechos Humanos del DF.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
La transformación 2 - 3
El diseño arquitectónico favorece la entrada de luz natural. Sensores en el interior de los edificios encienden el alumbrado eléctirco cuando es necesario. (Foto: Ricardo Vargas) El diseño arquitectónico favorece la entrada de luz natural. Sensores en el interior de los edificios encienden el alumbrado eléctirco cuando es necesario. (Foto: Ricardo Vargas)
En una primera fase, se demolió el interior y se reconstruyó el exterior del inmueble para dar cabida a las nuevas oficinas, favoreciendo la construcción de espacios laborales y de atención ciudadana amplios e iluminados al máximo con luz natural.

"Después de remover las tuberías que atravesaban el primero y el segundo nivel, los edificios se asemejaban a un queso gruyère que hubo que rellenar", comenta Alberto Laris Pacheco, director de la constructora GA&A, empresa encargada de la remodelación.

La iluminación natural se logró gracias al uso de ventanas trapezoidales, la construcción de tragaluces y una catenaria en el edificio B.

  Por su parte, la instalación eléctrica demandó un diseño capaz de adaptar el empleo de sensores de luz, que encienden y apagan automáticamente la iluminación interior dependiendo de los grados de oscuridad y luminosidad. cndhdfsub2.jpg

A su vez, la iluminación opera con un voltaje de 277 voltios, y se utilizan focos ahorradores de energía.

Finalmente se cambiaron 133,700 metros de cable, capaces de alimentar los edificios de electricidad y servicios de voz, datos, audio y video.

Con el fin de crear espacios que garanticen la confidencialidad de las conversaciones entre las víctimas y los asesores, la estructura cuenta con mamparas acústicas que impiden la propagación de las voces.

Como parte de las instalaciones hidráulicas se instaló una planta de tratamiento de aguas residuales, utilizadas posteriormente para el riego de jardines; también se colocó una planta purificadora de agua.

"El edificio B fue el que sufrió más cambios", explica Laris, y señala que el uso previo del segundo edificio como área de producción de medicamentos requirió un trabajo minucioso y exhaustivo para lograr el cambio a espacios de oficinas, como resultado de la demolición de columnas y la recimentación, con el fin de adaptar el auditorio sin soportes y un salón de usos múltiples.

Durante los trabajos también se eliminó la compra y la instalación del equipo de aire acondicionado que representaba 50% del presupuesto y hasta 70% del consumo de energía eléctrica mensual, y en su lugar se aprovechó el uso de la ventilación cruzada.

Ésta se logra gracias a las orientaciones que tienen ambos edificios y a los más de cuatro metros y medio de altura de los entrepisos, de manera que únicamente el auditorio, el salón de quejas y la presidencia de la CDHDF cuentan con aire acondicionado.

"Por momentos se trabajó al mismo tiempo en todas estas obras", cuenta César Real López, subdirector de interiores de GA&A y encargado de supervisar la labor de unos 40 subcontratistas, y cerca de 1,000 trabajadores, que entre abril y septiembre de 2009, trabajaron para adaptar todo el inmueble.

Fue así como alrededor de 681 toneladas de cemento, 97.4 toneladas de varilla, 64,320 piezas de block, 4,230 piezas de tabique y 1,083 m3de concreto premezclado recobraron poco a poco la silueta y la imagen original del edificio.

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