Columna invitada

Cómo hacer sostenibles las microfinanzas

Las microfinancieras parecen entidades caritativas y no negocios, algo equivocado, según José Bohon; hay pasos para que estas empresas combatan la pobreza y a la vez ganen dinero.

Por: José Antonio Bohon Devars* |
Miércoles, 23 de junio de 2010 a las 06:03
El crecimiento de cada microfinanciera dependerá de sus objetivos, pero éstos se definirán por su clientela y perfil. (Foto: Jupiter Images)
El crecimiento de cada microfinanciera dependerá de sus objetivos, pero éstos se definirán por su clientela y perfil. (Foto: Jupiter Images)
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CIUDAD DE MÉXICO — El mundo enfrenta un momento clave ante diversas variables y fuerzas como las económicas, tecnológicas, socioculturales, demográficas, políticas y legales que afectan continuamente a la población.  Pese a que las barreras comerciales así como las barreras de entrada a los mercados, se han disminuido, debido a la tecnología, aún no se han creado las oportunidades para la gente pobre.

Si bien es necesario considerar las insuficiencias propias de cada país para saber qué elementos son necesarios para lograr el desarrollo, las instituciones de microfinanzas (IMF) han surgido como una repuesta para los microempresarios que requieren de un impulso para poder arrancar su negocio.

Fue el economista Muhammad Yunus, quien detectó la necesidad de crear del microcrédito, al ver cómo la pobreza se perpetuaba, ya que los pobres no tenían acceso a créditos. Esta visión de ayudar a los pobres, lo hizo merecedor del premio Nobel de la paz en el 2006.

El término microfinanzas se refiere a la provisión de servicios financieros para personas en situación de pobreza o clientes de bajos ingresos, incluyendo consumidores y autoempleados. Esto es, todas aquellas personas que carecen de comprobantes de ingresos, o que no tienen ningún bien que pueda servir como garantía de pago del crédito, o que sus ingresos son estacionales. 

Es fácil observar cómo la gente pobre o en las condiciones citadas, no puede conseguir un crédito en el sistema financiero bancario porque carece de garantías suficientes, y generalmente tienen que recurrir al usurero, que hace que al final se tenga que pagar varias veces el valor del préstamo. 

El surgimiento de las IMF hace que se pueda tener acceso a recursos que le permitan incrementar su actividad productiva. Sin embargo, este microcrédito ha sido duramente criticado por su costo, pues se llega hablar de tasas que se encuentra a nivel de las tarjetas de crédito. 

Sin hacer un análisis del mismo, y juzgando muy a la ligera este comentario sería válido, pero es importante citar los siguientes argumentos:

- Los costos de transacción: estos costos se dividen en dos, los costos para el usuario del crédito y los costos para la institución que proporciona este crédito.

Analizando el primero, la persona que adquiere el microcrédito, necesita realizar el pago del mismo de forma periódica, para lo cual es necesario que se desplace hacia donde se encuentra la IMF. Muchas veces el costo del traslado resulta tener un costo sino igual a la cuota a pagar, sí representativo. Por ejemplo una persona que debe de pagar 100 pesos por su crédito (incluido su interés), tiene que desplazarse por dos medios de transporte cuyas tarifas sumadas son de 30 pesos, esto es 30% de su pago. Si a este costo de transporte le agregamos el tiempo que pierde en ir y venir a la IMF, resulta que pierde en promedio 3 horas que podría dedicar a su actividad. Si a este tiempo le damos un valor monetario podría ser de 5 pesos, con lo que ya se incrementó el costo de esta transacción a 35. De esta manera resulta que la tasa que está cobrando la institución se ve aumentada en un 35% en cada pago. Cabe aclarar que si el monto del préstamo fuera muy grande, entonces el pago también sería muy grande y este porcentaje sería mucho menor. Pero no hay que olvidar que se trata de un microcrédito por lo que no puede tener un monto muy grande y el importe de cada cuota es similar al aquí ejemplificado. La institución busca una forma de hacer llegar el crédito a este nicho de la población por medio de los oficiales de crédito, quienes van a las comunidades y realizan la colocación de los créditos y el cobro de los mismos. En un solo viaje puede visitar a un gran número de usuarios del servicio financiero y puede ponderar el costo de ir a la comunidad entre el número de personas que visita, de tal forma que si se compara con el costo de transacción individual del usuario con los costos del oficial de crédito se logra disminuir significativamente. Los costos propios de la institución, al no ser un gran grupo financiero los tiene que soportar por medio de todos sus usuarios de créditos. De tal manera que al ser menor el número de clientes que los que tiene una institución bancaria, pues, el costo para ellos resulta mayor. También al ser menor el monto de los créditos, resulta más caro dar el seguimiento y realizar la cobranza. Una vez considerados estos puntos, que brillantemente expuso el Dr. Claudio González Vega3, ¿es realmente caro?, antes de apresurarnos a contestar una última reflexión " no hay crédito más caro que el que no se tiene"

¿Cómo desarrollar una estrategia financiera que permita la sostenibilidad de una microfinanciera?

Cada IMF tiene su propio ritmo de crecimiento, lo que es importante es que este se dé de manera ordenada y planeada.  Si una IMF crece demasiado rápido y sin planeación probablemente comience a incurrir en una serie de duplicidad de funciones, saturación de colaboradores, hasta llegar a tener problemas y ofrecer un mal servicio a sus clientes.

Si no crece la microfinanciera, se verá con costos de operación muy altos y que no le permitirán ofrecer una tasa competitiva al mercado.  Hoy en día la oferta de microfinancieras crece de manera exponencial, por lo que es necesario ser eficaces y eficientes tanto en la colocación de los créditos como en la recuperación de los mismos.  Se debe de tener un plan estratégico que permita alcanzar estos objetivos, llegar a las sostenibilidad total. 

En general las IMF pasan por tres etapas de sostenibilidad.  En un inicio operan con recursos que son aportaciones de los socios o de algún organismo estatal, sus ingresos se encuentran por debajo de los costos de operación.  Cuando empiezan a crecer, en la medida que su cartera crece, sus ingresos, básicamente por tasa de interés, se van incrementando al aumentar el número de créditos, de tal forma que comienzan a cubrir todos sus costos de operación- Esta es la primera etapa, la de sostenibilidad operativa.  Después cuando los ingresos superan los costos de operación y los costos de financiamiento, se dice que se tiene una sostenibilidad financiera.  Finalmente cuando la institución logra cubrir sus costos de operación, de financiamiento y  cubre con el rendimiento esperado del capital se habla de una sostenibilidad total.  (Ver Figura 1)

Por otro lado, es importante conocer al cliente y su perfil. Esto es, conocer  cuáles son sus datos demográficos, a qué actividad se dedica, de qué tamaño es su crédito, cuál es la antigüedad del mismo.  Pero no sólo esa información, también es importante conocer cuáles sus usos y costumbres, qué tan integrada está la comunidad donde vive, cuáles son sus valores.  De la información que se pueda obtener se podrá hacer un estudio que permita identificar las variables asociadas a la morosidad y de esta forma poder tomar decisiones estratégicas que permitan la sostenibilidad de la IMF.

Uno de los factores importantes en esta estrategia es la determinación de la tasa y ésta está asociada tanto a factores propios de la IMF (costos de operación, costos de financiamiento, rendimiento de capital), como a factores del cliente (morosidad), por lo que en la medida que se cuente con más información de ambos, mayor probabilidad de éxito tendrá la IMF.

*El autor es MBA y aspirante al Doctorado en Administración de la Universidad Anáhuac México Sur. El artículo fue revisado por  Carlos Miguel Barber Kuri.

 

 


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