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Columna invitada

Ideas a Obama para revivir la economía

Actualización laboral, reformas a la vivienda, y banca, son algunas sugerencias de Mohamed El-Erian; el CEO de PIMCO asegura que la economía estadounidense no se ha recuperado de la crisis.

Por: Mohamed El-Erian* |
Miércoles, 07 de noviembre de 2012 a las 17:49

Estimado Presidente Obama,

Felicitaciones por ganar una reñida y, a veces amarga, contienda por la Casa Blanca. En otra demostración ante el mundo de la robusta democracia de Estados Unidos, usted ha sido elegido para guiar a nuestro país a través de agitadas aguas nacionales e internacionales. Y apoyamos plenamente sus esfuerzos por mejorar el bienestar de millones de personas en este país.

La tarea que enfrenta su Gobierno dista de ser fácil. Por primera vez en mucho tiempo, nuestra nación se enfrenta a la posibilidad de ver que la generación de nuestros hijos termina peor que la de sus padres. El desempleo se ha mantenido elevado durante demasiado tiempo. Y todos los días, corre el riesgo de arraigarse profundamente en la estructura de nuestra economía. La pobreza va en aumento. Las redes de nuestra seguridad social están tirantes. Y los ingresos y la desigualdad de la riqueza han alcanzado niveles que desgarran el tejido de nuestra sociedad.

Nuestra resistencia económica parece estar disminuyendo conforme los años de subinversión en infraestructura pública agravan el impacto ya de por sí devastador de desastres naturales como la mortal tormenta ‘Sandy' de la semana pasada. Y el margen para audaces respuestas macroeconómicas es ahora muy limitado toda vez que las tasas de interés de la Reserva Federal han descendido a cero y prácticamente todos los presupuestos -federal, estatal y local- están desbordados.

Pero hay algo que nos ha distinguido durante siglos de casi todos los demás países, y que ha servido a generaciones de estadounidenses: la confianza absoluta de los ciudadanos en lo que este país ofrece en términos de oportunidades y movilidad social ascendente, y la idea correspondiente de que, con mucho trabajo duro y un poco de suerte, las personas pueden mejorar su futuro y el de sus familias.

Este singular e increíblemente poderoso motivador estadounidense peligra. Está socavado por grandes dosis de escepticismo y desilusión. Y cada vez más se enfrenta a la comprensible sospecha de que el "sistema", incluidas las instituciones de Gobierno, está en contra de los intereses de los estadounidenses comunes.

Nuestro país también está operando en un mundo cada vez más complicado. Europa enfrenta una crisis de varios años que está exponiendo a los países a algo más que la amenaza de caos económico y financiero. Esa crisis también implica riesgos existenciales para el pacífico proceso de integración del continente, un fenómeno histórico que este año fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz.

Las tensiones geopolíticas escalan de nuevo en Medio Oriente. China se desacelera. La economía mundial no ha podido adaptarse bien a la nueva fase de desarrollo de las naciones emergentes de importancia sistémica. Y en un momento en que se necesita desesperadamente la coordinación política global, nuestras instituciones multilaterales siguen padeciendo los viejos problemas de representación, legitimidad y déficit. Sólo basta con mirar el decepcionante resultado de las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial celebradas recientemente en Tokio.

En pocas palabras, el país encara desafíos desde ambos frentes, las fuerzas internas y externas. Sin embargo, nada de esto está en piloto automático. Los resultados no están predeterminados. Y usted tiene a su disposición poderosos mecanismos para controlar el destino del país, y mejorar el bienestar de las generaciones actuales y futuras.

Nunca debemos olvidar que Estados Unidos tiene incuestionablemente el potencial de superar todos estos retos. Y con ello, puede restaurar su capacidad para ejercer el apropiado poder persuasivo (soft power) en todo el mundo. También puede ser -de hecho, debería ser- un conductor para una mejor coordinación de la política global, así como proporcionar un ancla para aquellos países y comunidades que atraviesan difíciles transformaciones nacionales y regionales. Y mientras más seguro sea el vecindario global, más sólidas serán las perspectivas para Estados Unidos.

El potencial de crecimiento es realmente grande. Billones de dólares en efectivo se atesoran inactivos en los balances de las empresas en lugar de ser invertidos en nuevos equipos, instalaciones, puestos de trabajo y estrategias de negocio. Entre tanto, muchos inversionistas parecen conformarse con activos "seguros" de muy bajo rendimiento en lugar de invertir en incipientes, pequeñas y medianas empresas, incluyendo las Apple, Google, Facebook, Microsoft o Intel del mañana.

También hay un tremendo potencial en lo que concierne al empoderamiento de las empresas. Desde hace varios años, los costos de los insumos están disminuyendo rápidamente conforme se desarrollan fuentes de energía más baratas. La digitalización y los medios sociales están habilitando a las personas, las comunidades y las profesiones de múltiples maneras. Sólo piense: A través de la tecnología climática ampliamente disponible, los agricultores tienen mucha más información para un mejor calendario en la aplicación de fertilizantes y la rotación de cultivos; y a través de la información de mercado oportuna, pueden optimizar la venta y entrega de lo producido por su arduo trabajo.

No debemos tener dudas. El espíritu empresarial está vivo y sano en Estados Unidos. Sólo veamos las increíbles historias de éxito -desde Lululemon a Under Armour pasando por LinkedIn y Wildfire (y muchas otras)- en lo que ha habido un entorno macroeconómico difícil. Y, cada día, este emprendimiento sin paralelo se ve fortalecido por clústeres únicos de innovación, networking y universidades de clase mundial.

El reto para su período presidencial es permitir y proteger lo que hoy funciona muy bien en Estados Unidos, ayudar a rehabilitar lo que ha tropezado, lo que sigue luchando por levantarse, y lo que sufre cada vez más marginación.

En concreto, los sectores dinámicos no serán su dolor de cabeza. Sí, su administración puede -y debe- facilitar que lleguen aún más lejos, mediante una mayor certidumbre política, mejor intermediación del crédito y políticas de visado e inmigración más racionales. Pero, en la mayoría de circunstancias, esos sectores irán bien. El verdadero desafío radica en revitalizar la mayor parte de nuestra economía y sociedad que aún no se ha podido recuperar de la devastadora crisis financiera mundial de 2008.

Esto puede y debe hacerse. Y cuando se haga, el país recuperará tasas anuales de crecimiento del 3% o más, el desempleo caerá por debajo del 5%, la ratio empleo-población aumentará por encima de 60%, se revertirá el deterioro persistente de la proporción de la deuda pública respecto al PIB (actualmente encaminada al 100%) y habrá una mejoría en los ingresos y en la desigualdad de la riqueza. Y a través de todo ello, su administración definitivamente restituirá la vitalidad de la clase media, fortalecerá la cohesión social, y robustecerá la influencia global de Estados Unidos.

Así que, a riesgo de sonar pretencioso, por favor permítame sugerir cuatro primeras iniciativas que, coordinadas, podrían hacer una gran diferencia. Al proponerlas, me dirijo a usted como un ciudadano, un economista, un padre, y alguien que se preocupa por los sectores más vulnerables de la sociedad.

En primer lugar, para superar su mal estado y lidiar con contratiempos externos, tenemos que restaurar el flexible funcionamiento del mercado laboral. Por muchos años, dependimos en los sectores de la construcción y la vivienda, los servicios financieros y la industria minorista para la generación de puestos de trabajo. Parecía funcionar, pero sólo porque estos sectores se acercaron demasiado al territorio de la burbuja. En el proceso, perdimos de vista la importancia de distinguirnos en los segmentos competitivos a nivel internacional. Tenemos que equipar mejor a nuestros trabajadores y a los desempleados para competir en el escenario global. Esto se traduce en un esfuerzo de varios años de actualización laboral y formación profesional. La exitosa reforma del mercado laboral en Alemania a mediados de la década pasada proporciona indicadores importantes en este sentido. También debemos hacer más para adaptar nuestro enfoque educativo a fin de que preparemos mejor a nuestros jóvenes para el complejo y variable mundo que vivimos. Esto requiere de planes de estudio con visión de futuro y una mejor participación de los estudiantes. También habla de un mayor énfasis en la educación financiera y una mayor orientación global. Segundo, la vivienda y el financiamiento de la vivienda deben ser adecuadamente reformados. Sin ello, tomará años para que este sector crucial se recupere vigorosamente (y no sólo se estabilice, como ocurre actualmente). Los programas anteriores han decepcionado porque no tuvieron el valor de asumir el reto de asignar las pérdidas a los diferentes segmentos de la sociedad. Cuanto más esperemos para afrontar este reto de distribución de la carga -y cierto, es un reto complejo- más crece el peligro de las ejecuciones hipotecarias desordenadas, más se reduce la movilidad laboral, y mayores efectos negativos tendrá sobre la riqueza. Tercero, debemos crear un sistema de intermediación financiera más sólido. Hasta cierto momento, nuestros principales bancos lograron ofrecernos esto, pero luego sucumbieron al devastador encanto de la titulización endógena (la fabricación y comercialización de derivados y derivados de derivados en lugar de otorgar préstamos a la economía real). Perdieron de vista una verdad básica: su tamaño, rentabilidad y éxito no puede, y no debe separarse de su papel de servir productivamente a la economía real. Y para empeorar las cosas, las culturas del riesgo y la compensación de los bancos perdieron toda mesura. A cuatro años del inicio de la crisis financiera mundial, el sector bancario aún se enfrenta a un periodo de saneamiento y desapalancamiento que tardará varios años más. Las asociaciones bien diseñadas entre los sectores público y privado y las facilidades de crédito altamente selectivas pueden desempeñar un papel importante en el inter, sobre todo cuando se trata de la desesperada necesidad de mejorar nuestra infraestructura. Finalmente, está la cuestión fiscal. Una vez que usted elimine la amenaza inmediata del precipicio fiscal (una prioridad para su administración que, de ser manejada pobremente por el Congreso, podría sumir al país en una recesión), tenemos que encontrar el equilibrio adecuado entre profundas reformas fiscales de mediano plazo y un estímulo inmediato. Y no tengo dudas, aquí son claras la economía y las matemáticas: las reformas deben involucrar las dos caras del presupuesto, los ingresos tanto como los gastos.

Ahora es el momento de avanzar simultáneamente en estas cuatro áreas interconectadas. Sospecho que, una vez que usted muestre la voluntad para hacerlo, rápidamente se encontrará con múltiples trabajos preparatorios que ya se han hecho en estas iniciativas plurianuales.

Lo sé. Todo esto es deseable pero nada de esto es posible a menos de que el Congreso coopere con su administración. Y la experiencia de los últimos años ofrece poco consuelo a este respecto. Pero, esta es la diferencia: los estadounidenses están profundamente resentidos del Congreso disfuncional. Sabemos que esto ha retrasado la recuperación económica y la sostenibilidad financiera. Y nos avergüenza admitir ante los extranjeros que han pasado tres años desde que nuestro Congreso aprobó por última vez un presupuesto anual, y ese es, después de todo, el elemento más básico de la gobernanza económica.

Al abrirse a nuestros retos multianuales y atender el entorno global extremadamente variable, usted puede movilizar a la nación para que todos presionemos oportuna y convenientemente al Congreso para que éste coopere. Designe a un portavoz económico entre sus muchos expertos capaces quien, en su nombre, tenga la misión de ayudar a los estadounidenses a comprender mejor los indicadores económicos de alta frecuencia, ubicándolos dentro del adecuado marco económico y financiero, y brinde a la población información actualizada sobre las cuatro iniciativas (incluyendo los nombres y apellidos de aquellos que ponen sus intereses personales por encima de los del país).

Si usted hace esto, sospecho que no pasará mucho tiempo para que el Congreso recapacite, y para que la nación asuma que es el momento del cambio, de mejorar, el momento ‘sputnik'.

Llámeme ingenuo, pero estoy seguro de que todo esto es factible. Durante mis treinta años en la profesión económica, he sido testigo de cambios radicales en países con condiciones de partida mucho más desafiantes y con menos recursos humanos y físicos, y sin la inventiva y el espíritu empresarial de este país.

Se lo debemos a la generación de nuestros hijos, restaurar el dinamismo de este país. Y ahora que el pueblo estadounidense se ha expresado claramente en las urnas, sin duda podemos lograrlo bajo su liderazgo y con un Congreso más cooperativo.

Enhorabuena de nuevo por su victoria.

Deseándole mucho éxito.

Mohamed El-Erian, un ciudadano preocupado

*Mohamed El-Erian es CEO de PIMCO  

*Mohamed El-Erian es CEO de PIMCO 


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