Columna invitada

La economía mexicana, en transición

México ha sobrevivido la crisis mundial con una fuerte demanda interna, afirma José Antonio Meade; el secretario de Hacienda destaca el aumento de exportaciones no petroleras a máximos históricos.

Por: José Antonio Meade Kuribreña* |
Lunes, 26 de noviembre de 2012 a las 06:01

CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) — La conducción prudente de la política macroeconómica de los últimos años ha favorecido el crecimiento y la estabilidad de la economía mexicana. Ante el repentino choque de la crisis financiera internacional de 2008-2009, México se recuperó sin que el episodio dejara secuelas permanentes. Posteriormente, ha seguido un periodo de expansión en un ambiente interno de estabilidad.

Tras haber crecido a una tasa de 3.9% en 2011, para 2012 se espera un crecimiento de la economía mexicana de al menos 3.5%.

Este desempeño ha ocurrido en medio de un entorno externo sumamente adverso; producto de la peor crisis financiera internacional de los últimos 85 años, la cual tuvo como epicentro a nuestro principal socio comercial.

El periodo se ha caracterizado por un ritmo de crecimiento particularmente moderado en las economías industrializadas, incluyendo a los Estados Unidos, y la prevalencia de diversos riesgos que han generado periodos de estrés elevados en los mercados financieros internacionales, lo que afecta negativamente la confianza de consumidores e inversionistas a nivel mundial.

Ante tales circunstancias internacionales, la evolución positiva de la economía mexicana ha sido posible gracias a diversos factores, que incluyen:

1) Una mejoría de la competitividad del sector externo del país

2) El fortalecimiento de la demanda interna

3) La consolidación de una plataforma que promueve y guarda la estabilidad económica

Por su parte, el sector exportador mexicano ha mejorado su competitividad en años recientes, aún después del impacto negativo que implicó para nuestro país la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Se observa un crecimiento elevado de las exportaciones mexicanas a las principales regiones del mundo. De hecho, la participación de las exportaciones no petroleras de México en las importaciones de los Estados Unidos se ubica en máximos históricos.

A su vez, durante los últimos años, tanto el consumo interno como la inversión han mostrado un dinamismo elevado, compensando parcialmente la desaceleración de la economía global. El dinamismo interno ha estado sustentado por una generación vigorosa de empleos y una expansión en el financiamiento a empresas y hogares.

Así, las fuentes internas y externas han generado un patrón de crecimiento económico balanceado para el país.

Adicionalmente, el ambiente de estabilidad interno en el que se ha dado este crecimiento, así como la fortaleza de sus fundamentales, permiten anticipar que en el mediano plazo se continuará observando un desempeño favorable.

Para 2013, las expectativas, tanto del sector público como del privado, son de una tasa de crecimiento similar o superior a las de los dos años previos.

A diferencia de lo ocurrido en diversas economías desarrolladas, hoy México cuenta con un equilibrio fiscal, financiero y de cuentas externas.

En el ámbito fiscal, las finanzas públicas del país se caracterizan por una situación de solidez. Los reducidos niveles de déficit público en los últimos años han estabilizado la deuda pública en niveles moderados, generando certidumbre sobre la sostenibilidad en el corto y largo plazos de las finanzas públicas.

Cabe destacar que tanto los niveles de déficit como de deuda son menores a los observados en el promedio de los países con una calificación de crédito soberano similar a la de México.

En el sector financiero, la expansión del financiamiento al sector privado abarca tanto empresas como hogares.

En el último año y medio, el crecimiento del crédito ha sido cercano al 10% anual, sustentado por adecuados niveles de liquidez y capitalización.

Por ejemplo, el índice promedio de capitalización del sistema bancario es cercano al doble del nivel mínimo regulatorio, y pruebas de estrés realizadas por instituciones domésticas, como el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero, y externas, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, indican que el sistema se encuentra en condiciones para resistir adecuadamente choques adversos significativos.

En lo concerniente a las cuentas externas del país, prevalece una situación de orden. El déficit de la cuenta corriente es el menor registrado en décadas y está totalmente cubierto por las entradas de inversión extranjera directa.

Además, los márgenes de liquidez externa del país se encuentran también en máximos históricos. Esto como resultado de la acumulación de reservas internacionales, y de la renovación de la línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ambas fuentes representan recursos por cerca de 230 mil millones de dólares.

Otro factor importante es que el régimen de tipo de cambio flexible ha servido como mecanismo de ajuste automático ante cambios favorables y adversos del entorno externo.

Si bien la tendencia de crecimiento de la economía es positiva, es importante reconocer que el actual entorno económico internacional se caracteriza por la prevalencia de diversos riesgos que, de materializarse, representarían impactos negativos significativos.

Uno de ellos, es un recrudecimiento de la situación en Europa; donde a pesar de fuertes acciones por parte de las autoridades financieras, persiste incertidumbre relacionada a la implementación de las medidas que conduzcan a una solución definitiva. De presentarse generaría volatilidad en los mercados financieros internacionales, así como una reducción de la confianza de inversionistas y hogares a nivel global.

También existen riesgos asociados a la situación de las finanzas públicas de los Estados Unidos, ante una contracción fiscal abrupta a principios de 2013, lo que impactaría el crecimiento de esa economía. Además, la falta de un plan creíble de consolidación fiscal en el mediano plazo genera incertidumbre sobre la sostenibilidad de sus cuentas fiscales.

Finalmente, aún cuando contamos con una economía sólida y estable para incrementar permanentemente la capacidad de crecimiento de la economía mexicana, debe avanzarse en la agenda de transformaciones estructurales.

Es indispensable que en el futuro cercano avancemos en la implementación total de las reformas que han sido aprobadas recientemente por el Congreso, las cuales incluyen: la Reforma a la Ley Federal de Competencia Económica y la Ley Federal de Asociaciones Público-Privadas.

Durante los últimos seis años, se ha dado un avance significativo en materia de finanzas públicas a través de dos reformas fiscales. Estas acciones aún pueden complementarse con una mejora en la asignación de las responsabilidades fiscales entre los distintos órdenes de Gobierno.

Con vistas al futuro, la economía mexicana podría pasar a una etapa de crecimiento económico más elevado si logramos: por un lado, mantener la estabilidad macroeconómica que hemos alcanzado, y por otro la adopción de las reformas estructurales que el país requiere. Así, cumpliremos con los objetivos últimos de la política económica a la que aspiramos, que son incrementar el bienestar de la población y reducir los niveles de pobreza que nos aquejan.

*José Antonio Meade es Secretario de Hacienda y Crédito Público de México.


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