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Columna invitada

EU, más allá del precipicio fiscal

El país tiene oportunidades pese a sus problemas económicos y políticos, dice Philip Stephens; las consecuencias de un fracaso en el tema fiscal podrían no ser tan graves como se afirma, opina.

Por: Philip Stephens* |
Lunes, 10 de diciembre de 2012 a las 06:02

Financial Times — Cada vez que veo un titular prediciendo que Estados Unidos está a punto de lanzarse por un precipicio fiscal, estoy más seguro de mi convicción: China pronto podría ser la mayor economía del mundo, pero ahora es el momento para apostar por Estados Unidos.

La lucha de poderes por el déficit entre el presidente Barack Obama y la Cámara de Representantes controlada por los republicanos podría terminar mal. El acuerdo requiere que los republicanos admitan que su compromiso de ‘no alzas de impuestos jamás' no puede sobrevivir a su última derrota electoral. Obama debe aceptar que necesitará algo más que sólo exprimir a los ricos para reparar las finanzas de la nación.

Dicho esto, los riesgos y las consecuencias de un fracaso podrían haber sido exageradas. Incluso si las negociaciones colapsan, el llamado ‘secuestro automático' no significa que la economía vaya a quedar aplastada por 600,000 millones de dólares en aumentos de impuestos y recortes de gastos inmediatos.

El impacto se sentiría hasta el 2013. El golpe a la confianza en el corto plazo podría ser grave, pero la amenaza semeja más una ladera que un precipicio. Si este estancamiento persiste, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) estima que la economía podría contraerse en 0.5% el próximo año, algo que difícilmente son buenas noticias, pero respecto a los estándares europeos están muy por debajo de la catástrofe.

En cualquier caso, las probabilidades deberían favorecer por lo menos un acuerdo parcial. El otro día, se le preguntó a la oficina de Paul Ryan si el candidato a la vicepresidencia todavía se sentía atado al infame compromiso de protección al contribuyente del cabildero Grover Norquist. La respuesta cuidadosamente formulada fue que el favorito del Tea Party debía lealtad a la Constitución y a los votantes de Wisconsin. Esto suena como un progreso.

Obama tiene la ventaja. Sin un acuerdo, todos los recortes fiscales de George W. Bush expirarán, dejando a los republicanos con el oprobio de haber atacado el nivel de vida de la clase media. Por otro lado, el presidente tiene su propio incentivo para cerrar un acuerdo. La restauración de Estados Unidos es su gran ambición para su segundo periodo. Para ello, necesita un acuerdo sobre el presupuesto.

De cara al futuro, siempre y cuando Estados Unidos no siga a Europa en el contraproducente juego de la austeridad competitiva, la brecha fiscal podría ser cerrada con el paso del tiempo a través de una mezcla menos draconiana de aumentos de impuestos y recortes de gastos, junto con un crecimiento sostenido. La economía de Estados Unidos ya ha mostrado un dinamismo que es la envidia de los gobiernos europeos.

La gran razón para el optimismo es estructural y no coyuntural. A corto plazo, las tormentas han oscurecido las tendencias a largo plazo. Éstas están del lado de Estados Unidos. No hay necesidad de creer en mi palabra. Pregúntale a los chinos.

Un año atrás, el Instituto Chino para las Relaciones Internacionales Contemporáneas (CICIR, por sus siglas en inglés), con sede en Pekín, hizo una evaluación inédita de los diversos componentes del poder en Estados Unidos. El CICIR sirve a las agencias de inteligencia de China y tiene una reputación de realizar análisis sin adornos. Encontró muchos más aspectos positivos que negativos en el balance general de Estados Unidos.

Algunas de estas ventajas hablan por sí mismas. El alcance militar de Estados Unidos no conocerá rival durante décadas. Cuenta con un sistema político estable. El perfil demográfico del país es significativamente mejor que el de cualquier rival potencial. Washington se asienta en el centro del sistema de alianzas más poderoso del mundo. Sus capacidades de inteligencia son incomparables. Estados Unidos tiene enormes ventajas en capacidad tecnológica y recursos intelectuales. En todo el mundo ejerce una atracción cultural fuerte. Tiene una perspectiva global.

Los chinos identificaron algunos contrapuntos: Una economía de bajo rendimiento, una creciente deuda pública y déficit, la polarización social y la parálisis política en Washington.

Sin embargo, lo sorprendente es la naturaleza cualitativa de las ventajas y desventajas. Las ventajas son principalmente permanentes. La seguridad ofrecida por la geografía no es algo que Estados Unidos pueda perder. Lo mismo se puede decir de la abundancia de recursos naturales y la relativa resistencia contra el cambio climático. Compara esto con las debilidades identificadas. Con una porción de voluntad política, todas son más o menos manejables.

Las consecuencias de la explotación de reservas no convencionales de petróleo y gas han sido subestimadas. La más obvia, el petróleo y gas de esquisto (shale gas) reducirá la dependencia de los petrocarbonos de Medio Oriente. Con el tiempo, eso fomentará un retorno al compromiso de Estados Unidos hacia la seguridad de la región, lo que liberará recursos económicos y militares para conformar un eje de Obama hacia Asia. Países como China, que dependen fuertemente de las importaciones de energía serán mucho más vulnerables a los impactos geopolíticos.

La gran ganancia, sin embargo, proviene en forma del estímulo competitivo prometido por el gas abundante y barato. La edad de la exploración mar adentro puede dar paso a la era de la explotación en tierra. La tasa de crecimiento de Estados Unidos aumentará y el déficit por cuenta corriente se encogerá.

Los europeos ya se están quejando de que el gas barato de Estados Unidos está fomentando una fuga de las negocios enfocados en la energía a lo largo del Atlántico. ¿Cómo pueden, por ejemplo, los productores químicos europeos -que compran costoso gas ruso- competir con el acceso garantizado de sus rivales estadounidenses a materias primas a precio reducido.

Estados Unidos tiene desafíos en abundancia: grandes partes de su infraestructura están en algún punto entre la oxidación y el colapso; las reglas políticas de financiamiento y manipulación han corrompido la política de Washington; el gasto en salud se encuentra en una trayectoria insostenible.

Pero todos tienen problemas. China se enfrenta a la inmensa tarea de adaptar una estructura política autoritaria a las demandas de una creciente clase media. Europa está sumida en el desastre del euro.

Lo que es cierto es que Estados Unidos ya no puede pretender ordenar al mundo del modo en que imaginó después del fin de la guerra fría. El ascenso del resto no deja lugar a una potencia hegemónica. No estoy seguro de que eso deba ser una gran preocupación, pues un Estados Unidos autosuficiente puede estar más cómodo interpretando el papel de una superpotencia selectiva. Como ya he dicho, es tiempo de apostar por Estados Unidos.

*El autor es editor adjunto de The Financial Times


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