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Columna invitada

Peña Nieto enfrenta altas expectativas

El presidente sacará provecho a la economía mexicana y mejorará la seguridad, dice John Rathbone; sin embargo, aún falta por hacer si el Gobierno quiere que México sea el favorito de los mercados.

Por: John Paul Rathbone* |
Miércoles, 12 de diciembre de 2012 a las 06:00

Financial Times — México es ahora ‘la' economía latinoamericana. Brasil, que recientemente disfrutó de esta distinción, está fuera. Parte de este cambio es mera fantasía, Wall Street y la City de Londres tienen sus modas, como en todas partes. Sin embargo, es algo más que una tendencia pasajera.

La economía de Brasil se ha estancado. A nivel internacional, el ‘superciclo' de las materias primas podría estar agotándose. Internamente, un auge de crédito al consumo se está quedando sin vapor. Los brasileños que se apresuraron a comprar autos nuevos y ropa nueva están luchando por pagar sus deudas.

La inclinación de Brasilia hacia la intervención gubernamental no ha ayudado. Este año, la economía de Brasil se desacelerará a 1.5%. En cambio, economías más favorables hacia los negocios, pero similarmente enfocadas en las materias primas como Colombia, Chile y Perú están creciendo tres veces más rápido. Piensa en ellas como una especie de grupo de control que muestra lo que Brasil podría lograr (y ciertamente aún puede hacerlo).

Por su parte, México está ganando la batalla por las mentes y los corazones de los inversores. Después de haber sido dominado durante los últimos 10 años por la violencia y las drogas, el flujo de noticias ha sido particularmente bueno en los últimos tiempos - como se puede apreciar en el mercado de valores. Éste se encuentra en un máximo histórico, con los bancos mexicanos cotizando a tres veces su valor contable. La mayoría de los bancos latinoamericanos operan en torno a dos veces su valor (y los bancos europeos en menos de una vez). ¿Son estas cotizaciones una señal de que el enamoramiento hacia México se está convirtiendo en una burbuja, como sucedió alguna vez con Brasil?

Tal vez. Enrique Peña Nieto, el presidente entrante, ha prometido una ambiciosa serie de reformas. Éstas, dice, podrían impulsar el crecimiento al 6%. Además, los tres principales partidos políticos del país han acordado una serie de principios de reforma consagrados en un documento de 34 páginas llamado ‘Pacto por México'. El pacto encarna el prospecto de una valiosa cooperación entre los partidos. La reforma laboral, incompleta pero no menos importante, fue aprobada también en el periodo de transición de seis meses antes de que Peña Nieto asumiera el cargo.

México nunca se benefició mucho del alza en los precios de materias primas impulsada por los chinos, como lo hizo Brasil. Por lo tanto, a México le importa mucho menos si los precios de los productos básicos se suavizan a medida que la economía de China se desacelera. Por el contrario: el aumento de los salarios chinos, una de las causas de su desaceleración económica, ha ayudado a la competitividad de los fabricantes mexicanos.

Sin embargo, hay varias moscas zumbando alrededor del burrito.

La primera es Pemex. Durante su campaña, Peña Nieto llamó a un cambio radical en la empresa petrolera estatal. El Pacto por México sugiere que ha replegado su postura. En vez de hablar sobre privatización, o sobre permitir que socios internacionales exploren las aguas profundas del Golfo de México, el documento dice que la totalidad de la producción seguirá siendo propiedad del Estado (el compromiso se conoce como 'promesa 54').

Otra es la seguridad. A diferencia de su antecesor, Felipe Calderón, Peña Nieto ha cambiado la forma en que México es discutido. El país ya no es 'un problema de seguridad con una economía'. Ahora es visto como 'una economía con un problema de seguridad'. Barack Obama está en la misma página. Cuando Peña Nieto visitó Washington, el presidente estadounidense le dijo: "Vamos a ir más allá de la agenda de seguridad. Queremos dar prioridad a los temas de infraestructura, comercio, la Asociación Transpacífica, energía e inmigración".

Por supuesto, cambiar la conversación sólo es posible si los hechos están cambiando también. Y, por el momento, parece que lo están haciendo. La violencia se está reduciendo: el total de homicidios en 2012 podría ser incluso menor que en 2010. La violencia también ha dejado de expandirse geográficamente, y parece ser menos brutal. Ciudad Juárez, alguna vez sinónimo de la narco-violencia, registró 33 homicidios en octubre, menos que Chicago, con 36. Sin embargo, no está claro si se trata de un período de calma o del inicio de una nueva tendencia.

De cualquier manera, esto eleva las expectativas para Peña Nieto. Está sacando el mayor provecho a la fuerte economía mexicana y, posiblemente, mejorará la seguridad. Pero estos son activos heredados del Gobierno anterior. Eso será importante al juzgar el progreso del nuevo Gobierno.

Mientras tanto, todavía hay mucho trabajo que hacer si México realmente está decidido a encontrar -y  mantener- su encanto.

*John Paul Rathbone es editor para América Latina del Financial Times.


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