Columna invitada

UE: El espejismo de la unión bancaria

Alemania no está dispuesta a aprobar un mecanismo de rescate a bancos ajenos, dice Wolfgang Münchau; sin ello, es imposible que exista una unión bancaria real, sino solamente una simulación, opina.

Por: Wolfgang Münchau |
Martes, 18 de diciembre de 2012 a las 06:03

Financial Times — Los titulares del jueves fueron que la Unión Europea (UE) había acordado una unión bancaria; para el viernes la noticia era que la unión fiscal sería pospuesta indefinidamente. ¿Un ejemplo de una buena noticia seguida de una mala noticia?

Por supuesto que no. El principal objetivo económico de una unión bancaria es una resolución de crisis y un seguro de depósitos. El primero de los dos es claramente de naturaleza fiscal. Angela Merkel ha dejado claro que Berlín no está dispuesto a pagar por la resolución de las crisis bancarias de otros países.

En la cumbre europea de la semana pasada la canciller alemana dijo que rechazó una mutualización de la deuda y los pagos ocultos de transferencias. En otras palabras: al igual que ella rechazó una unión fiscal, también rechazará un mecanismo de resolución de crisis bancarias que haga lo que una política así se supone que debe hacer: tomar el dinero de los contribuyentes y rescatar a un banco.

Lo más que cabe esperar es un pequeño fondo de resolución de crisis, financiado por los propios bancos,  algo demasiado pequeño para que funcione realmente. Sin un mecanismo de resolución real, no puede haber una unión bancaria tampoco. Así que lo que sucedió la semana pasada fue un gran estancamiento del proceso político.

Uno puede criticar la posición de Merkel, pero no su falta de claridad. Ella ha estado enfatizando estos puntos de vista repetidamente. Espero que cualquiera que vaya a ser el canciller de Alemania después de las elecciones federales del próximo septiembre mantenga esa posición.

Lo que se acordó la semana pasada es prácticamente libre de costos, un único mecanismo de supervisión de alrededor del 1% de los bancos de la eurozona, con sede en el Banco Central Europeo (BCE). Para mantener la apariencia de progreso, los jefes de Estado y de Gobierno han pedido a la Comisión Europea que presente una propuesta para un régimen de resolución de crisis bancarias en 2013, que esté listo para 2014.

Lo que importa no es si van a alcanzar un acuerdo, sino la sustancia de ese acuerdo. Si se estudian los detalles de lo que se acordó la semana pasada, la sustancia se evapora. La estructura de supervisión común afectará tan sólo a entre 100 y 150 bancos, de un total de 6,000 -aquellos con activos de más de 30,000 millones de euros-.

El BCE puede usurpar las facultades de supervisión de los reguladores nacionales, pero las reglas del juego no son claras. Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de Finanzas, dijo cuando salió de la reunión que el BCE tendría que tener muy buenos argumentos para defender su caso. Pero no está claro cómo funcionaría en la práctica.

La división entre bancos más grandes y más pequeños ciertamente no tiene sentido económico. La historia nos dice que las crisis bancarias no suelen originarse en los bancos más grandes, sino a menudo en los bancos pequeños y de rápida expansión, como los bancos de ahorro y préstamo en Estados Unidos, o más recientemente, en las cajas españolas.

Los bancos pequeños y medianos ahora tienen un incentivo para descargar los activos en vehículos externos al balance general, o para dividirse en unidades más pequeñas, para evitar caer bajo el más duro régimen de regulación del BCE.

Los 30,000 millones de euros se convertirán en una especie de objetivo a evadir. El resultado práctico de este acuerdo será un sistema bancario de dos niveles, uno para los grandes bancos, y uno para los bancos pequeños.

Hay otra división perjudicial que corre a lo largo de las fronteras nacionales. La mayor parte de Francia estará dentro de la nueva unión, una gran parte de Alemania estará fuera. Así que en vez de una unión bancaria, tendremos exactamente lo contrario: un sistema bancario fracturado. Si apenas habrá algunos bancos alemanes en este nuevo sistema, ¿por qué deberíamos esperar que Berlín participe en un sistema de resolución de crisis bancarias?

Entonces, ¿cómo funcionará una fracturada unión bancaria de dos niveles sin un sistema eficaz de resolución? Mi opinión es que funciona a través de la contención. El BCE se ocupará de los bancos en quiebra al igual que el Eurogrupo se ha ocupando de los Estados en dificultades. Sustituirá la deuda existente con nueva deuda, e impondrá condiciones. Y al igual que la eurozona nunca permitirá que uno de sus miembros caiga en impago, el BCE nunca cerrará un banco. La resolución de las crisis bancarias se convertirá entonces en un eufemismo para referirse a exactamente lo contrario.

Así que va a tratarse de una simulación de resolución, no de una resolución real. Hay un paralelismo con el programa del BCE de transacciones monetarias directas (OMT, por sus siglas en inglés). Éste tenía la intención de proporcionar un apoyo temporal a los mercados de bonos soberanos, pero aún no ha iniciado, y es posible que nunca lo haga. Su principal objetivo era enviar una señal de que el BCE acepta el papel de comprador en última instancia; incluso si nunca compra. El papel del OMT y la unión bancaria es mantener las apariencias.

Cuando Mario Draghi, presidente del BCE, anunció el OMT, el consenso era que daría tiempo a los gobiernos para implementar cambios institucionales y en políticas. Lo que sucedió fue que el OMT ha matado cualquier apetito por una unión fiscal, y ha convertido a la unión bancaria en un fantasma.

El efecto del OMT será negativo en el largo plazo, ya que ha proporcionado a los responsables políticos una falsa sensación de seguridad. Ésa no era la intención, sino el efecto. Cuando la crisis regrese, como yo preveo, en 2013, Draghi estará solo y será responsable de los bancos en quiebra, de los estados en problemas y de una depresión en la periferia. Estoy intrigado por ver cómo resolverá eso.


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