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Columna invitada

¿Y tú qué le aportas al país?

Atribuimos el estancamiento de México a que no se han logrado reformas, dice Juan Salvador Navarro; cada uno debería actuar con ética, para lograr el éxito de naciones como Noruega.

Por: Juan Salvador Navarro Estrada* |
Lunes, 28 de enero de 2013 a las 06:00

Desde hace bastante tiempo, los mexicanos nos levantamos cada mañana con la sensación de que nuestra economía podría estar en un mejor nivel de bienestar y calidad de vida para todos, sentimiento que se fortalece cuando escuchamos recurrentemente en diversos espacios de análisis, el comentario de que somos un país con gran potencial para crecer, aseveración que siempre está presente como queriendo predecir lo que inminentemente sucederá de forma automática con el simple paso del tiempo.

¿Pero por qué se dice que somos una nación con un gran potencial para crecer? Tal vez porque la mayoría coincide en que tenemos recursos naturales extraordinarios, una posición geográfica envidiable, una industria que ha madurado y es competitiva a nivel global, porque tenemos un sistema financiero que funciona adecuadamente; o tal vez porque existe un ambiente de estabilidad macroeconómica que transmite confianza a los inversionistas, porque tenemos infraestructura carretera y portuaria que nos permite comunicarnos de forma eficiente, pero sobretodo tal vez, porque tenemos lo más importante, una población con talento y creatividad, que tiene como característica actual, que la mayoría está en edad de trabajar, es decir tenemos un extraordinario bono demográfico.

¿Sin embargo qué ha pasado que no logramos concretar todo ese potencial? Seguramente muchos responderán que es debido a que no se han logrado las reformas estructurales que el país requiere, respuesta que tiene mucho de razón ya que cualquier reforma que se aprobara, de acuerdo a especialistas, incrementaría un punto porcentual nuestro PIB.

Sin embargo, lo anterior representa una respuesta de comodidad individual, donde los ciudadanos trasladamos toda la responsabilidad a quienes ejercen una responsabilidad pública, cuando uno de los frenos que nos está impidiendo avanzar es nuestra falta de ética en muchas circunstancias cotidianas.

¿Por qué digo esto? Como afirmaba el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, muchas personas son renuentes a hablar de ética y economía, rehusándose a reconocer la correlación que existe entre ellas; o como mencionaba otro premio Nobel, Joseph Stiglitz, se ha visto al desarrollo como un problema técnico, que requiere exclusivamente soluciones técnicas, visión que ha chocado con la compleja realidad que demanda soluciones integrales donde la ética tiene un lugar fundamental.

Ejemplo de ello es Noruega,  nación que se encuentra ubicada en la primera posición del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, destacándose por ser uno de los países líderes en transparencia, su ingreso per cápita es de 47,557 dólares, la educación promedio es de 12.6 años y la esperanza de vida al nacer es de 81 años. Dichos resultados son posibles debido al fuerte compromiso con los valores éticos que son promovidos en todos los niveles de la sociedad; en ese país un corrupto sería rechazado y excluido de las redes sociales donde se desarrolla, lo anterior es un incentivo para que todos traten de conducirse en base a la ética.

¿Pero qué lugar le damos a la ética en nuestro país? Sencillamente la ignoramos en razón de la avaricia, la ambición o la conveniencia, antivalores que producen ciudadanos que corrompen o se dejan corromper, que exigen honestidad pero no la ejercen, que demandan transparencia pero se esconden en la opacidad, que reclaman un desarrollo sustentable pero dañan el medio ambiente, que gritan por el respeto a los derechos humanos pero ellos no respetan a su prójimo, que piden mayor gasto público pero evaden el pago de impuestos, que solicitan al gobierno atienda a los pobres pero ignoran a los necesitados que a su paso encuentran, que  claman buen gobierno pero ejercen una mala ciudadanía.

El Foro Económico Mundial en su reporte de competitividad señala como el principal factor que afecta hacer negocios en México a la corrupción, situación que impacta directamente a nuestra economía.

Por todo lo anterior, debemos seguir impulsando que se concreten las reformas estructurales tan necesarias para nuestra economía, pero en paralelo, dar seguimiento puntual a nuestro actuar y deber ético como individuos, que tan solo requiere una decisión personal, la cual podemos tomar hoy, pues como decía Albert Einstein, debemos procurar no ser personas con éxito, sino personas con valores.

*El autor es Presidente del Comité Técnico de Ética y Responsabilidad Social del Grupo IMEF Guadalajara jsnavarroe@gmail.com


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