Viaje a través del desierto blanco

La virginidad del hielo, el silencio profundo y un clima impredecible se mezclan en la Antártida.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
Cuidando a los pingüinos 6 - 8
Los pingüinos papua son característicos de esta zona polar. (Foto: Stock.xchng) Los pingüinos papua son característicos de esta zona polar. (Foto: Stock.xchng)
Navegando entre el estrecho de Bransfield y la península antártica, arribamos a Yankee Harbour, una pequeña bahía al suroeste de Greenwich Island. Ignacio, el líder de la expedición, como rutina, cada vez que llegábamos a algún punto, sale con dos asistentes a checar la zona y sus alrededores, para cerciorarse de que tanto el clima como el lugar se prestan para el desembarque. Esto incluye factores como la distribución de los pingüinos, porque cuidan mucho no perturbarlos ni invadir sus espacios. Para ello llevan banderillas rojas que clavan sobre el terreno para delimitar el camino a seguir por cada grupo. Por la tarde salimos a otra expedición hacia Half Moon Island, a pocas millas de la bahía anterior.

En esta isla encontramos un glaciar llamado Livingstone. Es imponente, elegante e indudable protagonista de esta hermosa vista, complementada por pingüinos barbijos y varias focas esparcidas musitando en las orillas. Aquí se encuentra la base argentina Estación Teniente Cámara, que es ocupada durante los meses de verano. Algunos curiosos visitamos la base después de una larga caminata entre suelos rocosos. Esta base tiene lo mínimo para la supervivencia: una pequeña cocina, un recibidor, una oficina postal y un lugar de asistencia médica. Aquí se encargan de la logística registrando datos de todo lo que sucede alrededor, y así preparan la llegada de científicos que vienen a investigar durante los meses de  verano.

Uno de los puntos más asombrosos en el recorrido fue el arribo al Nekko Harbour. Al momento de llegar en los Zodiacs pudimos apreciar focas leopardo siguiendo nuestro rumbo y atrayendo las miradas de todos. Estos grandes depredadores de rostro tierno provocan un impulsivo deseo de registrarlos con la cámara desde todos los ángulos posibles. Al desembarcar, una colonia inmensa de pingüinos papúa (pico rojo) nos da la bienvenida, bajando por los pequeños surcos que hacen sobre la nieve de la montaña. Finalmente subimos a la cima; no hay cosa más placentera que recostarse en la cumbre y hacer un voto de silencio tratando de capturar con los cinco sentidos la esencia de la creación.

De repente, un estrepitoso ruido a nuestro alrededor nos despierta a todos. Es la caída repentina de grandes bloques de hielo que descienden desde las alturas sobre el mar. Para bajar de ahí decidimos emprender el sendero que utilizan los pingüinos y deslizarnos por la nieve. Entre risas y juegos regresamos a los Zodiacs rumbo al barco que nos espera con una deliciosa cena ya lista.

SIGUIENTE: Navegando entre los icebergs



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