Viaje a través del desierto blanco
La virginidad del hielo, el silencio profundo y un clima impredecible se mezclan en la Antártida.
Sin duda la Antártida, el Continente Blanco, es un lugar impresionantemente bello. (Foto: Stock.xchng)
Debido a un clima absolutamente increíble y fuera de lo común para la época del año, Peter, el capitán, decidió enrumbarse más temprano de lo programado para poder ver con una mejor iluminación el canal Lemaire. Este canal es uno de los más hermosos de la región y es tal cual como Ignacio (el líder de la expedición) lo describió: un poema que puedes leer y releer sin cansarte y sin que pierda un ápice de su impresionante belleza.
Otra mañana desembarcamos en la caldera de la isla Decepción, formada por un volcán dormido. Muchos años atrás la bahía tenía instalaciones de comercio de ballenas que, afortunadamente, años después se convirtieron en bases de investigación. Entre los años 1967 y 1970 una serie de erupciones destruyeron las instalaciones dejando una desolada playa cubierta de roca volcánica, lo que la hace lucir oscura. La zona aún presenta una elevada actividad volcánica, razón por la cual divisamos al llegar a la orilla del mar un vapor elevándose producido por el calor excedente del cráter y su roca volcánica.
Este extraño paisaje, tan oscuro y dramático, fue escenario de una de las ideas más insólitas de mis compañeros de viaje: algunos de ellos decidieron darse un baño heroico en el mar gélido para luego pasar a un pequeño pozo de aguas termales que se convirtió en nuestro oasis, en donde -ahora sí- todos nos animamos a meternos. Ésta fue nuestra ceremonia de despedida. Saliendo de ahí volvimos rumbo al pasaje de Drake y a sus belicosos mares, para llegar a Ushuaia con una nostalgia anticipada para la cual ningún expedicionario de la historia pasada nos preparó. Quizás ésa sea la razón por la cual ellos decidieron volver una y otra vez a este pasaje indómito.
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