Viaje a través del desierto blanco
La virginidad del hielo, el silencio profundo y un clima impredecible se mezclan en la Antártida.
Las colonias de pingüinos son comunes en la región. (Foto: Stock.xchng)
Las formaciones hechas por los pedazos de deshielo son un atractivo natural que podemos ver en nuestro recorrido. (Foto: Stock.xchng)
Los dos días navegando sobre el Pasaje de Drake fueron relativamente tranquilos a pesar de los vientos. La segunda noche recibimos la invitación a la fiesta coctel por parte del capitán Peter Stahlberg, experto navegante en zona de hielos. Fue una noche divertida en la que pudimos conocernos y disfrutar de un ambiente de camaradería, gozando de la más deleitable cocina de nuestro reconocido chef Sean Emslie. Sin embargo, todos los huéspedes estábamos ansiosos por que llegara la mañana siguiente y arribar a nuestro primer destino: las islas Shetland del sur.
En cuanto desperté corrí la cortina de mi habitación: frente a mí, montañas de hielo, no muy altas, sembradas en el mar con diferentes formas; icebergs que emergían caprichosamente con puntas sesgadas, retorcidas, cónicas, planas, grandes y pequeñas, esculpidas sobre el mar donde el viento artesano hizo de las suyas imitando verdaderas obras de arte en hielo. Parecía otro planeta. ¿Quién me hubiera dicho que mis ojos podrían deleitarse observando este extraordinario espectáculo en el lugar más inhóspito que he visitado en mi vida?
Después de una charla acerca de lo que podríamos ver en el primer paraje y las reglas sobre cómo y qué tanto podíamos acercarnos a los animales, salimos a cubierta: allí, en el mar, estaban las ballenas jorobadas, que nos acompañaron durante buena parte del trayecto. Pasamos por King George Island y luego nos aproximamos a Penguin Island, donde desembarcamos por primera vez. Fue fascinante ver una colonia con tantos pingüinos barbijos y tantas focas que se mimetizaban con el suelo rocoso de la isla. Si uno no está del todo despierto bien puede tropezar con una foca, cosa peligrosa, ya que por instinto podrían atacarte. En cambio, los pingüinos barbijos son muy amigables y andan en grupos o parejas y parecen divertirse, jugar y hasta platicar, como si estuvieran en una tertulia o tomando baños de hielo en un centro vacacional.
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