Viaje a través del desierto blanco
La virginidad del hielo, el silencio profundo y un clima impredecible se mezclan en la Antártida.
El Faro del Fin del Mundo en Argentina es el anuncio de que estamos arribando a la zona de la Antártida. (Foto: Stock.xchng)
La Patagonia de Argentina es uno de los puntos desde donde podemos ver glaciares. (Foto: Stock.xchng)
En las primeras horas de navegación, palomas antárticas, petreles y albatros, entre otras aves de la región, sobrevuelan el barco desde cerca, como si quisieran perseguir esta maravillosa expedición. La majestuosidad del mar, infinito en apariencia, es dominada por un albatros cuyas alas extendidas alcanzan los tres metros y medio de longitud y parece sentirse el rey de los cielos antárticos. Lo veo tomar vuelo sin llegar a alcanzar mucha altura, planea y vuelve a bajar, como si percibiera que el lente de una cámara persigue todos sus movimientos.
El viento se hace cada vez más intenso y el frío se empieza a sentir, pero es difícil abandonar la cubierta porque ahí se vive la magia de lo que percibes a tu alrededor: la gélida brisa y un extraño magnetismo que te sumerge e hipnotiza, ese silencio perpetuo que a su vez toma tu alma y te detiene tratando de entender la soberanía del paisaje dibujando glaciares y montañas, los cambios cromáticos del cielo y el ruido de las olas del mar acariciando el barco.
Vamos a cenar. A la segunda copa de champaña ya nadie está muy seguro si nos encontramos en el pasaje de Drake, o si es nuestro propio movimiento al vaivén del piano que repicaba en el lounge. El Pasaje de Drake reúne imágenes hostiles, como furiosos vientos, mares asesinos, naufragios y mitos sin resolver, asociados siempre con historias de navegantes, quienes exploraban este pasaje y las islas adyacentes donde los océanos Pacífico y Atlántico juntan sus fuerzas alrededor del cabo de Hornos.
Este pasaje separa la península antártica del sur de América. Hernando de Magallanes, capitán portugués, fue uno de los primeros en cruzar este pasaje en el año 1520 en dirección al oeste. Sin embargo, quien termina con el honor de dar su nombre al pasaje es el pirata inglés Sir Francis Drake, quien cincuenta años después de Magallanes lo cruza.
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