Viaje a través del desierto blanco
La virginidad del hielo, el silencio profundo y un clima impredecible se mezclan en la Antártida.
En Paullete Island encontramos el cielo despejado. No había viento y nos topamos con una de las colonias más extensas de pingüinos adelia. Las graciosas aves nadaban dando saltitos y se apresuraban para no perder la oportunidad de ser protagonistas ante los ojos curiosos de los visitantes y sus cámaras. Son tantos que prácticamente no puedes caminar.
El suelo aquí es rosa anaranjado y despide un intenso olor causado por los desechos de los animales. Vimos muchos pingüinos bebés esperando que la madre les trajera krill como alimento. No hay descripción alguna que evoque lo que nuestros ojos pueden ver: la ternura de la madre alimentando a sus crías y luego arrojando de sus picos lo que ya consumieron y protegiéndolas de las aves depredadoras que no dejan de acechar para cumplir su función. Además, nos encontramos con grupos de focas que perezosamente permanecían inmóviles, tomando sol tendidas sobre el terreno como sirenas.
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Los glaciares de la Antártida son de colores impresionantes. (Foto: Stock.xchng)







