Un bocado de historia en San Francisco
Un puñado de restaurantes históricos se renueva e incita a a los paladares.
El Hotel Palace es uno de los más reconocidos en la ciudad. (Foto: Cortesía)
No es la primera vez que arrastro a alguien a este hotel. Ya en mi primera visita a la ciudad, a mediados de los 80, habría de obligar a mi abuela a llevarme a conocer el edificio por razones más musicales que arquitectónicas o gastronómicas. (Chiflado por la ópera, quería conocer el sitio en que un Enrico Caruso, entonces de gira en San Francisco, había preferido ponerse a entonar un aria de Carmen, a fin de probar si conservaba la potencia de su voz, que a salvar víctimas, mientras aquel temblor temible y aquel fuego fatuo devastaban el solar.)
El descubrimiento resultaría a un tiempo delicioso y decadente. Y es que, para entonces, el Palace había devenido en un lugar extraordinariamente cutre, lo cual, sin embargo, no lograba desdorar del todo el imponente fulgor de su cúpula emplomada, de sus artesonados áureos, de sus columnas estilo beaux arts.
Ahora su situación se antoja más prometedora, en virtud de una reciente remodelación. Así, anticipo ya el lujo de un Garden Court que, según mis lecturas, ha recobrado su posición como uno de los puntos de encuentro más elegantes de San Francisco y ha logrado que su menú combine tradición y un punto de osadía.
Lástima, eso sí, que no ha de ser hoy cuando lo comprobemos. Y es que, para cuando atravesamos el augusto lobby en su dirección, nuestra reservación lleva ya más de media hora de haber vencido.
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