Viaje a los fríos confines de la Tierra

Conoce las gélidas experiencias que un viajero relató a la revista Life & Style tras visitar Alaska.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
El paraíso blanco 2 - 6
lifestyle
Los contrastes, un crucero por Alaska a bordo del Silver Shadow mezcla el servicio de lujo con la naturaleza. (Foto: Jorge Garaiz) Los contrastes, un crucero por Alaska a bordo del Silver Shadow mezcla el servicio de lujo con la naturaleza. (Foto: Jorge Garaiz)
Salí a cubierta. El barco estaba vacío y en silencio.

Pude disfrutar la sensación de estar en mitad de la nada. Dos mañanas después estábamos entrando al estrecho que forma la Isla de Revillagigedo con el resto del continente. El mar, prácticamente sin olas, parecía una alberca.

La capa de nubes, que apenas permitía unos cuantos metros de visibilidad, me hizo recordar una lectura de infancia; a Asterix diciendo: "¡Por Tutatis, el cielo va a caer sobre nuestras cabezas!" Avanzamos como suspendidos hasta que a lo lejos se empezaron a dibujar unas manchas: era la costa de Alaska. 

Nuestra primera parada fue Ketchikan, un pequeño pueblo de no más de 15 mil habitantes cuyo principal atractivo son los Misty Fjords, un parque nacional que debe su nombre a la cortina de niebla que se forma a la entrada.

Detrás de ella, paredes de granito de 800 metros de altura, esculpidas por los glaciares durante miles de años, están coronadas por una densa vegetación y por altas montañas cubiertas de nieve. A mitad de uno de los canales, la columna basáltica conocida como New Eddystone Rock nos recordó la actividad volcánica en Alaska. 

Orgullosa "Capital Mundial del Salmón", Ketchikan es un sitio en el que las cañas de pescar forman parte importante del paisaje, así como los tótems que se resguardan en varios parques.

SIGUIENTE: Vagando por Alaska



Zona de comentarios
Comparte esta liga: 
Imagen Usuario
identificado como: [Salir]
Restan  caracteres