Viaje a los fríos confines de la Tierra
Conoce las gélidas experiencias que un viajero relató a la revista Life & Style tras visitar Alaska.

Kim Kendall, pescador de salmón, nunca ha salido de Alaska. Su caso está lejos de ser excepción en Sitka, su pueblo. (Foto: Jorge Garaiz)
Jorge asegura que la pesca de salmón y cangrejo son unas de las principales actividades económicas de Alaska. (Foto: Jorge Garaiz)
Caminando por el pueblo, llegué a un pequeño muelle de pescadores locales. Un bote modesto llamó mi atención. Entonces pensé que se parecía al de Popeye.
Justo cuando comenzaba a fotografiarlo, una voz a mi espalda prometió que lo pintaría el año próximo. Era su dueño: Kim Kendall, un pescador de salmón que nunca ha salido de Alaska.
Le falta la falange del pulgar de la mano izquierda; me explicó que la perdió cortando madera. Su rostro lleno de arrugas y su larga barba blanca eran un registro fiel de los rigores del invierno en estas tierras; también reflejaban una paz interna que envidié. Una vez que lo retraté frente a su barco le dije adiós.
Era tiempo de regresar al mío. Zarpamos minutos después de que llegué a cubierta; Sitka se fue desvaneciendo lentamente en la densa niebla. El camino de regreso a casa comenzaba en ese momento.
Me esperaban tres días de mimos a bordo. En ese contraste está la clave para entender por qué volvería a hacer este viaje.
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