Viaje a los fríos confines de la Tierra
Conoce las gélidas experiencias que un viajero relató a la revista Life & Style tras visitar Alaska.

El santuario de las ballenas jorobadas se localiza frente a la ciudad de Juneau. (Foto: Jorge Garaiz)
Después de 10 minutos, un chorro de agua salió del mar.
El piloto giró el bote y se dirigió hacia ese sitio. Se detuvo a 10 metros de distancia y de nuevo apagó el motor. Otro chorro de agua, ahora seguido del lomo de una ballena; la cola surgió después, quedó suspendida por un instante y luego se sumergió.
Durante la siguiente hora y media el espectáculo se repitió varias veces. Extasiados, regresamos a tierra firme sólo para volver a deslumbrarnos con la enorme pared del hielo azul del glaciar Mendenhall.
Un pequeño grupo de turistas que teníamos en primer plano dejaba en claro la escala de la formación de hielo: junto al glaciar se veían diminutos. Decidí después que una visita a la única capital estadounidense que no tiene acceso terrestre no puede considerarse completa si no incluye una comida con cangrejo gigante en el Twisted Fish Co., frente al muelle principal.
Después de comer, una cerveza en el famoso Red Dog Saloon me preparó para regresar al Silver Shadow. Juneau nos despidió con dos águilas calvas bajando a pescar frente a nosotros, justo cuando zarpábamos.
SIGUIENTE: Montañas de hielo
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