Riviera Maya, un viaje para los sentidos
Comer como los grandes y desentenderse del mundo, hazlo con ayuda del relato de Travel & Leisure.
El sazón de la península de Yucatán se fusiona con los sabores mediterraneos y los manjares del mar. (Foto: Gudinni Cortina)
Aunque el restaurante tiene unos acabados en madera para enamorarse, es mejor, y por mucho, aprovechar la tranquilidad de la playa y comer en las terrazas del restaurante El Sol. Hace calor y por la noche hay mosquitos, pero la vista es invaluable.
Una de las primeras especialidades en llegar son los chilaquiles con callo de hacha: trozos de tortilla muy delgados acomodados en torre con rodajas de callo de hacha. Lo mejor del plato es la salsa espesa, de vino blanco, frijol y cebollín fresco, con la que vienen servidos. Sólo como toque final, el plato lleva una espuma elaborada con los mismos chi
les (nada picante) que se utilizan para preparar el típico relleno negro en la comida yucateca.
Una entrada más ligera del menú es el trío de ceviches, en el que presentan versiones contemporáneas de este platillo, como el tiradito de langosta o el huachinango con lima acompañado de una ensaladita de pera con cítricos. El conjunto es una mezcla de sabores dulces con ácidos que conservan la principal propiedad del ceviche: la frescura.
Como plato fuerte, el chef se luce con su propia versión de la cochinita pibil, para la que utiliza lechones marinados durante una noche, que luego pasan por ocho horas de cocimiento. El resultado es una carne que se deshace al primer movimiento del tenedor. Su guarnición: un buñuelo de plátano macho. Una joyita. Para terminar, el chef ofrece una degustación de postres que van del helado de queso fresco al fondant criollo con chocolate blanco y amargo.
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