Pescando los placeres del mar
Conoce las maravillas de la pesca deportiva con el relato de Travel & Leisure.
El Bonito es un pez similar al atún, solamente es más pequeño y tiene sabor más concentrado. (Foto: Ilán Rabchinskey)
Que la palometa es asustadiza y se mueve mucho. El sábalo es agresivo y brinca, como un pez de rodeo. El robalo no jala lejos, pero tiene tal fuerza que los estadounidenses lo llaman el bulldog de manglar. En las siguientes cuatro horas me empleo a fondo para depurar la técnica y para que mi caña deje de ser una amenaza para cualquier distraído a bordo.
Concluida la jornada, volvemos al muelle con un buen saldo de peces invisibles, guardados en la hielera. En la noche ceno en compañía de Jorge, el gerente de la villa. Originario de la Ciudad de México, de niño pescaba con su padre, y lo que eran recuerdos de sus vacaciones de infancia se convirtieron décadas después en una forma de vida.
También me cuenta de los grupos de japoneses, ingleses, argentinos, sudafricanos y estadounidenses que visitan la zona cada año. Al día siguiente, Willbert me lleva a conocer los alrededores de la reserva: la Isla de los Pájaros, donde vemos fragatas, pelícanos, ibbys blancos y uno que otro pájaro bobo.
Después visitamos la Lagun
a Negra, habitada por manglares rojos que ni los huracanes tiran abajo; sus raíces parecen las patas de un enjambre de arácnidos marcianos y se hunden en lo más profundo. Este manglar puede vivir en agua dulce o salada, sus hojas caen al fondo y se descomponen en colores oscuros, por eso el lecho de la laguna se ve negro.
De pronto, lo único que se escucha es el ruido de las cigarras, después el canto desentonado de los mosquitos al acecho: hora de irnos.
Llegamos a un punto en la laguna donde nos rodean varios grupos de delfines. Seguimos a unos y a otros. En algunas partes el agua es tan clara que se ven estrellas de mar naranjas y rojas, también tortugas caguamas.
SIGUIENTE: El viaje de ensueño
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