Pescando los placeres del mar

Conoce las maravillas de la pesca deportiva con el relato de Travel & Leisure.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
La pesca deportiva 5 - 7
En alta mar se suele pescar y comer lo que se saca del mar, los cangrejos son uno de los animales más fáciles de obtener, según los expertos. (Foto: Ilán Rabchinskey) En alta mar se suele pescar y comer lo que se saca del mar, los cangrejos son uno de los animales más fáciles de obtener, según los expertos. (Foto: Ilán Rabchinskey)
Por la mañana despierto con el amanecer. En el comedor me ofrecen un desayuno clásico estadounidense: fruta, huevos, tocino y hot cakes. También hay cereal.

Yo con un par de huevos revueltos quedo bien. Luego me guardo en la bolsa unas uvas de playa que recolecto en el camino; son carnosas y de color púrpura, con hueso grande y sabor combinación de ciruela con tamarindo.

Esta vez mi guía de pesca se llama Wilbert, y a sus veintiséis años es uno de los más cotizados de la zona. Su esposa es dos años mayor que él y tienen un niño pequeño. 

Todo esto me lo cuenta en los trescientos metros de camino al muelle. Una vez ahí, me descubro boquiabierta frente al paisaje infinito de la laguna, con su agua cristalina, rodeada de manglares y envuelta en una extraña calma, como si el planeta se guardara la respiración por unos segundos.

Nuestro bote es una pequeña embarcación de motor, abierta y con cupo para cuatro personas: dos pescadores, un guía y su aprendiz. En este tipo de pesca, el espacio de maniobra es fundamental. 

En el bote hay un portacañas, un juego de remos, kit de primeros auxilios, chalecos salvavidas y una gran hielera. Dejamos atrás el muelle y nos hacemos al agua. Con las nubes reflejadas en la superficie, parece que en vez de navegar planeamos. Nos toma cuarenta y cinco minutos llegar al primer punto de buena pesca. Wilbert apaga el motor y nos acerca con el remo para no ahuyentar a los peces.

Lo que sigue es preparar las cañas con los señuelos... las llamadas moscas; una imitación de camarones, sardinas, cangrejos y bichos imaginarios, combinación de materiales sintéticos, plumas de avestruz, pelos de conejo y otras curiosidades. Éstos son la pieza esencial del juego. La mayoría de los pescadores fabrican sus moscas personalmente, añade.  

El reto es llevar el arte del engaño a sus últimas consecuencias. En la caja de moscas hay más de cincuenta diferentes, para utilizar según la especie de pez a la que se va a enfrentar. Lo siguiente es observar y esperar, estar atentos a captar cualquier remolino en la arena.

A bordo llevamos dos tipos de cañas: a una le llaman "de spinning" por su tipo de carrete. Es quizás menos artística, pero tanto más práctica si se trata de principiantes, como es mi caso. Con ella, parte del oficio está en dirigir el lance. Se efectúa con la caña un movimiento de atrás hacia delante y la línea sale disparada, dibuja una curva en el aire, cae al agua y se hunde junto con el señuelo.

Lo que sigue es enrollar la línea y traer hacia ti la carnada. Tirar y traer una y otra vez, hasta que un pez pique. Lanzar con la caña de fly fishing es un arte que se escribe con mayúsculas; es un juego de coordinación corporal y estrategia. Preparada tu caña, calculas la distancia a la que tirarás la mosca, siempre delante o a un lado del pez, nunca encima. 

Para esto, con la mano libre jadelfines.jpglas línea del carrete, y con la mano que sostiene la caña dibujas círculos que ponen a volar sobre tu cabeza esa mosca que amarraste al extremo de la línea.

Conforme vas extendiendo la longitud de la línea, la circunferencia dibujada se hace más grande y su roce con el aire produce un silbido hipnótico portentoso. 

Parece la práctica de una disciplina oriental milenaria sobre el agua. Mientras el barco se agita con el movimiento natural de las corrientes, el pescador mantiene un centro de equilibrio tal, que podría sostener una copa de vino sobre su coronilla.

Cuando el pescador está listo, ejecuta el lance con la caña, a lo que llaman "castear".

La mosca vuela, traza una hermosa curva y cae silenciosa al agua. La mosca se hunde, pero la línea flota, de modo que los peces no puedan verla. 

Cuando el pez descubre la mosca en el agua, es el momento de tirar de la caña y mover a capricho el señuelo, para simular los movimientos de un pez asustadizo.

Llevamos casi cuatro horas en el agua y hemos anotado en la lista del recuerdo una dotación respetable de peces pequeños capturados y liberados.

SIGUIENTE: Entre peces, anzuelos y barcos



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